La de la tiza
domingo 26 de febrero de 2012
Depresión post parto
Estoy deprimida. Es lo que pasa por estar tanto tiempo entre humanos. Te contagian sus neuras.
Mi humano alfa, que hace gala a tal definición de forma redundante: es muy humano y muy alfa, le pregunta a veces a la humana.
- ¿Crees que la Poe es feliz en esta casa?
- Motivos tiene para serlo, que vive como una reina mora, pero si quieres la llevamos a un psicólogo a ver que dice, responde ella con la mala sombra que le caracteriza.
Yo les oigo y así voy conociendo la naturaleza humana, que me río yo de la evolución de la especies. Pero mira por donde, ahora resulta que caigo en lo mismo que tantas veces he criticado para mis adentros. Estoy deprimida, sí.
Deprimida y temerosa, creo. Llevo toda la semana sola en casa, ya ven en qué he quedado. Mis humanos no han aparecido más que para dormir. Por la Niña, claro. La Miss ha estado toda la semana en el hospital curándose la cicatriz de la tripa hasta el sábado que le dieron el alta y se fueron a su casa. Allí que se fueron también los santos padres vascos y mis humanos con la intención de tomar posesión de la Niña. La Miss los recibió con esa sonrisilla entre conejo de campo y greta garbo que ella pone, los sentó en el salón principal de la casa, les ofreció de beber y, ya caldeado el ambiente, les soltó:
- Nos alegramos mucho de veros juntos porque así no tenemos que repetirlo. En esta casa sois siempre bien recibidos y nos alegra veros pero que sepáis que para cuidar de la Niña estamos sus papás, vosotros podéis venir de visita cuando queráis pero la Niña tiene un horario que es sagrado y no se puede entrar en su habitación a cualquier hora.
El Heredero no abrió la boca. Los demás, tampoco. Mi humano tiene una habilidad que yo admiro mucho pero que a la humana le pone de los nervios: escucha, no pía y luego hace lo que se le pone. En consecuencia, cuando la Miss terminó su discurso se levantó, se fue a la habitación de la Niña y se quedó el tiempo que quiso. Luego volvió al salón como si tal cosa e informó a los presentes.
- La he puesto el chupete porque parece que tiene hambre.
- No puede tener hambre porque acaba de mamar y el chupete lo tenemos en previsión de necesidad extrema, no queremos que se acostumbre porque luego le salen los dientes malformados, respondió la Miss.
- Habrá mamado pero se rebullía en la cuna como que tuviera hambre, con el chupete se ha quedado tranquila. Y ahora mismo no le van a salir los dientes… arguyó mi humano, que se ha tomado muy a pecho la condición de abuelo.
- Bueno, pero procura dejarla descansar en su habitación, refunfuño la Miss.
- Claro, claro, si ahora descansa mejor y sólo la he cogido un momento.
- ¿La has cogido en brazos?, bramó la Miss.
- Solo para darle un achuchón y que sintiera el calor familiar, explicó mi humano.
Todos menos él se han cogido rebote con la Miss y, por extensión, con el Heredero. Mi humana todo lo filtra a través de la psicología, porque ella se relaciona mucho con sus amigos argentinos, así que ha llegado a casa y ha hecho un diagnóstico de precisión.
- La Miss se cree que es la primera mujer que ha parido y el Heredero nos ha salido calzonazos, ya ves tú.
Los santos padres deben de estar bramando. A todo esto, que Ignacio quería chico. No se atreve a decirlo porque mi humana le brearía pero es de los que piensan que las mujeres, incluidas las suyas, son género de segunda categoría y para sus negocios él quiere material de primera. Por eso, anda como remolón. Está contento, claro, porque es su primera nieta, pero nada comparado a que hubiera sido chico.
Gigi había comprado a la Niña ropa suficiente como para poner una sucursal de Prenatal. Pensaba que iba a ocupar su tiempo jugando a abuelas y nietas y su hija le ha chafado el plan.
Mi humana se había hecho ilusiones de hacer de la Niña un modelo infantil a su imagen y semejanza. Todos se han encontrado con Agustina de Aragón defendiendo a su cachorra como si se tratara del Sitio de Zaragoza.
- Se le ha puesto la hormona de punta y está como una leona defendiendo a su cachorra, concluye mi humana.
Toda la semana sola en casa, sin nadie que me dirija la palabra y hoy vuelven y me ignoran absolutamente. No hay más tema de conversación que la Niña y me temo que la historia no ha hecho más que empezar.
Así que no les preguntes por nada de lo que suceda en el mundo. Podría desencadenarse la tercera guerra mundial y no se enterarían. Me he quedado con las ganas de saber con más precisión qué ha ocurrido esta semana en Valencia. Por qué no hay dinero para calefacción en los colegios en el mismo lugar que sí lo hay para organizar grandes acontecimientos deportivos. Por qué cuando los estudiantes se quejan les zurran a ellos en vez de zurrar a los responsables del presupuesto. Por qué el responsable de la zurra considera enemigos a los estudiantes, cuyas familias pagan los impuestos que costean su salario, y no a quienes despilfarran el dinero. Por qué todos critican la zurra a los estudiantes pero nadie cesa a quien ordenó zurrar.
Por eso estoy deprimida. Estoy sola, nadie me hace caso y no entiendo lo que ocurre. Y, para colmo, soy la única que no conozco a la Niña, no han tenido el detalle de traerla para que la viera.
martes 21 de febrero de 2012
La Niña
Ya. Ya ha nacido la cachorra. La Niña, que dicen mis humanos. LA NIÑA.
La Miss ingresó para un parto programado y, por algún misterio a los que tan dados son los humanos, una vez en el hospital decidieron hacerle una cesárea.
Cuando oí lo de la cesárea pensé que le habían hecho la ola. Yo creía que una cesárea era una cosa majestuosa, como imperial y me parecía apropiada para la Miss, que es tan señorial en sí misma, pero enseguida me he enterado de que una cesárea es una operación en la que te abren la tripa y te sacan a la niña.
Me ha dado pena por la Miss, lo que va a sufrir este verano si no puede ponerse el bikini. Creo que soy la única a la que le ha dado pena, los demás están todos encantados, ya lo ven.
