martes, 30 de noviembre de 2010

Yo no compro en Cortefiel

Me estoy volviendo un tanto suspicaz. Me está resultando un tanto sospechoso que todas las denuncias, las wikifiltraciones, los documentos rimbombantes que los bien pensantes entregan al rey y al presidente, todos, coincidan en reclamar el reforzamiento de organizaciones diversas en detrimento de las organizaciones políticas.

Ahora va resultar que tó el mundo es güeno menos los políticos. Que muchos de ellos se tienen ganado a pulso el desafecto de la gente, incluso la falta de respeto de los votantes potenciales, no voy a ser yo quien lo discuta. Pero no sólo los políticos. Mucho peor y más culpable es la actitud de los poderes económicos y se están yendo de rositas.

Como soy realista no ignoro que hay cosas que puedo hacer y otras que no. No puedo saber quién ni por qué ha filtrado la documentación de Wikileaks. No puedo saber quién ni por qué ha empujado la crisis que padecemos. No puedo saber quién ni por qué se está beneficiando de la crisis. Ni quienes están detrás de eso que hemos dado en llamar “los mercados”; ni quien gestiona los ataques a las bolsas; ni por qué no se prohíben las operaciones bursátiles a corto; ni por qué no se aplica la tasa Tobin; ni por qué se presiona fiscalmente a los débiles y se es tan permisivo con los poderosos.

Además de realista soy ignorante, ya se ve. Ignoro más de lo que sé pero sé que hay muchos empresarios decentes que están con el agua al cuello tratando de nadar contra corriente y defendiendo su trabajo y el de sus empleados. Como sé que hay muchos empresarios corruptos y cómplices con la corrupción. También sé hasta dónde puedo llegar.

Por ejemplo, sé que el propietario de la empresa Forever Young, un Hinojosa de los Hinojosa de Cortefiel, ha maniobrado lo que no está escrito en los papeles para desacreditar a un trabajador que ha denunciado los chanchullos de la trama Gürtel y, de esta forma, salvar el trasero a alguno de los políticos presuntamente corruptos.

Como no soy juez, no podré intervenir en juzgar los delitos que se hayan cometido. Como no vivo en la Comunidad Valenciana, no podré dejar de votar a Camps y a sus boys. Como vivo en Madrid podré dejar de votar a doña Esperanza de las Grandes Pifias, extremo que no le afectará porque tampoco le había votado antes.

Lo que sí puedo hacer es dejar de comprar donde sé que se cobija la corrupción. En consecuencia, he decidido que nunca más voy a comprar en Cortefiel, ni que me lo regalen.

Lo mismo puedes hacer tú. Y, de paso, contárselo a otr@s. Y colgarlo en tu blog. Y en facebook. Y en twitter. Incluso poner una pancarta en el balcón.

Yo no compro en Cortefiel. ¿Y tú?

lunes, 29 de noviembre de 2010

Ensayo sobre la ceguera


Con todos los respetos para el fallecido nobel José Saramago, le tomo prestado el título de su libro en el que tan bien describe la naturaleza humana.

Los periódicos de hoy vienen llenos de elecciones catalanas: resultados, análisis, fotos de los ganadores y también de los perdedores de las elecciones. Mas, Montilla, Sánchez Camacho, Puigcercós, Herrera, Laporta… En alguna imagen se ve a don Tino con cara de circunstancias. Don Tino, que pasó por Madrid con el ojo puesto en Cataluña y que volvió a sus lares a recoger la cosecha que creía haber sembrado se ha encontrado con las manos vacías.


Don Tino, que durante meses tuvo abierto el diálogo social sin ser capaz de cerrar un solo acuerdo con los agentes sociales, ni sindicatos ni patronal, ha ido a coincidir con su fallido interlocutor en una fecha poco grata para ambos.

Don Ceoé, alias Gerardo Díaz Ferrán, aparece también hoy en los papeles después de haber sido declarado insolvente, por no liquidar sus deudas.

Los veo en las imágenes actuales y en otras de archivo y creo que a Corbacho y a Díaz Ferrán les perdió la ceguera. El primero dedicó más energías a justificar su catalanismo que su compromiso social. El segundo primó sus intereses privados y su afinidad política por encima de los intereses colectivos.

Los dioses ciegan a quienes quieren perder, dejó dicho Homero hace treinta siglos. Va a ser verdad.

domingo, 28 de noviembre de 2010

No sin mi hij@


Las ideas, como los virus, están en el ambiente y, en cuanto te descuidas, lo mismo se pone violento el virus y deja a la mitad de la plantilla en cama que la idea se pone moscona y todos hablamos de lo mismo.

Hace tiempo que tengo comprobado que hay un virus o una idea, no sé muy bien, que ataca a las madres novatas y a su entorno y que evoluciona en el síndrome “no sin mi hij@”. Lo he comprobado en personas de mi entorno y lo he corroborado leyendo algún blog de mujeres embarazadas. Hoy, abro el periódico y encuentro la columna de Elvira Lindo donde habla de esas madres dedicadas de forma absorbente a sus hijos – encimonas, las llama – más allá del cuidado amoroso y de la dedicación maternal.


Luego, entro en el blogomundo y encuentro que Pilar enhebra con el mismo hilo su post de hoy. Encimonismo, lo titula.

Como no quiero que el virus me brujulee más, este es el día de echar también mi cuarto a espadas sobre la maternidad exclusiva.


Como vivimos en un mundo mediático, donde los modelos se expanden a velocidad de vértigo a través de la prensa, la tele o internet, deduzco que esas nuevas formas de entender la maternidad han incorporado modas externas, como el “jalowin”. Y las mamás modelnas toman como ideales a Melanie Griffit – que llevó a su niña en brazos a la primera comunión –, a Madonna – que está clonándose en su hija – o a Angelina Jolie – que no sale de casa si no lleva encima algún churumbel y tras de sí al resto de su troupe -.


Pero no sólo son las mamás. Los médicos han extendido la teoría de que el niño debe mamar cuando le plazca porque para eso es el rey del mambo. Y ahí tienes a las madres concienciadas con el roro enganchado al pezón día y noche como si el concepto “organización” y el concepto “orden” fueran términos anti natura.

Debe ser que cada generación tiene su cuota de errores y se las distribuye a discreción pero lo que veo en la presente me deja un tanto confusa.

No haré ironías sobre la maternidad. Personalmente, pienso que es la experiencia más maravillosa que la vida me ha regalado. Me embaracé cuando lo creí oportuno, crié al retoño a mis pechos en la medida que dieron de sí, me embelesé viéndolo crecer, oyendo sus primeras palabras, disfruté de ese nuevo ser que iba abriéndose a la vida.

Nada de lo cual me impidió establecer un ritmo de vida, un horario de tomas y de sueño, un tiempo y un espacio para sus juegos. Nunca olvidé que el hijo, una vez roto el cordón umbilical, era un ser independiente y responsabilidad mía era que llegara a ser autónomo. Que siempre supiera que mi amor era incondicional pero que el hijo no era de mi propiedad y que la vida era suya, sólo suya.

Todas las nuevas madres que conozco dan la impresión de estar persuadidas de que ellas y sólo ellas han descubierto la maternidad; ellas las primeras en traer un hijo al mundo. Y no se te ocurra ofrecerte para echar una mano. Todo han de hacerlo ellas solitas.

