sábado, 18 de febrero de 2012

La duendecilla


Tengo bastante edad y he vivido lo suficiente para saber lo que es importante y lo que no lo es. Importante es que la cachorra nazca bien; no lo es que se demore su nacimiento. Pero aquí tienes a todos poniendo a caldo al cachorrólogo porque ha decidido dar otra prórroga al parto hasta el lunes.

Yo tengo mi propio problema. Como oigo la radio y veo la tele sé que éste no es el momento más adecuado para plantear mi protesta pero quiero decir alto y claro que los humanos no tienen en consideración los sentimientos felinos. Ni siquiera mi humano alfa que es casi perfecto y me dedica muchas atenciones.

Pues diré que ese ser cuasi perfecto me ha cortado las uñas sin miramiento. Es cosa que hace muy raramente, de higos a brevas, pero el sábado tuvimos una visita que le puso en alerta y ese mismo día me cortó las uñas.

Vinieron a comer, como suelen, el Heredero y la Miss, esta vez acompañados de una pareja amigos y su retoña. La pareja es holandesa. La niña viene con una pila de más voltaje que el de su edad o distinta de la de su especie porque no consigue estar quieta un solo momento. Traía un gorrito verde y parecía un duende.

Cuando los ví llegar hice lo que hago siempre: refugiarme entre los cojines del sofá hasta que pasara el temporal. Inútilmente. A la niña de las pilas+ le habían contado que en la casa había un “gatito” y ella entró preguntando directamente por él. Gatito, gatito, decía, y señalaba con el dedo a diestro y siniestro.

- El gatito está durmiendo y no le gusta que le molesten, la responde el Heredero, cosa que agradezco.

- Gatito, gatito, insiste le holandesa bebé.

- Es gatita, le aclara mi humana, y está un poco mayor, no le gustan los niños. Déjala que descanse.

Eso es hablar, me digo, pasando por alto lo de mi edad. No me gustan los niños, no me gustan nada, por si no les había quedado claro. Tampoco me gustan todos los mayores, pero los niños, ninguno.

- Gatito, quiero ver gatito, repetía la niña.

- ¡Como se le meta una cosa en la cabeza no para hasta que lo consigue, en eso ha salido a su papá!, comenta la humana holandesa.

El papá de la pila andante no se da por aludido así que la mamá se siente autorizada a contarnos las hazañas de su retoña. Una larga retahíla de travesuras como para poner de punta los pelos del bigote.

Un día, la duendecilla se encerró en la terraza y otro cerró la puerta de casa cuando la madre había salido a atender al cartero lo que, en ambos casos, requirió la presencia de los bomberos para abrir las puertas. Aunque lo peor había ocurrido en Sevilla.

- Estábamos paseando por la zona de la Torre del Oro haciendo tiempo para volver a Madrid cuando la niña señaló el río Guadalquivir diciendo: ¡piscina grande!, contaba la orgullosa mamá.

La holandesa recordaba que, como son muy modernos, habían matriculado a la duendecilla en natación antes de que aprendiera a andar y la niña identificaba con su piscina toda masa acuosa que veía. El hecho es que no se percataron de que la niña se acercaba a la orilla y se tiraba directamente al agua. Grandes gritos de la madre y allá que va el padre detrás de la retoña que jugaba en el agua como si se tratara, en efecto, de una piscina grande.

- Teníais que vernos, los tres empapados y las maletas en el coche, concluye la holandesa, encantada de ser el centro de atención. 

La niña se desentendió del relato, que ha debido de oir cien o doscientas veces, y siguió por toda la casa buscando al gatito, gatito.

- Ten cuidado con la niña, no rompa algo, advierte la Miss a mi humana, que salió detrás de la criatura y volvió con ella al cuarto donde yo estaba cobijada. La de las pilas+ se tira directamente a los cojines debajo de los que me resguardo. Cuando me descubre, grita como si hubiera visto un rinoceronte.