Podría decir que he asistido al parto pero mentiría. A pesar de que el parto ha sido en una clínica privada, no dejan entrar gatas. No obstante, he oído tantas veces contarlo que puedo referirlo con mucha aproximación.
Metieron a la Miss en el quirófano. En la salita, esperaban el Heredero, mis humanos alfa y los santos padres vascos. A la media hora, Ignacio propuso a los hombres bajar al bar a tomar un güisqui porque ya no aguantaba más la presión. El Heredero parecía dispuesto pero mi humano dijo que no, que él se quedaba porque quería ver a la Niña en cuanto naciera.
Gigi miró a Ignacio y a mi humano alfa, alternativamente, como diciendo:
- A ver si aprendes.
Mi humana miró a su chico y a Ignacio, alternativamente, como diciendo:
- Ahí queda eso.
El santo padre vasco parece que no es muy sensible al lenguaje visual porque, con esas, se cogió al yerno y se fueron al bar. Volvieron justo a tiempo de ver salir del quirófano un rebujito de toallas sobre una camilla empujada por una enfermera.
- El padre puede pasar, los demás tendrán que esperar, dijo.
Entró el Heredero por la puerta prohibida y los cuatro restantes se pegaron a la conductora. Ignacio sacó su cámara de fotos, dispuesto a inmortalizar el instante. Mi humano alfa abrió un poco el rebujito de toallas y se paró el mundo. Ahí estaba LA NIÑA. El mayor prodigio que vieron los siglos.
- No hay una niña más bonita en el mundo, fue lo primero que dijo al llegar a casa.
- Sí, es muy bonita y está muy bien formada, corroboró mi humana.
Antes de eso, el cuarteto dio la nota cuanto pudo en la clínica. Les salva que es de pago, de lo contrario los hubieran echado a los cuatro.
- Ay, mi niña, mi niña, repetía la Gigi como un mantra pero a voz en cuello.
- ¿Por qué han manchado de tinta los pies de la Niña?, preguntaba mi humano.
- A ver, apártese un poco que no puedo encuadrar la foto, ordenaba Ignacio a la enfermera.
El personal de la clínica debe de estar habituado a estas cosas porque atendía con paciencia a unos y otros. Ignacio hizo cuantas fotos quiso, Gigi suspiró reiterada y profusamente, mi humano supervisó la operación de pesado y medición de la Niña, indicó a la enfermera cómo debía vestirla sin dañar sus brazitos, verificó que el ombligo estaba bien pinzado. Mi humana, por una vez, permaneció callada.
Le duró poco. Si puedo contarles todo esto es porque, en cuanto llegó a casa, mi humana marcó el número de Mamen y se lo contó todo.
- Ay, qué emoción más grande, cómo te envidio, se oía a la amiga por el móvil.
- Que no, mujer, que tú también eres su tía abuela.
Cuando terminó de hacer las llamadas de rigor, se sentó en el sofá, sacó dos kleenex del bolso y se puso a llorar. Tranquila, serena, calladamente. De pura felicidad.
La Miss ingresó para un parto programado y, por algún misterio a los que tan dados son los humanos, una vez en el hospital decidieron hacerle una cesárea.
Cuando oí lo de la cesárea pensé que le habían hecho la ola. Yo creía que una cesárea era una cosa majestuosa, como imperial y me parecía apropiada para la Miss, que es tan señorial en sí misma, pero enseguida me he enterado de que una cesárea es una operación en la que te abren la tripa y te sacan a la niña.
Me ha dado pena por la Miss, lo que va a sufrir este verano si no puede ponerse el bikini. Creo que soy la única a la que le ha dado pena, los demás están todos encantados, ya lo ven.
Podría decir que he asistido al parto pero mentiría. A pesar de que el parto ha sido en una clínica privada, no dejan entrar gatas. No obstante, he oído tantas veces contarlo que puedo referirlo con mucha aproximación.
Metieron a la Miss en el quirófano. En la salita, esperaban el Heredero, mis humanos alfa y los santos padres vascos. A la media hora, Ignacio propuso a los hombres bajar al bar a tomar un güisqui porque ya no aguantaba más la presión. El Heredero parecía dispuesto pero mi humano dijo que no, que él se quedaba porque quería ver a la Niña en cuanto naciera.
Gigi miró a Ignacio y a mi humano alfa, alternativamente, como diciendo:
- A ver si aprendes.
Mi humana miró a su chico y a Ignacio, alternativamente, como diciendo:
- Ahí queda eso.
El santo padre vasco parece que no es muy sensible al lenguaje visual porque, con esas, se cogió al yerno y se fueron al bar. Volvieron justo a tiempo de ver salir del quirófano un rebujito de toallas sobre una camilla empujada por una enfermera.
- El padre puede pasar, los demás tendrán que esperar, dijo.
Entró el Heredero por la puerta prohibida y los cuatro restantes se pegaron a la conductora. Ignacio sacó su cámara de fotos, dispuesto a inmortalizar el instante. Mi humano alfa abrió un poco el rebujito de toallas y se paró el mundo. Ahí estaba LA NIÑA. El mayor prodigio que vieron los siglos.
- No hay una niña más bonita en el mundo, fue lo primero que dijo al llegar a casa.
- Sí, es muy bonita y está muy bien formada, corroboró mi humana.
Antes de eso, el cuarteto dio la nota cuanto pudo en la clínica. Les salva que es de pago, de lo contrario los hubieran echado a los cuatro.
- Ay, mi niña, mi niña, repetía la Gigi como un mantra pero a voz en cuello.
- ¿Por qué han manchado de tinta los pies de la Niña?, preguntaba mi humano.
- A ver, apártese un poco que no puedo encuadrar la foto, ordenaba Ignacio a la enfermera.
El personal de la clínica debe de estar habituado a estas cosas porque atendía con paciencia a unos y otros. Ignacio hizo cuantas fotos quiso, Gigi suspiró reiterada y profusamente, mi humano supervisó la operación de pesado y medición de la Niña, indicó a la enfermera cómo debía vestirla sin dañar sus brazitos, verificó que el ombligo estaba bien pinzado. Mi humana, por una vez, permaneció callada.
Le duró poco. Si puedo contarles todo esto es porque, en cuanto llegó a casa, mi humana marcó el número de Mamen y se lo contó todo.