Nada sin mi hij@, parecen tener por lema. El niño se convierte en su pequeño ídolo indiscutido e indiscutible. Cuando se percatan, el bebé se ha convertido en un pequeño tirano que carece de disciplina porque nadie le ha explicado que todos nos regimos por una serie de normas establecidas, que es lo que construye una sociedad.

Estamos viendo crecer una generación de niños a los que raramente se les habla de orden, de disciplina, de respeto a las normas. Y a mí esa deriva, que no es imputable exclusivamente a las madres pero que en ellas se inicia, me parece un pelín peligrosa.

No sé quién les ha vendido la moto a las mujeres jóvenes de que la maternidad es así ni tampoco tengo la fórmula para romper la inercia pero creo que deberíamos desmitificar primero y desdramatizar después la maternidad. Es un momento glorioso, sublime, pero un momento. Había vida antes y sigue habiéndola después. Los niños no vienen con instrucciones pero a los adultos se les supone el sentido común.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Calidad de vida


Hay gente, conozco a algunos, que abandonan la ciudad para asentarse en pequeños núcleos rurales buscando una vida más tranquila. En Madrid no hay calidad de vida, sostienen. Y son sinceros, sin duda.

¿Qué es calidad de vida?, me pregunto a veces. Parto de la base de que todas las personas necesitan tener cubiertas las necesidades mínimas para empezar a hacer filosofía. Primun vivere, deinde philosophari.

Semanas atrás, a media tarde del viernes, me formuló mi chico la pregunta del millón: ¿Qué hacemos?

- Lo que tú digas, respondo siempre cuando se trata de cosas así de profundas.

- Podíamos ir a ver la exposición de Renoir, propuso.

- Pues muy bien.

Y allá que nos fuimos. El museo del Prado ha traído una selección de obras del Sterling and Francine Clark Art Institute (Williamstown, Massachusetts), breve pero muy interesante para hacerse una idea sobre la obra de Pierre Auguste Renoir, pintor impresionista francés.

Tuvimos suerte porque no hubimos de hacer cola ni había mucha gente. La mayor parte de las veces, el Prado está lleno de visitantes que se agolpan junto a los cuadros más famosos y nos impiden disfrutar de los tesoros de la pinacoteca.

En esta ocasión paseamos tranquilamente entre las obras que reunieron esa pareja americana, el tal Sterling y su amada Francine. Este es el momento de decir que a mí me parece una inmoralidad que alguien puede acumular una fortuna tal que le permita comprar obras como para crear un museo de este porte o del Thyseen, pero formulada esa declaración de principios, añado que mejor que empleen lo ganado en estas cosas que en yates y minucias de esa jaez.

La exposición reúne tres o cuatro de los mejores lienzos de Renoir; la recorrimos varias veces para apreciar algún detalle, para comentar alguno otro que nos había pasado inadvertido; la disfrutamos, en suma.

Concluida esta visita, pasamos a la ampliación del Prado, en una de cuyas salas han montado una curiosa recopilación de la obra que el museo posee de Rubens siguiendo un orden estrictamente cronológico.



No es Rubens uno de mis pintores favoritos pero la exposición es interesante y está bien documentada. Lo que más me gusta es el cuadro de Las tres gracias. No por su valor intrínseco, que no lo discuto, sino porque, con arreglo a ese canon de la belleza, me siento una sílfide.

- Yo hubiera sido la reina de los mares en el barroco, le digo a mi chico.

- Tú eres la reina de los mares también ahora, responde, galante.

En vista de lo cual, le propongo ir a picar algo por el centro. Nos dirigimos paseando al mercado de San Miguel, un viejo mercado modernista recuperado in extremis y convertido en una lonja para gourmets. En los numerosos puestos se pueden comprar toda suerte de exquisiteces y consumirlas allí mismo o llevárselas a casa. Los bares proporcionan líquidos diversos con y sin alcohol.

Sólo tiene un fallo el lugar. Siempre está a rebosar. Después de haber sido salvado de la piqueta y de la ruina, acabará muriendo de éxito. Hay días que resulta difícil acceder al interior pero, si lo consigues, es imposible encontrar una mesa donde depositar un simple vaso, cuanto más un plato.

Cuando llegamos está que se sale, literalmente. Brujuleamos un poco y decidimos comprar unas ostras y unas delicatesen de Lhardy, que allí tiene puesto, y comerlas tranquilamente en casa.

Preparo la mesa con unas velitas mientras mi chico abre esa botella de cava que ocupa un sitio fijo en la nevera y nos damos un gustillo al cuerpo.

Mientras cenamos, le hago la pregunta retórica que siempre repito en momentos como éste:

- ¿Crees que Botín tiene más que nosotros?

- Más quisiera, repite mi chico, indefectiblemente.

- Esto es calidad de vida, remacho, un paseíto por el Prado y cenita con velas.

- Con velas, con ostras y con cava, puntualiza mi chico, que le ha tomado la medida a la botella y que raramente se pone piripi pero que, cuando lo hace, tiene su punto.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Machismo, no


Se conmemora hoy el Día Universal contra la Violencia Machista. Una violencia que causa más muertes que el terrorismo, a pesar de ser mucho menos denostada que éste.

Las mujeres hemos dicho y hecho ya casi todo lo que cabía decir y hacer contra el machismo y contra la violencia machista y asesina. Por poner, hemos puesto hasta las muertas.

Quizá sea llegada la hora de que hablen los hombres que tengan algo que decir.

Me gusta especialmente traer hoy aqui a mi bloguero favorito: Nacho Escolar. Si tienes tiempo, no te lo pierdas.

Y ya puesta, traigo tambien un enlace al número especial que ha sacado el periódico 20 Minutos, cuyo director es el padre de Nacho, Arsenio Escolar. De raza le viene al galgo.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Cervantes-a



En el marasmo general que nos rodea, hoy tenemos una buena noticia: Ana María Matute ha sido premiada con el Cervantes.

El premio Cervantes se creó en 1976 con la intención de distinguir a los autores que escriben en lengua castellana. Lo concede el Ministerio de Cultura, a propuesta de las Academias de la Lengua de los países de habla hispana. Siguiendo una norma tácita, cada año viene premiándose, ora a un autor español, ora a uno hispano.


Y en este caso el masculino no engloba un término genérico sino que expresa cabalmente lo que ha venido sucediendo. De sus 35 ediciones 32 veces se premió a un escritor y en tres ocasiones, incluida la presente, a escritoras: la española María Zambrano, en 1988, la cubana Dulce María Loynaz, en 1992,- ambas ya fallecidas, en 1991 y 1997, respectivamente - y Ana María Matute, en 2010.



Ana María Matute
, que lo recibe a los 85 años, es digna de la distinción que se le ha concedido. Como tantas otras mujeres no premiadas. Es la buena noticia de un día tan escaso en buenas nuevas.

martes, 23 de noviembre de 2010

Dos porros virtuales

Me he fumado dos porros en mi vida. Y con esto no quiero presumir de virtuosa. No, no me gusta ningún tipo de droga, me van más los estimulantes naturales que los artificiales pero en el caso del canuto es que me da modorra; me pasa también con el alcohol, que en cuanto me llega al nivel me convierto en piedra.