- ¡Gatito, está el gatito, quiero jugar con el gatito!, repite a gritos y se me echa encima como si yo fuera otro cojín. Yo me asusto, me pongo nerviosa y la bufo. Saco las uñas sin querer. Sin querer hacer daño, me refiero. Pero la niña se clava un brazo en mis uñas y grita más.

- Pupa, pupa, gatito pupa.

La Miss coge a la duendecilla y la separa del sofá. Mi humana me mira con cara enfadada. Todas las mujeres miran el brazo de la niña como si le hubiera desgarrado las vísceras.

- Ya podéis tener cuidado con el gato cuando nazca la bebé, dice la holandesa, un poco mosqueada.

- Es gata, refunfuña mi humana alfa.

A los gritos de la niña vinieron los hombres. Yo quería desaparecer pero no había salida, entre todos tapaban la puerta. Mi humano me coge en brazos y me riñe.

- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué arañas a la niña, no ves que es pequeña?, insiste, como si yo pudiera responderle en su idioma. Yo estoy hiperasustada y creo que voy a hiperventilar, como dice la Miss. Todos me miran. El holandés machaca.

- Deberíais tener cuidado. Un gato en casa es un peligro cuando hay niños pequeños.

Mi humano me devuelve al sillón, pone los cojines por encima hasta dejarme a oscuras y salen de la habitación.

Cuando se despedían, los holandeses entraron en la habitación donde seguía escondida bajo los cojines. La duendecilla me mira muy seria y me dice:

- A la niña no se le araña, gatito malo, y si arañas, la niña te meterá los dedos en los ojos.

Los papás ríen la frase de la niña como si hubiera recitado el segundo acto de Hamlet. 

Mi humano no volvió a mencionar el incidente con la duendecilla pero en cuanto se fueron me cogió en brazos, me sacó a la terraza y me cortó las uñas. Tiene miedo de que arañe a la cachorra pero la primera consecuencia es que sin uñas no he podido abrir el ordenador y menos aún escribir.

No pensaba arañar a la niña ni a ningún otro miembro de la familia pero me ha dejado como una gata con guantes.

Y el lunes, de parto.

7 comentarios:

Uma dijo...

oye! y no os habeis planteao decirle al cachorrologo que el martes es capicua! seria una fecha chula ¿no? 21.02.2012...o que empiecen las induccion tardecito a ver si llega! la duende un trasto no? miedo me da que mi Boli me salga asi...aunque espero no reirle tanto las gracias!
Besos

Poe dijo...

Uma: yo no me planteo nada. Es más, a mi me parece que el cachorrólogo les ha cogido el punto a los novatos y a sus papás y se está quedando con ellos.
Pero aprovecho que mis humanos están enfrascados con los Goya y han dejado el ordenador abierto para decirte que te sigo desde hace tiempo y que tu Bolica me cae bien. Me temo que a mí se me ha acabado la tranquilidad.

Tita dijo...

Los niños cuando se ponen insoportables, son insoportables, Poe, pero los papás que no los atan a la silla aún a riesgo de quedar con sargentos intransigentes...casi más.

Siento lo de tus uñas, al final pagan justos por pecadores!

Pilar dijo...

Y la madre de la niña de duracell, nadie le explica que de gracietas a problemas hay un par de años, con suerte, en fin...que a mi tampoco me gustan algunos padres, digo, niños.

Seguro que andas muy elegante con guantes, bueno sin uñas.

Poe dijo...

Tita: no lo digo por experiencia pero me huelo que educar a un niño debe ser una tarea difícil

Poe dijo...

Pilar: digo como a Tita, que debe de ser difícil educar a un niño. Y para los papás debe ser complicado no caer en la tentación de vivir su vida a través de sus retoños.

Tita dijo...

Poe, preguntalé a tu ama y te dirá.

Es lo más difícil que he hecho nunca, y sin garantía alguna de hacerlo bien, hasta ver resultados en unos años.

Dicen que algo queda. Eso espero.