- Ay, qué emoción más grande, cómo te envidio, se oía a la amiga por el móvil.
- Que no, mujer, que tú también eres su tía abuela.
Cuando terminó de hacer las llamadas de rigor, se sentó en el sofá, sacó dos kleenex del bolso y se puso a llorar. Tranquila, serena, calladamente. De pura felicidad.
sábado 18 de febrero de 2012
La duendecilla
Tengo bastante edad y he vivido lo suficiente para saber lo que es importante y lo que no lo es. Importante es que la cachorra nazca bien; no lo es que se demore su nacimiento. Pero aquí tienes a todos poniendo a caldo al cachorrólogo porque ha decidido dar otra prórroga al parto hasta el lunes.
Yo tengo mi propio problema. Como oigo la radio y veo la tele sé que éste no es el momento más adecuado para plantear mi protesta pero quiero decir alto y claro que los humanos no tienen en consideración los sentimientos felinos. Ni siquiera mi humano alfa que es casi perfecto y me dedica muchas atenciones.
Pues diré que ese ser cuasi perfecto me ha cortado las uñas sin miramiento. Es cosa que hace muy raramente, de higos a brevas, pero el sábado tuvimos una visita que le puso en alerta y ese mismo día me cortó las uñas.
Vinieron a comer, como suelen, el Heredero y la Miss, esta vez acompañados de una pareja amigos y su retoña. La pareja es holandesa. La niña viene con una pila de más voltaje que el de su edad o distinta de la de su especie porque no consigue estar quieta un solo momento. Traía un gorrito verde y parecía un duende.
Cuando los ví llegar hice lo que hago siempre: refugiarme entre los cojines del sofá hasta que pasara el temporal. Inútilmente. A la niña de las pilas+ le habían contado que en la casa había un “gatito” y ella entró preguntando directamente por él. Gatito, gatito, decía, y señalaba con el dedo a diestro y siniestro.
- El gatito está durmiendo y no le gusta que le molesten, la responde el Heredero, cosa que agradezco.
- Gatito, gatito, insiste le holandesa bebé.
- Es gatita, le aclara mi humana, y está un poco mayor, no le gustan los niños. Déjala que descanse.
Eso es hablar, me digo, pasando por alto lo de mi edad. No me gustan los niños, no me gustan nada, por si no les había quedado claro. Tampoco me gustan todos los mayores, pero los niños, ninguno.
- Gatito, quiero ver gatito, repetía la niña.
- ¡Como se le meta una cosa en la cabeza no para hasta que lo consigue, en eso ha salido a su papá!, comenta la humana holandesa.
El papá de la pila andante no se da por aludido así que la mamá se siente autorizada a contarnos las hazañas de su retoña. Una larga retahíla de travesuras como para poner de punta los pelos del bigote.
Un día, la duendecilla se encerró en la terraza y otro cerró la puerta de casa cuando la madre había salido a atender al cartero lo que, en ambos casos, requirió la presencia de los bomberos para abrir las puertas. Aunque lo peor había ocurrido en Sevilla.
- Estábamos paseando por la zona de la Torre del Oro haciendo tiempo para volver a Madrid cuando la niña señaló el río Guadalquivir diciendo: ¡piscina grande!, contaba la orgullosa mamá.
La holandesa recordaba que, como son muy modernos, habían matriculado a la duendecilla en natación antes de que aprendiera a andar y la niña identificaba con su piscina toda masa acuosa que veía. El hecho es que no se percataron de que la niña se acercaba a la orilla y se tiraba directamente al agua. Grandes gritos de la madre y allá que va el padre detrás de la retoña que jugaba en el agua como si se tratara, en efecto, de una piscina grande.
- Teníais que vernos, los tres empapados y las maletas en el coche, concluye la holandesa, encantada de ser el centro de atención.
La niña se desentendió del relato, que ha debido de oir cien o doscientas veces, y siguió por toda la casa buscando al gatito, gatito.
- Ten cuidado con la niña, no rompa algo, advierte la Miss a mi humana, que salió detrás de la criatura y volvió con ella al cuarto donde yo estaba cobijada. La de las pilas+ se tira directamente a los cojines debajo de los que me resguardo. Cuando me descubre, grita como si hubiera visto un rinoceronte.
- ¡Gatito, está el gatito, quiero jugar con el gatito!, repite a gritos y se me echa encima como si yo fuera otro cojín. Yo me asusto, me pongo nerviosa y la bufo. Saco las uñas sin querer. Sin querer hacer daño, me refiero. Pero la niña se clava un brazo en mis uñas y grita más.
- Pupa, pupa, gatito pupa.
La Miss coge a la duendecilla y la separa del sofá. Mi humana me mira con cara enfadada. Todas las mujeres miran el brazo de la niña como si le hubiera desgarrado las vísceras.
- Ya podéis tener cuidado con el gato cuando nazca la bebé, dice la holandesa, un poco mosqueada.
- Es gata, refunfuña mi humana alfa.
A los gritos de la niña vinieron los hombres. Yo quería desaparecer pero no había salida, entre todos tapaban la puerta. Mi humano me coge en brazos y me riñe.
- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué arañas a la niña, no ves que es pequeña?, insiste, como si yo pudiera responderle en su idioma. Yo estoy hiperasustada y creo que voy a hiperventilar, como dice la Miss. Todos me miran. El holandés machaca.
- Deberíais tener cuidado. Un gato en casa es un peligro cuando hay niños pequeños.
Mi humano me devuelve al sillón, pone los cojines por encima hasta dejarme a oscuras y salen de la habitación.
Cuando se despedían, los holandeses entraron en la habitación donde seguía escondida bajo los cojines. La duendecilla me mira muy seria y me dice:
- A la niña no se le araña, gatito malo, y si arañas, la niña te meterá los dedos en los ojos.
Los papás ríen la frase de la niña como si hubiera recitado el segundo acto de Hamlet.
Mi humano no volvió a mencionar el incidente con la duendecilla pero en cuanto se fueron me cogió en brazos, me sacó a la terraza y me cortó las uñas. Tiene miedo de que arañe a la cachorra pero la primera consecuencia es que sin uñas no he podido abrir el ordenador y menos aún escribir.