Bueno, pues esos dos porros, que me fumé hace más de 40 años, debieron de ser de clase A+ porque los efectos aún me duran. También puede ser que mi cerebro venga de serie con un porro dedicado a fabricar dopamina por un tubo.

La dopamina, uno de los ingredientes del canabis, es una sustancia que, entre otras virtudes, funciona como mecanismo de compensación para hacer más llevadera la vida. Para señalar un ejemplo, ayuda a archivar los malos recuerdos y a sustituirlos por otros más placenteros.

¿Qué tuviste un accidente de moto que a poco te deja descangayada y que te produce urticaria cada vez que oyes un BRRRRRRR? Pues la dopamina empieza a mandar mensajes al disco duro a la manera de corta y pega de forma que donde antes ponía BRRRRR ahora aparezca una Harley-Davidson con un tío despampanante en plan sugerente de te llevo adonde quieras, nena.

A mi, insisto, la dopamina es de lo que mejor me funciona en este cuerpo serrano. Porque no sólo es que el corta y pega sea casi instantáneo, es que me lo borra definitivamente de la papelera de reciclaje. Será porque en algún momento está o estuvo saturada.

Quiero decir que yo, cuando alguien quiere darme un disgusto no lo cojo, porque, total, ¿Para qué? Pero que si insisten, da lo mismo, la dopamina hace que se me olvide en un pis pas. Hasta tal punto, que hay personajes de mi biografía que han desaparecido totalmente. Y cuando digo totalmente, quiero decir del todo.

Estas cosas sólo puedo comentarlas tranquilamente con mi amiga Mamen sin parecer una tontalhaba o una irresponsable. Con ella, porque tiene en la cabeza un dopaminazo mayor aún que el mío.

Hace algunos meses, me llama con voz de susto:

- Oye, como se llamaba Polín?

- ¿Cómo va a llamarse? Polín, respondo yo.

- No, su nombre de verdad.

Polín fue marido de Mamen entre los años 1974 y 1989. Era un tipo feo pero muy atractivo, irresponsable pero muy dinámico – tenía en la cabeza una fábrica de ideas, algunas descabelladas, pero todas originales - y, sobre todo, era muy divertido. Con él tenías garantizada la diversión. Te entretenía, te cautivaba. A Mamen la tenía en un puro embeleso. Era un seductor.

Lo que no tenía muy claro Polín eran los límites de su poder de seducción. Así que si se le ponía una chica a tiro y se mostraba receptiva, él se lanzaba como un misil. Y la chica, por lo general, caía arrobada. Mamen lo sabía y sabía que la cosa no llegaba a mayores. Le gusta jugar a don Juan, decía.

No llegaba, hasta que llegó. Un día, alguien le fue con el cuento de que Polín tenía un asunto con una chica que, para más detalles, hacía gala de su poder de convocatoria. Mamen se fue al lugar que le dijeron y allí que pilló a ambos, en situación desairada. Volvió a casa, cogió las maletas, metió las cosas del pollo, las dejó en la puerta y cuando Polín volvió le dijo:

- Ahora mismo te vas de esta casa y mañana, las cosas a mi nombre.

Al día siguiente, ambos dos fueron al notario, pusieron las cosas de valor – que estaba pagando Mamen porque era la que tenía un trabajo bien remunerado, mientras el conquistador se dedicaba al diseño creativo – a nombre de ella.

Tardaron en iniciar los trámites de divorcio, creo que porque ninguno de los dos tenía prisa en empezar otra relación. En el ínterin, Polín hizo como unos 3.456 intentos de volver con Mamen, con resultado negativo en todas las ocasiones. De vez en cuando salían a tomar una copa, reuniones que fueron espaciándose con el tiempo.

Cuando ella se negaba a atenderle, él pedía ayuda a los amigos. Ni recuerdo la de veces que me llamó para pedir que quedara con mi amiga en algún lugar al que él se presentaría, como por casualidad. Algunas veces me presté al juego, advirtiendo a Mamen del truco. Pero ella había dado el asunto por zanjado y, pasado un tiempo, conoció a su Charli y empezó los trámites de divorcio. De eso, hace unos 15 años.

Y ahí me tienes a mí tratando de acordarme del nombre legal de Polín.

- Pues ahora mismo no me acuerdo si Juan Pablo o José Pablo, ¿no?, respondo.

- Ay, es verdad, José Pablo, me dice y cuelga.

Llama un rato después.

- Te creerás que estoy gagá del todo pero estaba hablando con una compañera sobre las parejas que hemos tenido y, cuando me ha preguntado cómo se llamaba mi ex, me he dado cuenta de que no me acordaba. Ha debido de creerse que soy una desalmada o que estoy tonta o las dos cosas.

Entenderás por qué puedo hablar con Mamen de mi exceso de dopamina con toda tranquilidad porque sé que me entiende.

No es que haya olvidado el nombre del ex, no, de eso me acuerdo, de quien no me acuerdo es de él mismo. Lo cual no tendría demasiada importancia, después de tantos años de la separación, a no ser porque es el padre del Heredero y el Heredero está preparando su boda.

- ¿Qué piensa tu padre de todo esto?, le pregunté al novio la última vez que hablé con él.

- Él no tiene por qué pensar nada, respondió el Heredero muy digno, es asunto mío y de la Miss.

Por el tonillo de la respuesta me dio el tufo de que la relación de ambos, padre e hijo, no goza de buena salud pero no quise preguntar más ni el chico añadió palabra.
No quedaba más remedio que sondear a Mamen, que es un pozo de sabiduría en materia familiar.

- No te lo vas a creer, le digo, pero se me había olvidado la existencia del ex y habrá que tenerlo en cuenta para la boda.

- Yo sí te creo, responde, porque a mí también se me había olvidado pero estamos de suerte. Me ha dicho la Miss que el ex ha emigrado. Lleva dos años viviendo en Costa Rica, como funcionario de no se qué organismo internacional, con una titi de buen ver y mejores posibles.

- Pero los emigrantes no están impedidos de asistir a la boda de sus hijos, digo yo.

- Los emigrantes en general es posible que no, pero este emigrante en particular, creo que no ha dado muestras de estar interesado, me cuenta.

- Algo no me encaja en esta historia, si siempre han sido uña y carne padre e hijo, comento.

- Eso era antes, ahora no se ven desde que él emigró. Es más, los chicos han estado por allí cerca y tampoco han hecho ademán de verse ni uno ni otros. Me ha dicho la Miss que el padre está en plan padre irresponsable con novia joven. Y que pasa del Heredero.

No quiero añadir que ese, el de irresponsable, es el único plan que yo le conozco y que todas las novias que ha tenido toda su vida han sido jóvenes, incluida yo misma, en su momento. Tampoco quiero recordar que, como tantos padres y madres que se divorcian, ha utilizado a su hijo de punta de lanza contra la otra parte sin percatarse del daño que con esa táctica se hace a sí mismo y al hijo, que no tiene culpa alguna en las desavenencias conyugales. En primer lugar, porque lo que yo pueda decir ya lo sabe Mamen y en segundo lugar porque total, ¿para qué vas a remover aguas pasadas?

- Así que enemigo que huye, puente de plata, concluye Mamen. Nos ha dejado el camino libre para hacer de nuestra capa un sayo para organizar la boda.

