
Con frecuencia me pregunto cómo aprendería el personal los hábitos sociales antes del cine. En los libros, imagino. Yo pertenezco a la generación que se instruyó en las destrezas de relación con las heroínas cinematográficas.
¿Cuál era el ángulo exacto que había que poner la cara para no aplastarte la nariz al darte ese beso tan esperado? Ahí estaba el cine para decirte cómo.
¿Cómo adquirir la pericia necesaria para llevar aquellos pantalones de campana que se llevaban en mi juventud (la primera, quiero decir) sin darte un tozolón al segundo paso? Pues ahí estaba la gran Katherine Hepburn para instruirte.

¿Hay forma de llorar a lágrima viva sin hacer pucheros ni que te salgan los mocos? Meryl Streep te enseña la manera.

Y ya metidos en faena, ¿se puede dejar a un mozo – alternativamente, te puede dejar a ti – sin que montes un número que tiembla el misterio? Se puede, ahí está Catherine Deneuve para mostrarte técnicas de indiferencia, capaz de poner gesto de asquito sin perder un ápice de su hermosura.

He de añadir que a mi la Deneuve me ha sido de mucha utilidad, además de para el gesto de ahí te pudras. Mírala como se ha hecho mayor, ha cogido unos kilitos y sigue estando espléndida.
Actualmente, los cambios son tan vertiginosos que no estoy segura de si es el cine quien ofrece los modelos a seguir o más bien recoge las tendencias sociales. Pensaba estas cosas a propósito de las últimas pelis que he visto: No es tan fácil y Up in the air.
En la primera, Meryl Street está divorciada de un tipo que se largó para casarse con una chica joven. La pareja divorciada es padre de tres hijos y, coincidiendo con la graduación del chico, tienen un rollete. Alec Baldwin es el ex y, como todos los ex, gordo y fofo, que hay que ver lo mal que les sienta el divorcio a los chicos. El pollo está encantado con la aventura, mientras mantiene su vida con la chica joven como si nada. Bueno, no quiero destripar la película a quien no la haya visto, el caso es que ella, entretanto, conoce a un tipo con posibilidad de ir a más (Steve Martin) y el ex, al ver que ella está buena de la muerte, es independiente y además está en el mercado, la propone una segunda oportunidad, volver a empezar. Ella le dice que de eso nada monada. Sin poner la carita de ahí te pudras de la Deneuve pero con la misma eficacia.

En Up the air, George Clooney es un profesional que se dedica a despedir a trabajadores de empresas en crisis, se pasa la vida viajando. En uno de esos viajes, conoce a una mujer, tipo profesional independiente, guapa y decidida, y se enrollan. Nada de importancia, convienen ambos. Pasa el tiempo y cuando se complica el asunto, él la busca y resulta que ella tiene una familia convencional. Lo nuestro era un paréntesis, nada serio, le dice. Y él se queda como mustio.

Mi duda es si se trata de una coincidencia el que dos películas de éxito presenten a mujeres decididas que escogen lo que quieren hacer con sus vidas, independientemente de lo que decidan las parejas respectivas; si es que de verdad las mujeres vamos por la vida como apisonadoras y el cine recoge lo que pasa; o es que ese es el modelo que ofrece el cine y las mujeres tratan de ajustarse al propotipo como yo me ajustaba los pantalones para no caerme.
La duda deviene en pregunta: ¿es imprescindible comportarse como un macho tradicional para ser una mujer independiente?
De las dos películas, la de Clooney me parece la más verosímil. En los países desarrollados las cosas se hacen así, a lo bestia. En cuanto a la de Meryl, es posible que algunas ex parejas se enrollen ocasionalmente pero a mí se me hace difícil de creer. A un tío que se ha largado de mala manera, que se portó guarramente y sigue portándose igual, que encima está gordo y fofo, ya le puede ir follando un pez.