No pensaba arañar a la niña ni a ningún otro miembro de la familia pero me ha dejado como una gata con guantes.
Y el lunes, de parto.
miércoles 8 de febrero de 2012
Provocar
Ya tenemos otra vez a los chicos en casa. Se han acostumbrado todos los días a la mesa puesta. El Heredero va a echar tanta barriga como la Miss, que está como si se hubiera comido un barril. Yo estoy a punto de ebullición.
La primera vez que entró la Miss en esta casa me cayó bien, lo que demuestra que el olfato felino también falla, no sólo el humano. De haber sospechado entonces lo que se nos avecinaba, la hubiera arañado los ojos. Bien pensado, que tenía que haber arañado más en mi vida pero de joven una es muy inocente.
El Heredero había tenido tantas novias que habíamos perdido la esperanza de colocarlo así que cuando llegó con aquella chica tan guapa, tan modosita, tan dulce, tan enamorada, caímos rendidos a sus encantos. También yo, que soy poco de caer en esas cosas. Y menos de las humanas.
La Miss es, con mucho, la más lista de las novias que ha tenido el Heredero. Tan lista, que consiguió llevárselo crudo. Y nos metió en casa toda su parentela. Muy finos, muy ay, pordior, pero unos pumas desorejados. Su mamá, la Gigi, le da al drinken. Whisky, exactamente. Porque es vasodilatador, dice, como si fuéramos tontos. Aparte de eso, anda un poco necesitada. De casi todo, pero de roce de lo que más. Mi humana, que es redicha como ella sola, dice que es tan pobre que sólo tiene dinero. Pero dinero tiene en cantidad.
El papá, Ignacio, es de otra pasta. A él le sobra roce. Se le nota de lejos. De cerca, también porque tiene una retrofragancia femenina que no puede ser natural. También le sobra algo de vasodilatador pero lo que más le sobra es echaopalantería. Que más que de Donostia parece de Bilbao. Y un hipócrita, se las da de educado pero lo que da de verdad es una patada a la gata de la casa de sus consuegros sin despeinarse. Que lo sé de buena tinta.
Les agradecería que no me provocaran con los santos padres vascos, que me lanzo.
Lo que quería contarles es que los chicos están en un ay. El cachorrólogo ha dicho que si la criatura no ha nacido en la segunda semana de febrero a la Miss le tendrán que provocar el parto. Me pregunto si en la enciclopedia cachorrológica no existe una palabra más adecuada que provocar. ¡Que estamos hablando de nacer! ¿Con qué ánimo va a venir al mundo esa niña si ya empiezan por provocar a la madre? Mira que son complicados los humanos.
La Miss parece tranquila. El Heredero regulín. No sé si por lo que cuenta el cachorrólogo o por la lata que dan los futuros abuelos. Los humanos míos y, sobre todo, los santos padres vascos. No me provoquen, no me provoquen.
La primera vez que entró la Miss en esta casa me cayó bien, lo que demuestra que el olfato felino también falla, no sólo el humano. De haber sospechado entonces lo que se nos avecinaba, la hubiera arañado los ojos. Bien pensado, que tenía que haber arañado más en mi vida pero de joven una es muy inocente.
El Heredero había tenido tantas novias que habíamos perdido la esperanza de colocarlo así que cuando llegó con aquella chica tan guapa, tan modosita, tan dulce, tan enamorada, caímos rendidos a sus encantos. También yo, que soy poco de caer en esas cosas. Y menos de las humanas.
La Miss es, con mucho, la más lista de las novias que ha tenido el Heredero. Tan lista, que consiguió llevárselo crudo. Y nos metió en casa toda su parentela. Muy finos, muy ay, pordior, pero unos pumas desorejados. Su mamá, la Gigi, le da al drinken. Whisky, exactamente. Porque es vasodilatador, dice, como si fuéramos tontos. Aparte de eso, anda un poco necesitada. De casi todo, pero de roce de lo que más. Mi humana, que es redicha como ella sola, dice que es tan pobre que sólo tiene dinero. Pero dinero tiene en cantidad.
El papá, Ignacio, es de otra pasta. A él le sobra roce. Se le nota de lejos. De cerca, también porque tiene una retrofragancia femenina que no puede ser natural. También le sobra algo de vasodilatador pero lo que más le sobra es echaopalantería. Que más que de Donostia parece de Bilbao. Y un hipócrita, se las da de educado pero lo que da de verdad es una patada a la gata de la casa de sus consuegros sin despeinarse. Que lo sé de buena tinta.
Les agradecería que no me provocaran con los santos padres vascos, que me lanzo.
Lo que quería contarles es que los chicos están en un ay. El cachorrólogo ha dicho que si la criatura no ha nacido en la segunda semana de febrero a la Miss le tendrán que provocar el parto. Me pregunto si en la enciclopedia cachorrológica no existe una palabra más adecuada que provocar. ¡Que estamos hablando de nacer! ¿Con qué ánimo va a venir al mundo esa niña si ya empiezan por provocar a la madre? Mira que son complicados los humanos.
La Miss parece tranquila. El Heredero regulín. No sé si por lo que cuenta el cachorrólogo o por la lata que dan los futuros abuelos. Los humanos míos y, sobre todo, los santos padres vascos. No me provoquen, no me provoquen.
martes 31 de enero de 2012
El cachorrólogo
¡Qué susto hemos tenido este fin de semana! No sé si aún me he repuesto. Les aviso desde ya: no estoy para estos trotes.
El programa empezó cuando oí por el teléfono que a la comida del sábado se apuntaban los habituales y los santos padres vascos. (Luego no me digan que me quejo de vicio, es que en cuanto amanece el sábado esta casa es una sucursal del Mercado de San Miguel: todos los conocidos vienen a hacer catas de productos comestibles y bebestibles).
Vinieron a comer, efectivamente. Un cocido madrileño, que es el plato favorito de Ignacio.
- Ay, Ignacio, no sé cómo puedes hacer la digestión de tanta grasa, le dice Gigi con expresión en la que se mezclan la admiración por el aguante de su humano y la repugnancia por la ordinariez de la pitanza.