Será por la dopamina o por otro motivo, pero Mamen tiene una cierta propensión a ver el lado bueno de las cosas. Me encanta.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Las revoluciones pendientes


Pertenezco a la especie de personas que al leer el periódico se saltan las páginas de deportes. No practico ninguno, ni entiendo, ni me interesan. Carezco de espíritu competitivo y me cuesta entender qué es lo que impulsa a algunos hombres a subir el Tourmalet en bici y calzón corto pudiendo subir en coche; tampoco le he cogido al punto al espectáculo de ver a 11 individuos también en calzón corto tratando de meter un balón entre los palos de una portería, mientras otros 11 colegas tratan de impedirlo como si en ello les fuera la vida.

Por añadidura, entiendo menos aún que por hacer tamaña tontada los futbolistas cobren una fortuna y ni te cuento lo que me parece que haya quien esté dispuesto a pagarla. Son misterios insondables para mi pobre intelecto.


Aclaro lo anterior para explicar que cuando ví la película “Buscando a Eric” me sorprendió descubrir que el tal Eric era Cantona, un futbolista con fama de guarro y broncas.

La película, sin embargo, descubría a una persona con cierta inquietud social. Me gustó aunque eso tiene menos mérito porque así como no me gustan los deportes, me gusta el cine. Lo que me echen.

Eso significa que ahora tengo localizado al tal Cantona y no me ha sorprendido conocer su llamamiento a la revolución pendiente.


La revolución pendiente es un concepto que tiene por aquí una explicación complicada porque eso es lo que llevan reclamando durante décadas los chicos de Falange (de soltera FET y de las JONS). Pero cada vez está más claro que alguna revolución nos vendría bien, digo yo.

Pero quien lo ha dicho meridianamente claro es Cantona. Que si la culpa de la crisis la tienen los bancos no es lógico que la paguen los contribuyentes pero como no es cosa de liarse a tiros – que al final siempre acaban muriendo los mismos, como bien certificó Napoleón, añado por mi parte – mejor es utilizar una estrategia no belicosa.

"Si todas esas personas que salen con pancartas a la calle retiraran su dinero de los bancos, se produciría un colapso. Eso sí sería una gran revolución", ha declarado.

Seguidamente, ha convocado a una retirada general del dinero que cada cual tenga en su entidad bancaria el próximo 7 de diciembre. No sé si la convocatoria tendrá éxito o no pero no me digas que la propuesta no es buena.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Convención de los derechos de los niños



Hoy se conmemoran los 21 años de aprobación de la Convención de los derechos del Niño, un tratado de las Naciones Unidas y la primera ley jurídicamente vinculante sobre los derechos de los niños. Una especie de tablas de la ley que obliga a todos los estados que la han suscrito, España entre ellos.

Vamos todos con demasiada prisa pero hoy acaso sea un buen dia para hacer una pausa y pensar cómo estamos educando a nuestros niños, qué principios y valores estamos inculcándolos, para qué mundo estamos preparándoles.

Ya puestos, quizá sea oportuno hacerles ver a ellos cuán privilegiados son por tener cuanto tienen sin haber hecho mayores méritos que esos otros niños que carecen incluso de lo que a ellos les sobra.

Y, finalmente, en días como hoy me pregunto qué estamos haciendo los adultos que consentimos que, en este país nuestro que ha corrido a salvar a los bancos de sus miserias, casi dos millones de niños estén en riesgo de pobreza. Que seguimos consintiendo que miles de niñas sufran la ablación.

Me lo pregunto, tal día como hoy.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Excepcionalmente normal



Me gusta la fotografía. Tengo el dedo fácil pero sé valorar una buena foto. Acudo a ver las exposiciones cuando me es posible.

Hétenos, pues, a mi chico y a mí en el Instituto Cervantes de Madrid donde se muestra una exposición de fotografías de alguien que es famoso por otra dedicación: Antonio Banderas.


Vaya por delante que se trata de una muestra breve, un puñado de fotos sobre fondo negro. Son fotografías efectistas, colores brillantes, temas del folklore typical español. Secretos sobre negro, la ha titulado.

En la sala del Cervantes de la calle Alcalá se agolpa un público más propio de inauguraciones y canapés. Mujeres de edad que comentan anécdotas de la vida de Antonio Banderas, el actor de éxito internacional, el marido de Melanie Griffith.

- Esta es la demostración de que, cuando uno triunfa por todo lo alto, puede hacer lo que quiera, le comento a mi chico.

- No está mal, dice él.

Esta semana, la revista Hola publica un reportaje sobre el actor en el que éste se expresa con una sencillez y humildad que le engrandecen a mis ojos.


“Soy un fotógrafo aficionado, y como tal presento la exposición. Pero disfruté mucho, me divertí. Tenía mucho que ver con la dirección cinematográfica de lo que yo pensaba. Podía plantear realidades teatrales, como contar historias”, declara a la revista del colorín.

Un fotógrafo aficionado. Cualquiera otro, con menos méritos y experiencia profesional que él, seguramente, habría reclamado para sí la consagración también en este apartado. Eso es lo que diferencia a las personas grandes de los simplemente presuntuosos.

Vuelvo a ver la exposición y me gusta más. Es el trabajo de un hombre que ama lo que hace, cualquier cosa que haga, y se divierte haciéndolo. En la página web del Instituto Cervantes encuentro una entrevista con Banderas en la que se muestra con la misma sencillez. Con la naturalidad de alguien excepcionalmente normal.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Fenómeno ¿popular?

Vivimos tiempos de bombardeo mediático. Todo en derredor nuestro nos incita a saber qué sucede, nos sirve en bandeja información, información, información. Periódicos, televisión, radio, internet, facebook, twitter nos vocean permanentemente.

¿Qué cosas nos dicen esas voces? Dos o tres mensajes de valor, pero la mayoría, simplezas. Hace tiempo que he desistido de ver televisión, excepto algunas películas y muy pocas series. Ya, ni veo los reportajes de animales de la 2, empeñados en “humanizar” a las fieras, con nombres ridículos para explicar comportamientos instintivos con modelos humanos.

Me dedico a otras cosas, probablemente igual de intrascendentes, trato nada más de protegerme del proceso de estupidización que nos amenaza. Mi propósito no siempre tiene éxito. A poco que te descuides y zapees te encuentras cada ejemplar que asusta.

Sabido es mi repelús por personajes como Belén Esteban, una pobre mujer, semianalfabeta, grosera, zafia, mal educada, cuyo único mérito conocido es haberse embarazado de un torero de sus mismas características, además de modelo de machista convencido.

Una cadena de televisión ha convertido a esta mujer en icono mediático a fuerza de repetir sus frases, sus tics, sus gritos hasta hacer de ella un fenómeno sociológico. Un fenómeno muy rentable para la cadena, por cierto.

Conozco a personas muy sensatas que discuten apasionadamente sobre la representatividad de la Esteban, su identificación popular. Personas que explican desde una base filosófica su validez como modelo de esta época.

Me niego. Me niego a creer que esa pobre mujer, juguete roto a no tardar, represente otra cosa que a ella misma y a una forma de entender la televisión como bazofia. No es casual que la cadena que la patrocina sea propiedad de Berlusconi, ese modelo de finura ética, política e intelectual.

Josep Ramoneda, periodista, filósofo y escritor, publica hoy en El País un artículo que explica bien el fenômeno. Ojo, advierte, el proceso no es inocente. No puedo estar más de acuerdo.

Alicia Sánchez Camacho también dispara


El sábado pasado colgué un comentario recordando a Lucrecia Pérez. Lo hacía rememorando los tristes días de su asesinato y señalando las similitudes entre aquella culpabilización general de los inmigrantes y la radicalización del discurso del Partido Popular actual, que apunta a los inmigrantes como culpables de los males que padece Cataluña. Alicia Sánchez Camacho apunta a Lucrecia Pérez, titulé el post.

Dos días después, leo que el PP de Cataluña ha lanzado un video juego en el que la candidata emula a Lara Croft y simula eliminar inmigrantes.

Ante las primeras críticas, el partido ha retirado el juego y ha atribuido la agresividad a un supuesto error de la empresa fabricante.

¿Es posible que nadie en el PP se percate del riesgo de este tipo de discursos que apela a los peores instintos? ¿Es posible que nadie en el PP se atreva a decir basta? Basta a tanta falta de respeto a los ciudadanos, al sentido común, al concepto profundo de la democracia.

He hablado sobre este asunto con algunas mujeres inmigrantes. Una de ellas, con negro sentido del humor, comenta.

- Aún tendremos que dar gracias de que la eliminación de los inmigrantes sea virtual.

Otra, más realista, le responde:

- De momento.

lunes, 15 de noviembre de 2010

¿Por qué Almudena Grandes no es académica de la lengua?


El feminismo es la historia de una larga lucha para conquistar los derechos de ciudadanía que les eran negados a las mujeres. Una lucha por la igualdad en la que las mujeres feministas han unido sus fuerzas a quienes reclamaban la abolición de la esclavitud o el reconocimiento de los derechos sociales a los negros.

Personalmente, me declaro heredera y beneficiara de aquella lucha, orgullosa de ser feminista y de la aportación, por pequeña que sea, que haya podido hacer a la defensa de la igualdad legal y real de las personas.

Hago esta declaración de principios porque hay muchas mujeres jóvenes que consideran el feminismo algo superado, una extravagancia de cuatro locas mal peinadas y peor encaradas que se dedicaban a esas cosas porque no tenían nada mejor que hacer, ni perrito que les ladrara.

Observo, cada día con más frecuencia, que mujeres jóvenes, inteligentes y razonables sostienen que la igualdad ya está conseguida y sobran teorías al respecto.

Mi opinión es que queda mucho camino por recorrer y que ese camino ha de hacerse conjuntamente, mujeres y hombres, o no se recorrerá nunca. Porque mientras las mujeres hacemos los deberes hay muchos hombres que se dedican a la vida contemplativa.

Valga el prefacio antes de decir que he terminado el último libro de Almudena Grandes: Inés y la alegría.


Un gran libro, a mi manera de ver, en el que la autora revela un episodio de la posguerra prácticamente desconocido por la mayoría de los españoles – la invasión del Valle de Arán por una partida de comunistas - y, alrededor de este hecho, novela la vida cotidiana de un grupo de republicanos españoles en el sur de Francia. La escritora mezcla hechos y personajes reales e imaginados para conseguir una novela muy entretenida y bien escrita.

No es su debut. Almudena Grandes es autora de una docena de novelas que igualan a sus éxitos. Varias de estas obras han sido adaptadas al cine y algunas han sido traducidas a otros idiomas.

Bueno, pues me gustaría que alguien me explicara por qué razón Almudena Grandes no está en la Real Academia de la Lengua, donde si están, en cambio, colegas suyos como Arturo Pérez Reverte, Javier Marías o Luis Mateo Díez por señalar sólo tres de los 46 académicos de número, cuyo valor no discuto.

Simplemente me gustaría saber qué méritos tienen ellos que no tenga Almudena Grandes.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Alicia Sánchez Camacho apunta a Lucrecia Pérez

Se cumplen hoy 18 años de la muerte de Lucrecia Pérez. Una fecha aciaga en la historia de la inmigración y en la de España.

Era un momento convulso. España, con una larga tradición como país emigrante, empezaba a recibir la primera oleada de inmigrantes. Cientos de mujeres dominicanas venían a emplearse como domésticas, niñeras, cuidadoras de mayores. Llegaban, principalmente, huyendo de la miseria.

A las familias españolas les venía bien aquella mano de obra dócil, a la que se pagaba poco y casi siempre en negro, sin derechos sociales. Les venía bien pero no quería verlas. Les molestaba que se reunieran. Quería una mano de obra barata e invisible, sin derechos.

Los bien pensantes, los guardianes de las esencias patrias iniciaron una campaña contra los inmigrantes, reunieron munición y fueron repartiendo armas sin dejar de señalar el objetivo. Una panda de insensatos disparó al bulto. Y mató a una mujer pobre, inmigrante y negra. Lucrecia Pérez Matos.

Los instigadores enmudecieron repentinamente. Tras el crimen nadie entonó la mínima contrición. Se persuadieron de que había sido un accidente.

Fue un aldabonazo a la sociedad española. Miles de personas salimos a manifestarnos en las calles de toda España para gritar que cesara el acoso a los inmigrantes. “Si hoy hay racismo, mañana habrá fascismo”, era uno de los eslóganes más coreados.

Porque la amenaza de la xenofobia no se dirige sólo a los otros, infecta en primer lugar a la sociedad en la que anida y a quienes alientan el recelo hacia el diferente.

El PP, autoerigido en defensor de las esencias nacionales, siempre ha mantenido una actitud recelosa hacia la inmigración. Lo cual no le impidió aprovechar esta mano de obra barata en momentos de vacas gordas. Como no le impidió mantener una bolsa de más de un millón de trabajadores ilegales. Mejor, debían de pensar estos benefactores de la patria, pagados en negro salen más baratos.

En estos años de bonanza, los inmigrantes han realizado los trabajos que los nacionales desechaban, han cobrado los salarios más bajos, han cotizado y han pagado sus impuestos. Se han hecho acreedores de unos derechos que la ley les reconoce.

De pronto, las cosas han cambiado. Ya no somos ricos, como habíamos creído. El paro ha crecido como la espuma. Los inmigrantes se han convertido en culpables. Culpables del paro, de la delincuencia, de los males de la patria.

Pues que se vayan los inmigrantes, que habían venido para trabajar. Mala gente, los pobres. Peores si son extranjeros, sostienen los bien pensantes. Que se vayan si no trabajan, proponen sin recato los populares.

Dicen eso los mismos que se preocupan poco del cumplimiento de la ley. Que no reclaman sanción con la misma vehemencia para quienes defraudan al fisco, para quienes evaden capitales, para quienes se declaran insolventes mientras se pasean en coches de lujo y se desplazan en avión privado. La ley, para los pobres, por tontos.

En los últimos meses, la candidata del PP en las elecciones catalanas, Alicia Sánchez Camacho, se dedica a caldear el ambiente contra los inmigrantes. Se empieza identificándolos con delincuencia, se sigue encizañando a los vecinos y se continúa apuntando a la diana. No es preciso disparar, siempre hay un voluntario que se presta.

Miedo me da verla. Tan sonriente, tan segura, tan cruel, tan insensata. Si hoy hay racismo, mañana habrá fascismo. Cuando habla de los riesgos de la inmigración percibo cómo toma el arma, cómo se la carga al hombro, como apunta…

Lo saben, saben perfectamente lo que hacen. Tienen práctica, experiencia es lo que les sobra a los salvapatrias.