- Las verdurillas le quitan la grasa, se justifica mi humana –que se ha pasado la mañana en la cocina- y además los ingredientes son naturales y ecológicos.
Esa es otra manía que les ha entrado. Lo ecológico. En esta casa no se come nada que no tenga certificado medioambiental. Para que la niña se críe sana, dicen. A la única que se le permite algún exceso es a mí, que me como mis potingues.
- He comprado los potingues de tu gata, paté de pescado, para que luego digas, se pavonea mi humana las pocas veces que se acuerda de mi comida.
Así que soy la excepción. Aquí, desde los huevos que comen al jabón con el que se lavan, pasando por las sábanas en las que duermen, todo es ecológico. Es una manía, claro, pero también es una cosa de negocios. La Miss y el Heredero han montado una empresa rural, pero de eso ya les hablaré en otro momento que si no, me disperso.
Les contaba lo del sábado. La comida había empezado suave porque mi humano alfa había avisado de que no quería discusiones. Y mi humana, otra cosa no sé pero lo que dice él va a misa. Así que estuvo comedida. Mi humano había advertido también a Mamen de que tratara con mesura a los santos padres y ella había dicho que vale. No sé si Ignacio había avisado a Gigi pero ella se pasó la comida cantando las excelencias de su niña.
- La pobre es tan sufrida, nunca se queja de nada, y miraba a la preñadita con cara de aflicción.
- Mujer, que el embarazo no es una enfermedad y ella está muy bien, no tiene por qué quejarse, responde mi humana.
- No será una enfermedad pero no sabes lo que es cargar con un peso de casi tres kilos sobre los riñones 24 horas al día, tercia el Heredero.
- No, no lo sé, a ti te trajo MRW en una caja de cartón, no sé si te acuerdas, responde mi humana.
- Ay, tan joven y en estos trances, suspira Gigi.
- Mamá, que cuando tú tenías mi edad yo ya había hecho la comunión, arguye la Miss.
Y en esto que Gigi se pone a llorar.
- Ay, mi niña, por dios, mi niña, verla así, repetía entre gemidos.
- Verla, ¿cómo?, preguntó el Heredero.
- Dejadla, dejadla que llore, a ver si así se le pasa, suspiró Ignacio.
- ¿Qué es lo que se le tiene que pasar?, preguntó a su vez la Miss.
- ¡La tontería! Eso es lo que se le tendría que pasar, pero no hay miedo, se le ha quedado crónica ¿No os habíais dado cuenta de que cada vez está más tonta?, bramó Ignacio, que hasta yo misma me asuste, y mira que a mí las cosas de los humanos ya no me impresionan.
- ¡Papá, por dios, no digas esas cosas horribles a mamá!, se quejó la Miss.
- Ignacio, ¿te sirvo un coñac?, intentó terciar el Heredero.
- Eso, que se emborrache, respondió Gigi, aumentando el tono de sus sollozos.
- ¿Yo me emborracho? ¿Soy yo el que se emborracha? Lo que me faltaba por oir. ¡Vamos, hombre!, repetía Ignacio.
Mis humanos, Mamen y Charly se habían quedado mudos y quietos, como de escayola.
A todo esto, Gigi lloraba como si la estuvieran apaleando, Ignacio preguntaba a voz encuello si alguien le había visto a él borracho, el Heredero abrazaba a la Miss que se había puesto a llorar.
- Ya, ya, ya, repetía mientras la acunaba.
De pronto, la Miss empezó a berrear:
- ¡¡¡¡¡¡¡Ayyyyy, ayyyyy, ayyyy, ay, ay, ay, yyyy!!!!!!
El Heredero se levantó de un salto. Ignacio se sentó de golpe. Gigi se calló de repente. Mis humanos se acercaron a la preñadita.
- ¿Qué ha pasado?, preguntaron al alimón.
- Me duele la niña, se quejaba la Miss, entre lágrimas, sollozos y mocos. (No sé si debería contarlo, pero es que se le caía el moquillo).
- Vamos a urgencias ahora mismo, propuso el Heredero.
- No, a urgencias, no, se resistía la Miss.
- Ay, mi niña, que se me va, ay, mi niña, otra vez se puso a llorar Gigi.
Mi humana se volvió a ella y, muy seria –no enfadada, seria- le dijo:
- En tu casa, lloras y gritas lo que quieras, pero ahora mismo, te estás callada.
Gigi la miró con ojos de susto, pero se quedó muda.
- Mejor que no se mueva y el médico venga a verla, propuso Ignacio. Acto seguido, marcó un número en su móvil.
- Paco, que la niña se ha puesto mala, sería bueno que vinieras a verla, ordenó. Luego, le dio la dirección de esta casa y colgó.
Mi humana llevó a la Miss a la cama. Era cosa de ver la procesión. La Miss agarrándose la tripa como que se le fuera a caer, mi humana llevándola abrazada por la cintura. Mamen y Gigi detrás, como almas en pena. En el salón, los hombres de la tribu. El Heredero con el ceño fruncido, Charly como atornillado a la silla, Ignacio fumando como una olla express, mi humano sentado, quieto, raro en él.
El cachorrólogo era amigo de los santos padres. Llegó, se metió en la habitación con la Miss y mi humana y cerró la puerta. Auscultó a la preñadita, que hacía rato había dejado de llorar pero no de quejarse.
- ¿Dónde te duele?, le preguntó.
- Aquí, señalaba la Miss el estómago.
- ¿Qué has comido?
- Cocido, respondió mi humana.
- Conozco dietas más adecuadas para una embarazada, pero dudo que unos garbanzos ni siquiera el tocino, aceleren un parto, dijo el hombre.
- Me he disgustado un poco, confesó la Miss haciendo pucheros.
- ¿Qué puede disgustar a una mujer como tú, que tienes todos los vientos a favor?, se interesó el cachorrólogo, cariñoso.
La Miss volvió a llorar como una magdalena.
- Una pequeña discusión de Ignacio y Gigi, justificó mi humana.
- Bueno, pues o mucho me equivoco o aún te quedan por lo menos quince días para dar a luz. Tómate una infusión mitad tila, mitad manzanilla, descansa y nada de lloros. Y a tus padres, déjalos que ya van siendo mayores para que se arreglen por sí mismos, concluyó el médico.