Los veo en la campaña electoral catalana y me acuerdo de Lucrecia Pérez. Alicia Sánchez-Camacho la tiene en el punto de mira, la apunta, tan sonriente y segura. No hay cuidado, ella no va a disparar, de eso se encargarán otros. Ella, y los suyos, sólo apuntan… Pobre, inmigrante, negra Lucrecia.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Otoño


El otoño extiende su hermosura tanto en tierra como en la mar. En pocos instantes como éste se hace evidente la dificultad de hallar nombres para definir los colores con que la naturaleza nos regala la vista.

Cuando las nubes tiñen de rojo el perfil de los pueblos.


Hasta la ciudad llega el aroma inconfundible de las hojas de los olmos, mientras los más viejos del lugar comparten memoria y confidencias en el paseo de la Isla de Burgos.


Ah, quién fuera pintor para trasladar al lienzo lo que la memoria trata de fijar indeleblemente. Quién pudiera dominar la paleta que nos regala la ribera del Júcar a su paso por Cuenca.




O la de Sierra de esta provincia, donde la luz se detiene unos instantes a jugar con los árboles, con el agua del riachuelo.



La luz que bucea en la mar, sorprendida por el castillo de Sancti Petri – los restos de la Atlántida, dice la leyenda.


Donde se acuesta el sol mientras las cometas vuelan al infinito.

Es otoño, cuando las flores lucen sus últimas galas en los jardines de La Granja.


Es otoño porque las moras estallan esplendorosas en los bosques de Valsaín.


Y las macucas engordan, rojas y aparentes, en la Ciudad Encantada.


Es otoño cuando las pacas de paja se apiñan en la meseta castellana.


Y las tierras se cubren de cenizas doradas en torno a los palomares.


Y las nubes pasan revista a las tierras cerealistas de la Alcarria.




Que hasta los ciervos de Riofrío se paran un momento, sorprendidos, a mirar el paso del hermano bípedo, aunque se mueva a lomos de la máquina rodante.




Los ríos recargan sus acuíferos en el nacimiento del Río Cuervo, bajo la protección de bosques centenarios.





Las aguas del lago de Sanabria se remansan plácidamente, recuperado el sosiego tras el ajetreo estival.


Y el sol reververa sobre las aguas del mar y lame la orilla ora en Tarifa, ora en Tánger.


Y el viento agita los brazos de los gigantes, convertidos en molinos que dan luz por arte de algún mago quijotesco.


Es el otoño que llega, que extiende sus aromas, sus colores. Que pasa. Como la vida.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Confesiones a media voz

Estaba yo buscando un momento adecuado para tener una charla con la Miss cuando me llama mi amiga Mamen que, últimamente anda parrandera y acaba de volver de Viena.

- ¿Te viene bien que comamos juntas?

- Muy bien.

- ¿Llamamos a la niña?

- Vale.

Mi intención era tener un parlez-vous prototípico suegra-nuera, pero mejor si está Mamen, que tiende a suavizar.

Quedamos en Riofrío, en pleno corazón de la zona nacional-pija.

- Que vea la Miss que estamos a su altura, dice Mamen.

- ¿Para qué queremos nosotras estar a su altura?, respondo.

- Para que se confíe. ¿Tú no has oído hablar del caballo de Troya?

- Anda, déjalo que me lío, le digo.

Llegamos nosotras antes y tomamos posición en una mesa del bistrot desde la que se ve la plaza de Colón y la calle Génova enteritas.

- La niña está un poco tierna, empieza Mamen, aunque no sé cómo ha prosperado con la madre que Dios le ha dado. Así que tenemos que aleccionarla para que entienda al niño.

- Vamos a ver, Mamen, que la Miss y su mamá sean como quieran, allá ellas. Y al Heredero hace tiempo que no le cuadra el apelativo de niño, a ver si te vas acostumbrando a la idea. Yo más bien quería aleccionarla por si no sabía bien dónde se va a meter.

- Tú ponte estupenda y verás cómo no casamos al chico, me riñe.

- Pues prefiero que no se case a que la pobre Miss vaya engañada.

- A ti, ¿Que más te da si ella va contenta?

- Vale, tú haz lo que te parezca y déjame que yo haga lo que quiera, zanjo la cuestión.

- Si te pones fundamentalista no vamos a ninguna parte.

En esas andamos cuando llega la Miss, que es de las que se acompañan de trompetería. Hoy, se nos ha puesto unas botas de mosquetero con una mini de cuero del tamaño de un cinturón no muy grande y un blusón por encima. Viene con un gorrito y gafas superfashion. Naturalmente, todo el aforo está pendiente de sus taconazos con los que va marcando el compás. Se la ve pletórica.

- ¡Qué guapas estáis las dos!, saluda, tan cumplida como siempre.

- Tú sí que estás guapa, ataja, rápida, Mamen.

- Y encima, de serie, pienso yo.

Dos camareros empiezan a brujulear alrededor de nuestra mesa. Finalmente, pedimos pastel de berenjenas y gambas a la muselina de salsa de tomate (Mamen), huevos rotos con chanquetes (yo) y raviolis de pasta fresca rellenos de foie con salsa de quesos (la Miss). De postre, la sección de veteranas pedimos sorbetes de limón, y la joven copa Riofrío: flan, helados, nata, barquillos y sirope.

- ¿Tú donde metes lo que comes?, pregunto, porque ando muy sensible con el tema dietético y los volúmenes corporales.

- Debe de ser que quemo muchas calorías, explica, porque siempre tengo hambre.
Mamen me mira y a mí se me encienden las alarmas. No me atrevo a preguntar la duda que me quema los labios.

- ¿No estarás embarazada verdad?, se me adelanta Mamen.

- No, por Dios, qué cosas dices, hasta que no nos casemos no encargaremos los niños. No quiero dar un disgusto de ese tipo a mis padres. Se lo piensa un poco y me dice: Bueno, a ti tampoco.

- No, yo no me disgusto por esas cosas, le aclaro.

- Yo tampoco, se suma Mamen.

Noto que, además de los camareros, nos miran los comensales más próximos. Entiéndase el “nos” como un plural mayestático. A quien miran es a la Miss. Hay buen rollito en nuestra mesa pero yo he venido a hablar y voy a hacerlo.

- Hace días que estoy buscando un rato para charlar contigo tranquilamente, empiezo.

- Yo también tengo que hablar contigo, bueno, con vosotras, responde, porque sé que las dos queréis mucho al Heredero. Sé qué andas preocupada porque crees que tu hijo no es un buen candidato como marido. Me ha contado las consideraciones que le has hecho sobre la boda y quería decirte que no te preocupes, que yo sé bien lo que estoy haciendo. O, al menos, que lo hago conscientemente.

Quería decirte también que, a pesar de lo que él crea, al Heredero fui yo quien le echó el anzuelo. Me gustó porque está bueno, cosa que no creo vayáis a discutirme, y pensé que, en caso de que no me saliera el intento como yo pretendía, al menos me habría dado un gusto al cuerpo.

(Joer con la donostiarra fina, pienso para mis adentros. Mamen la mira impertérrita. Está procesando el discurso en su disco duro pero la veo en los ojos que está pensando: esta es de las mía. Joer también con el Heredero que va largando lo que hablamos en privado).

No voy a ocultaros que he pasado momentos difíciles porque tu hijo a veces se empeña en demostrar que es el gallito del corral, es la influencia de su padre. Me mira y se disculpa con la mirada.

Tampoco se me escapa que a él le gusta prosperar en la vida, por eso me he trabajado a mi padre para que acabe creyendo que la idea de la nueva empresa es suya, pero que sepáis que la idea se la inculqué yo. ¿Desde cuándo a ninguno de los dos se les hubiera ocurrido pensar en la ecología y el medio ambiente, ni siquiera para ganar dinero? La empresa saldrá bien, ya lo veréis. Y nuestro matrimonio, pues ya se verá, pero igual que a cualquier pareja, que nadie te garantiza nada.

(Nos mira con carita inocente pero allá en el fondo de su mirada creo detectar un cierto reto, como diciendo, ¿cuál de las dos me vais a dar lecciones a mí en materia matrimonial?)

- ¿Estás segura de que le importas más tú que los proyectos de tu padre?, trato de decírselo de la manera más suave posible.

- Pues segura al cien por cien, ni de eso ni de nada, responde francamente, pero hay dos cosas que sí sé. Una, que está por lo menos igual de enganchado a mi culo que al dinero de mi padre. Dos, que sin mí también sabría ganarse la vida. Y ambas me dan cierta tranquilidad porque la capacidad de valerse por sí mismo es suya y el culo es mío.

- Dí que sí, le anima Mamen.

- ¿Y cuando se te caiga el culo?, me atrevo a argumentar.

- Pues para entonces a lo mejor se ha dado cuenta de que tengo otros valores mejores o a lo peor se le han caído a él otras cosas. Para entonces, ya veremos.

Lo que sí quiero pediros a las dos, retoma su discurso, es que seáis mis cómplices en este proyecto, que penséis que los dos somos felices y que nos ayudéis a organizarlo todo. Porque tu hijo vale para muchas cosas pero no sé yo si para organizar una boda.

- De eso, ni te preocupes, tercia Mamen que se muere de ganas de empezar a hacer la lista de invitados, que ya estamos nosotras.

- Me gustaría pediros también que echéis una mano a mi madre, que tiene una cierta tendencia a irse por las ramas, nos pide.

- ¿Qué tipo de boda tenéis idea?, pregunto.

- ¿Te acuerdas de la de Felipe?, corta Mamen.

- ¿Felipe? No conozco a ningún Felipe, contesto, mientras hago memoria.

- Felipe y Leticia, aclara mi amiga. Pues se va a quedar en una reunión de tasca al lado de la que vamos a montar.

La Miss sonríe feliz. Nos besa efusivamente a las dos. Luego, me coge la mano, y dice, muy bajito:

- Lo que más me gusta es que tú seas su madre.

- Pues no sabes muy bien donde te metes, que tu suegra tiene muchas virtudes pero anda, que para aguantarla, interviene Mamen que, si pierde facultades no será en el oído.

Llega el camarero y nos trae unos chupitos de ronmiel con los que brindamos entre risas.

- Acuérdate de lo que te digo, dice Mamen a la Miss, este es el comienzo de una gran amistad.

Un poco más peliculera y nace directamente Almodóvar.

El 10%


No lo digo por tocar las narices a nadie pero tiene su aquél la imagen que abre este comentario y que he sacado del periódico Público.

Convendrás conmigo en que el Psoe ha traído leyes totalmente innovadoras en materia de igualdad, incluida la ley del mismo nombre, la aprobación de la paridad en las listas electorales y un largo etcétera. Pues ahí los tienes la foto de familia del Consejo Territorial y tres mujeres de un total de 30 personas. El 10%.

Los barones del PSOE resultan que también son varones y a mí al menos, maldita la gracia que me hace el chiste.

¿Cuántas mujeres hay que presidan una comunidad autónoma? La de Madrid. Del PP.

¿Cuántas mujeres que dirijan un partido en el ámbito regional? No lo sé, pero pocas sin duda.

El 10%. Para tirar cohetes.

martes, 9 de noviembre de 2010

Dos arbolitos



Íbamos plácidamente cogiditos de la mano mi chico y yo (más que nada porque yo pertenezco a la especie de las que no pierden ocasión de darse de morros con todas las piedras mal colocadas que hay en el campo) cuando llegamos a una explanada en la que se alzan dos únicos árboles, cuyas ramas se entrelazan hasta identificarse. Hay algo en la imagen que me llama la atención, además de su belleza. Una imagen que me evoca algo… hasta que lo localizo.

Una canción mexicana que se cantaba mucho en mi primera juventud. Y entonces hago memoria. Estaba interna en un colegio de monjas – muy majas, por ahí ninguna película, las debo mucho de cómo soy – que hacían honor a su época. Y su época ponía el foco de atención en lo sentimental. Todo era sospechoso. Hasta extremos inauditos, ridículos.


A mí me han gustado mucho las rancheras, los corridos mexicanos. Soy una folclórica, en suma. Y en el colegio permitían llevar discos que ponían en el salón los días de fiesta. Yo llevé varios discos de Jorge Negrete y de Miguel Aceves Mejía y me los requisaron por inconvenientes. Uno de ellos incluía una canción dedicada a dos arbolitos, cuya letra reza así:

Han nacido en mi rancho dos arbolitos.
Dos arbolitos que parecen gemelos.
Y desde mi casita los veo solitos.
Bajo el amparo santo y azul del cielo.

Nunca están separados uno del otro.
Porque así quiso Dios que los dos nacieran.
Y con sus mismas ramas se hacen caricias.
Como si fueran novios que se quisieran.

Arbolito, arbolito, bajo tu sombra
Voy a esperar que el día cansado muera.
Y cuando estoy solito mirando al cielo
Pido pa' que me mande una compañera.

Cuando voy a mis siembras y a los maizales
Entre los surcos riego todo mi llanto
Sólo tengo de amigos mis animales
A los que con tristeza siempre les canto.

Las vacas, los novillos y los becerros
Saben que necesito que alguien me quiera
Y mi caballo pinto y hasta mi perro
Han cambiado y me miran de otra manera.

Arbolito, arbolito, me siento solo
Quiero que me acompañes hasta que muera.

Me deleito en la imagen de los dos arbolitos, bajo el amparo santo y azul del cielo.


- ¿Te acuerdas de la canción de los dos arbolitos?, pregunto a mi chico.

Pero él, que también estuvo interno por los mismos años, no tiene idea de lo que hablo. Se ve que la educación sentimental de los chicos daba menos problemas.

Así que fotografío a los dos arbolitos, tan verdes y bucólicos, tengo un brevísimo pensamiento para el vecino del Vaticano que se ha paseado este fin de semana entre Santiago y Barcelona impartiendo ideología y metiendo cizaña en la sociedad actual, y me pregunto cómo hemos podido salir mínimamente normales las chicas de mi generación. Tan normales que no hemos llevado a nadie, ni siquiera a los colegas del jefe vaticano, al Tribunal Internacional de La Haya.

- Una santa, es lo que soy yo, le digo a mi chico.

- Anda, ponte con los árboles que te hago una foto, responde.

Y poso, mientras le canto los arbolitos.