Después del sofocón, los invitados se fueron pronto. Todos, incluso Mamen y Charly, que siempre se rezagan.
Cuando se quedan solos, mi humana comenta:
- A mí me dices esas cosas, en ese tono y delante de todo el mundo y no cenas en esta casa, fíjate bien lo que te digo.
- No, si yo pensaba tomar sólo un vaso de leche, que no sé si he hecho la digestión de la comida, responde mi humano, por si acaso.
El programa empezó cuando oí por el teléfono que a la comida del sábado se apuntaban los habituales y los santos padres vascos. (Luego no me digan que me quejo de vicio, es que en cuanto amanece el sábado esta casa es una sucursal del Mercado de San Miguel: todos los conocidos vienen a hacer catas de productos comestibles y bebestibles).
Vinieron a comer, efectivamente. Un cocido madrileño, que es el plato favorito de Ignacio.
- Ay, Ignacio, no sé cómo puedes hacer la digestión de tanta grasa, le dice Gigi con expresión en la que se mezclan la admiración por el aguante de su humano y la repugnancia por la ordinariez de la pitanza.
- Las verdurillas le quitan la grasa, se justifica mi humana –que se ha pasado la mañana en la cocina- y además los ingredientes son naturales y ecológicos.
Esa es otra manía que les ha entrado. Lo ecológico. En esta casa no se come nada que no tenga certificado medioambiental. Para que la niña se críe sana, dicen. A la única que se le permite algún exceso es a mí, que me como mis potingues.
- He comprado los potingues de tu gata, paté de pescado, para que luego digas, se pavonea mi humana las pocas veces que se acuerda de mi comida.
Así que soy la excepción. Aquí, desde los huevos que comen al jabón con el que se lavan, pasando por las sábanas en las que duermen, todo es ecológico. Es una manía, claro, pero también es una cosa de negocios. La Miss y el Heredero han montado una empresa rural, pero de eso ya les hablaré en otro momento que si no, me disperso.
Les contaba lo del sábado. La comida había empezado suave porque mi humano alfa había avisado de que no quería discusiones. Y mi humana, otra cosa no sé pero lo que dice él va a misa. Así que estuvo comedida. Mi humano había advertido también a Mamen de que tratara con mesura a los santos padres y ella había dicho que vale. No sé si Ignacio había avisado a Gigi pero ella se pasó la comida cantando las excelencias de su niña.
- La pobre es tan sufrida, nunca se queja de nada, y miraba a la preñadita con cara de aflicción.
- Mujer, que el embarazo no es una enfermedad y ella está muy bien, no tiene por qué quejarse, responde mi humana.
- No será una enfermedad pero no sabes lo que es cargar con un peso de casi tres kilos sobre los riñones 24 horas al día, tercia el Heredero.
- No, no lo sé, a ti te trajo MRW en una caja de cartón, no sé si te acuerdas, responde mi humana.
- Ay, tan joven y en estos trances, suspira Gigi.
- Mamá, que cuando tú tenías mi edad yo ya había hecho la comunión, arguye la Miss.
Y en esto que Gigi se pone a llorar.
- Ay, mi niña, por dios, mi niña, verla así, repetía entre gemidos.
- Verla, ¿cómo?, preguntó el Heredero.
- Dejadla, dejadla que llore, a ver si así se le pasa, suspiró Ignacio.
- ¿Qué es lo que se le tiene que pasar?, preguntó a su vez la Miss.
- ¡La tontería! Eso es lo que se le tendría que pasar, pero no hay miedo, se le ha quedado crónica ¿No os habíais dado cuenta de que cada vez está más tonta?, bramó Ignacio, que hasta yo misma me asuste, y mira que a mí las cosas de los humanos ya no me impresionan.
- ¡Papá, por dios, no digas esas cosas horribles a mamá!, se quejó la Miss.
- Ignacio, ¿te sirvo un coñac?, intentó terciar el Heredero.
- Eso, que se emborrache, respondió Gigi, aumentando el tono de sus sollozos.
- ¿Yo me emborracho? ¿Soy yo el que se emborracha? Lo que me faltaba por oir. ¡Vamos, hombre!, repetía Ignacio.
Mis humanos, Mamen y Charly se habían quedado mudos y quietos, como de escayola.
A todo esto, Gigi lloraba como si la estuvieran apaleando, Ignacio preguntaba a voz encuello si alguien le había visto a él borracho, el Heredero abrazaba a la Miss que se había puesto a llorar.
- Ya, ya, ya, repetía mientras la acunaba.
De pronto, la Miss empezó a berrear:
- ¡¡¡¡¡¡¡Ayyyyy, ayyyyy, ayyyy, ay, ay, ay, yyyy!!!!!!
El Heredero se levantó de un salto. Ignacio se sentó de golpe. Gigi se calló de repente. Mis humanos se acercaron a la preñadita.
- ¿Qué ha pasado?, preguntaron al alimón.
- Me duele la niña, se quejaba la Miss, entre lágrimas, sollozos y mocos. (No sé si debería contarlo, pero es que se le caía el moquillo).
- Vamos a urgencias ahora mismo, propuso el Heredero.
- No, a urgencias, no, se resistía la Miss.
- Ay, mi niña, que se me va, ay, mi niña, otra vez se puso a llorar Gigi.
Mi humana se volvió a ella y, muy seria –no enfadada, seria- le dijo:
- En tu casa, lloras y gritas lo que quieras, pero ahora mismo, te estás callada.
Gigi la miró con ojos de susto, pero se quedó muda.
- Mejor que no se mueva y el médico venga a verla, propuso Ignacio. Acto seguido, marcó un número en su móvil.
- Paco, que la niña se ha puesto mala, sería bueno que vinieras a verla, ordenó. Luego, le dio la dirección de esta casa y colgó.
Mi humana llevó a la Miss a la cama. Era cosa de ver la procesión. La Miss agarrándose la tripa como que se le fuera a caer, mi humana llevándola abrazada por la cintura. Mamen y Gigi detrás, como almas en pena. En el salón, los hombres de la tribu. El Heredero con el ceño fruncido, Charly como atornillado a la silla, Ignacio fumando como una olla express, mi humano sentado, quieto, raro en él.