Quiero que me acompañes hasta que muera…

viernes, 5 de noviembre de 2010

Rayos y centellas

La asociación en la que paso algunas tardes trabaja con mujeres. Por lo general, son peleonas, corajudas, acostumbradas a luchar en condiciones desfavorables, a ir contra corriente. La mayoría sale adelante, algunas no logran sus sueños, todas pagan un precio muy alto por sus pequeños triunfos.

Hace unos días, nos vino Luz María, una ecuatoriana que lleva años en España. Vino ella primera, luego su marido y después los hijos. También les han seguido una hermana y un hermano con sus respectivas parejas. Todos están perfectamente documentados, disponen de los preceptivos permisos de residencia y trabajo y, hasta hace unos meses, de trabajo.

Luz María nos cuenta que a su cuñado, que lleva varios meses en el paro, le van a embargar el piso por no haber podido pagar la hipoteca. Añade que, en vista de que no le salía trabajo, la hermana y el cuñado estaban pensando en volver a Ecuador dejando el piso al banco pero les han dicho que si, cuando el piso salga a subasta, el banco no consigue la cantidad adeudada puede instar un embargo complementario de sus bienes.

Están asustados, como es lógico. Imagínese que llegan a Quito y le embargan la casita que se han hecho con lo que han ahorrado todos estos años, nos cuenta.

Mientras oigo el relato me va subiendo la bilirrubina y noto como me van creciendo rayos y centellas por encima de la cabeza, como en los tebeos antiguos. Cagüen la voracidad de los bancos, me digo a mí misma. Y juro en arameo acordándome de las pingües comisiones que se embolsaron banqueros y bancarios en la época de las vacas gordas cuando casi te rogaban, por favor, que pidieras una hipoteca.

Pienso en algunos casos que conozco, en las cojocasas que se han levantado con las ganancias que obtuvieron entonces. Repartían hipotecas casi sin cautela porque con cada firma que conseguían les caían varios miles de euros. ¿Van a embargar también esas comisiones? ¿Van a responder con las cojocasas por el fiasco?

Juan José Millás en el El País abunda días atrás sobre lo mismo. Sin rayos ni centellas, mucho mejor, dónde vas a comparar.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Función de estreno


Don Valen se ha estrenado con actuación estelar en la gran sala contando el número de parados y de afiliados. Le acompañaban sus dos secretarios de Estado, en adelante y para siempre jamás SE: la de Empleo, Marilú, que sustituye a Mavi, y el de Seg. Social, Octavio, que se sucede a sí mismo. Función de gala, buena entrada. Los plumillas habituales y otros no asiduos, algunos fotos de ocasión que no paran de dar vueltas como si estuvieran en la boda de la duquesa de Alba y su amigo “el Funcionario”, y mogollón de gente de la casa.

Se ha cambiado el escenario para la ocasión: los atriles han sido sustituidos por una mesa con tres micros. La puesta en escena es buena pero el mensaje no es para tirar cohetes. El paro ha subido en 68.213 desempleados y la afiliación ha perdido 5.331 trabajadores.

Hablan los tres. Marilú, que es la más nueva, porque tomó posesión ayer, se estrena diciendo “buenos días a todos”, ahorrándose el “y todas”. Los oradores reconocerán, sucesivamente, que cuando sube el paro no es un dato positivo pero que sube menos que el año anterior y mucho menos que en 2008. Que hay más mujeres trabajando que el año pasado y que vamos lenta y progresivamente alcanzando el equilibro: aún no se crea empleo pero se destruye menos. Que hay más cotizantes hoy que en enero de este año. Que crecen los empleos vinculados a la Dependencia pero bajan los contratos en servicios sanitarios Galicia y Madrid. (Así está la sanidad de doña Esperanza, ahora me explico).

Don Vale, que se expresa muy bien – a pesar de esa tendencia a lo Fidel Castro – asegura que octubre es un mes malo en el comportamiento del empleo. Ay, señor, ese lenguaje, razono conmigo misma, después de haberme colado en la gran sala, ahora va a resultar que el que se porta mal es el empleo y no los empleadores. Pero se parece mucho a la media de los 10 últimos años, concluye.

Pues, nada, a partir de ahora, todos los octubres castigados sin postre.

Los plumillas se esmeran en sus preguntas. Ellos también han notado que éste es un equipo de expertos, saben de lo que hablan. El presidente ha movido el banquillo y ha fichado a gente que ha jugado mucho en Segunda, incluso en juveniles. Tienen oficio y experiencia.

Mientras responden, me dedico a observar a los oradores. Don Vale sigue sonriente y feliz, aún le dura el embeleso del enamoramiento, se ve que no ha tenido tiempo de ver a la novia con rulos. Marilú tiene cara de chica lista que, además, se sabe la lección. Octavio, en cambio, que además de los rulos ha visto las arrugas y las patas de gallo, tiene una expresión de placidez conyugal. Como tiene que atender un compromiso previo, Octavio sale antes de concluir el acto y cuando baja del estrado se parece a Moisés descendiendo del monte Sinaí con la Torá en la mano.

Después de la comparecencia se forman los corrillos de costumbre. Los plumillas aprovechan para preguntar por asuntos fuera del orden del día. Los de casa tratan de conocer qué hay de lo suyo: todavía quedan puestos por cubrir.

Como ya tengo contado, al minister le siguen sus 99.000 mejores amigos, aquellos que le conocen de cuando era simplemente Valeriano, asesor primero y secretario general después, y a la SE sus 9.999 mejores amigos que la recuerdan de cuando era simplemente Marilú, en el papel de asesora.

Ambos dos son simpaticos y afectuosos y se pasan el día muá requetemuá, dando besos a diestro y siniestro.

- ¿Te acuerdas cuando íbamos a tomar café?, le dice uno.

- Claro, claro, responde ora la SE, ora el minister. Uno y otra deben de tener el disco duro echando chispas de tanto remember. Yo diría que no es posible que les haya dado tiempo en su vida profesional a tomar tanto café.

Los hay menos sutiles. Esos que se arriman y van directamente al grano.

- Marilú, has estado espléndida, le dice una.

- Gracias, responde la alabada.

Lo que te digo, como no termine esto pronto, alguno va a terminar diabético perdido. Y el resto, agilipollao total.

Contra la pornografía infantil

Cibercampaña propuesta por LA HUELLA DIGITAL, a la que me adhiero:


lunes, 1 de noviembre de 2010

Una hora


Cuando yo era niña, la noche de Todos los Santos era una noche de magia. Los mayores contaban historias de difuntos mientras las campanas de la iglesia tocaban a duelo. Tam, tam, tam, tam…

Los niños nos dormíamos con el tañido de la campana acunando nuestras fantasías, que no eran necesariamente nuestros miedos.

Una de las historias que oí por entonces aseguraba que hay una hora en esa noche en la que nos es dada la posibilidad de comunicarnos con los difuntos si ellos tienen algo que decirnos.

Ya he vivido muchas noches de noviembre y nunca he sentido que nadie me diga nada desde el más allá ni a mí se me ha ocurrido qué podía decir que ellos no sepan ya. En cambio, cuántas veces he deseado esa hora mágica para comunicarme con los seres que quiero por encima de las palabras, de las miradas, de los gestos. Qué suerte si a los seres humanos nos fuera dada una hora al año, sólo una hora, para ponernos de acuerdo.

Ahí sí que tendría sentido la globalización.