El cachorrólogo era amigo de los santos padres. Llegó, se metió en la habitación con la Miss y mi humana y cerró la puerta. Auscultó a la preñadita, que hacía rato había dejado de llorar pero no de quejarse.
- ¿Dónde te duele?, le preguntó.
- Aquí, señalaba la Miss el estómago.
- ¿Qué has comido?
- Cocido, respondió mi humana.
- Conozco dietas más adecuadas para una embarazada, pero dudo que unos garbanzos ni siquiera el tocino, aceleren un parto, dijo el hombre.
- Me he disgustado un poco, confesó la Miss haciendo pucheros.
- ¿Qué puede disgustar a una mujer como tú, que tienes todos los vientos a favor?, se interesó el cachorrólogo, cariñoso.
La Miss volvió a llorar como una magdalena.
- Una pequeña discusión de Ignacio y Gigi, justificó mi humana.
- Bueno, pues o mucho me equivoco o aún te quedan por lo menos quince días para dar a luz. Tómate una infusión mitad tila, mitad manzanilla, descansa y nada de lloros. Y a tus padres, déjalos que ya van siendo mayores para que se arreglen por sí mismos, concluyó el médico.
Después del sofocón, los invitados se fueron pronto. Todos, incluso Mamen y Charly, que siempre se rezagan.
Cuando se quedan solos, mi humana comenta:
- A mí me dices esas cosas, en ese tono y delante de todo el mundo y no cenas en esta casa, fíjate bien lo que te digo.
- No, si yo pensaba tomar sólo un vaso de leche, que no sé si he hecho la digestión de la comida, responde mi humano, por si acaso.
miércoles 25 de enero de 2012
Secretos de familia
Esto es un sinvivir. Esmeralda está permanentemente en casa,. Por la mañana se queda porque le da miedo salir sola. Cree que, si sale, le van a atracar o, en el mejor de los casos, un coche se subirá a la acera para atropellarla. Al metro no baja porque los espacios cerrados le producen claustrofobia. Por la tarde no sale porque dice que mi humana va muy deprisa a todas partes y ella es más pausada.
- Pues nada, nena, aquí te quedas que yo tengo mucho que hacer, le responde mi humana.
Mi humano alfa pasa directamente de ella.
- Anda, maja, que no sales por no hacer el esfuerzo. No eres tú vaga ni nada, le dice.
Esmeralda se calla. Delante de ellos, porque en cuanto se queda sola se explaya conmigo. No porque me tenga confianza, que si pudiera ya me habría tirado por el hueco del ascensor, sino porque cree que lo que a mí me cuenta va a quedar en secreto. No sabe adónde ha ido a plantar la era.
- Mírale el tonto este, que se le cae la baba sólo con mirarla. ¿Qué le dará esa puta?
La “puta” es mi humana, quién lo iba a decir. La cuñada tiene la teoría de que todas las mujeres son “unas putas” –perdonen el desliz, pero yo tengo que ser fiel a mis fuentes- menos ella y la reina que son unas santas. La princesa también lo fue antes de casarse pero, según asegura, se ha reformado por la vía matrimonial.
Las mujeres, según la teoría de Esmeralda, utilizan malas artes para atraer a los hombres y tenerlos atados a la falda y, de esa manera, separarlos de sus padres y, muy especialmente, de las hermanas. Esa es una teoría elaborada por ella misma que ya la he oído antes pero estos días se ha visto reforzada con un libro que está leyendo: La soledad de la reina. Según parece, en él se viene a demostrar que el rey es un poco pendón y la reina una santa sufrida.
Tenían que verla leyendo el tomo de marras (la cuñada no es de libros digitales, es un poco chapada a la antigua) y lanzando exabruptos contra todas las novias que se ha beneficiado el monarca. Que, pienso yo, algo habrá tenido que ver también. Y si es de los que se dejan hacer, peor aún.
- Unas putas, eso es lo que son todas, repite una media de dos veces por página.
Cuando ella perora yo me finjo dormida salvo cuando levanta la voz, como si estuviera en el Congreso de los Diputados, y se altera toda ella, que no hay forma de disimular. Abro los ojos y la miro con espanto.
Entonces, se me enfrenta y pregunta:
- Tú ¿qué miras, gata tonta?
Ganas me dan de responderla.
- Miro a una humana tonta de verdad, que como no sabe alcanzar las uvas dice que están verdes.
Pero no digo ni miau, que en mi caso estaría justificado. Porque yo soy de poco discutir. No como mi humana, a quien le encantan las trifulcas.
Aunque no siempre lo parezca ésta es una casa bastante civilizada y mi humana se reprime las ganas de retorcer la cabeza a la cuñada cuando se pone muy pesada, aunque yo le oigo crujir los músculos del esfuerzo de contención. Por lo general, sonríe como si la quisiera verdaderamente. Hasta que salta con mi humano alfa:
- Tu hermana no es más tonta porque no practica, deja caer.
- Practicar en tontería es, justamente, lo que lleva haciendo toda su vida, responde mi humano. Al contrario que ella, él es un flemático.
Creo que se aproxima el gran día porque va llegando a Madrid la plantilla familiar al completo. Espero que la Miss no se demore porque estoy pensando en emigrar a otra casa que resulte más acogedora que esta.
- Pues nada, nena, aquí te quedas que yo tengo mucho que hacer, le responde mi humana.
Mi humano alfa pasa directamente de ella.
- Anda, maja, que no sales por no hacer el esfuerzo. No eres tú vaga ni nada, le dice.
Esmeralda se calla. Delante de ellos, porque en cuanto se queda sola se explaya conmigo. No porque me tenga confianza, que si pudiera ya me habría tirado por el hueco del ascensor, sino porque cree que lo que a mí me cuenta va a quedar en secreto. No sabe adónde ha ido a plantar la era.
- Mírale el tonto este, que se le cae la baba sólo con mirarla. ¿Qué le dará esa puta?
La “puta” es mi humana, quién lo iba a decir. La cuñada tiene la teoría de que todas las mujeres son “unas putas” –perdonen el desliz, pero yo tengo que ser fiel a mis fuentes- menos ella y la reina que son unas santas. La princesa también lo fue antes de casarse pero, según asegura, se ha reformado por la vía matrimonial.
Las mujeres, según la teoría de Esmeralda, utilizan malas artes para atraer a los hombres y tenerlos atados a la falda y, de esa manera, separarlos de sus padres y, muy especialmente, de las hermanas. Esa es una teoría elaborada por ella misma que ya la he oído antes pero estos días se ha visto reforzada con un libro que está leyendo: La soledad de la reina. Según parece, en él se viene a demostrar que el rey es un poco pendón y la reina una santa sufrida.
Tenían que verla leyendo el tomo de marras (la cuñada no es de libros digitales, es un poco chapada a la antigua) y lanzando exabruptos contra todas las novias que se ha beneficiado el monarca. Que, pienso yo, algo habrá tenido que ver también. Y si es de los que se dejan hacer, peor aún.
- Unas putas, eso es lo que son todas, repite una media de dos veces por página.
Cuando ella perora yo me finjo dormida salvo cuando levanta la voz, como si estuviera en el Congreso de los Diputados, y se altera toda ella, que no hay forma de disimular. Abro los ojos y la miro con espanto.
Entonces, se me enfrenta y pregunta:
- Tú ¿qué miras, gata tonta?
Ganas me dan de responderla.
- Miro a una humana tonta de verdad, que como no sabe alcanzar las uvas dice que están verdes.
Pero no digo ni miau, que en mi caso estaría justificado. Porque yo soy de poco discutir. No como mi humana, a quien le encantan las trifulcas.
Aunque no siempre lo parezca ésta es una casa bastante civilizada y mi humana se reprime las ganas de retorcer la cabeza a la cuñada cuando se pone muy pesada, aunque yo le oigo crujir los músculos del esfuerzo de contención. Por lo general, sonríe como si la quisiera verdaderamente. Hasta que salta con mi humano alfa:
- Tu hermana no es más tonta porque no practica, deja caer.
- Practicar en tontería es, justamente, lo que lleva haciendo toda su vida, responde mi humano. Al contrario que ella, él es un flemático.
Creo que se aproxima el gran día porque va llegando a Madrid la plantilla familiar al completo. Espero que la Miss no se demore porque estoy pensando en emigrar a otra casa que resulte más acogedora que esta.
jueves 19 de enero de 2012
La cuñada
Una de las cosas buenas de ser gata y no humana es que no tienes cuñadas. A mi humana alfa a veces le gustaría ser gata. Se lo noto estos días en la forma que me mira.
Por si no lo saben, mi humano alfa no nació en esta casa. No, nació en el pueblo y durante años, más de lo que suele ser costumbre en los humanos alfa, vivió feliz y contento, a su aire. Sin mujer alfa fija. Como yo, pero en humano macho.
- Siempre estaba disponible, he oído contar a un colega de entonces, para ir a las fiestas, para ir con la moto, para ir a la bodega. No tenía problemas de horario ni de noche, ni de tarde, ni de mañana. Salía de casa cuando quería, volvía cuando le daba la gana, nadie le preguntaba adónde vas ni de dónde vienes. Tenía el último modelo de coche, el último modelo de moto, el último modelo de raqueta de squash. Le veías siempre rodeado de amigas, era un tipo feliz. Hasta que llegó Ladelatiza y se jodió todo.
(Ustedes disculparán el exabrupto, que yo no seré muy ilustrada pero malhablada tampoco soy, trato, nada más, de ser fiel a lo que oigo para que ustedes pueden hacerse una composición de lugar).
Como no le conocí entonces no quiero opinar pero, aunque la humana no sea santa de mi devoción, he de confesar que ahora también parece contento: tiene raquetas, tiene moto, tiene coche, tiene amigas. No serán el último modelo pero también él va teniendo una edad.
Lo que quería explicarles es que la humana alfa se llevó un tipo escogido de calidad superior, salvo un pequeño detalle: en el lote venía la cuñada, Esmeraldita. Es lo que en los programas de la tele -que veo cuando no hay documentales en la 2- llaman una petarda. Lo que viene a ser una sinsorga.
Estos días la tenemos en casa y yo estoy de los nervios.
Conocí a la cuñada cuando vino a recoger a su gata. Era un regalo del Heredero para que estuviera acompañada. Parece que la doña estaba traspasando la edad límite en la que las humanas hembras que no se han emparejado pueden ir perdiendo toda esperanza y el niño quería hacerle una gracia.
Le trajo una gata con pedigree, una siamesa joven, de pelo lustroso y mirada aristocrática. Podía haberla llevado directamente al pueblo pero no, la trajo a esta casa unas navidades y la siamesa creyó que éste iba a ser su palacio. Fue sacarla de la cesta, verme y erizársele los bigotes. Bufaba como la olla expres. Yo soy de natural pacífico y me achiqué. Me entró miedo de que quisieran quedarse con la siamesa, me metí debajo de la cama y no salí hasta que la casa dejó de oler a gatapija.
Una sospecha boba por mi parte porque estaba claro que la pija donde encajaba era en casa de la cuñada. Allí ha vivido como una reina hasta hace un año que ha pasado a otra vida, con gran pesar de la cuñada.
Desde entonces, todo se la va en preguntar si ya me he muerto.
- ¿Qué tal la Poe? ¿Todavía resiste?, le oigo decir por el teléfono cada vez que llama.
Me pregunto a ella qué le importa cuánto resisto yo o qué culpa tengo de que se haya quedado sin la pija.
Esmeralda ha venido al médico. Eso dice. Mi humana y yo sabemos que ha venido porque no quiere perder ripio de lo que pasa con la cachorra.
Para colmo, duerme en mi habitación. Cada noche, llega al sofá, levanta mis cojines, mi manta, mi ratón, mis cosas, sin ningún miramiento, sabiendo que estoy ahí. Yo me finjo dormida para mantener el tipo.
- Anda, vete fuera, que te crees la reina de los mares, me dice al oído, para que no la oigan.
- Chiti, bonita, ven, no molestes a Esmeralda, dice mi humana en voz alta, para que la oiga la cuñada.
Yo miro a la una y a la otra y como les digo una cosa les digo otra. Mi humana se habrá llevado oro molido pero en el pecado lleva la penitencia. Vaya regalito de cuñada.
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