domingo, 15 de agosto de 2010

Mardito roedore


Me pasa con agosto lo que al gato de los dibujos animados, que no me gusta. Así que en vez de “marditoz roedores” yo suelo terminar el mes diciendo maldito agosto.

Manías particulares aparte, no me gusta agosto porque aguanto mal el calor, porque la gente se amontona – nos amontonamos - en los mismos lugares, a las mismas horas, los mismos días. Y porque casi todos los agostos me ocurre algo malo.

Así que cada año desde que amanece el día 1 del mes estoy deseando que se ponga el sol el día 31.

El pasado viernes llamó la Miss.

- Que si queréis venir a comer con nosotros y con mis padres a nuestra casa de Donosti.

- Huy, hija, imposible, estamos muy liados, respondo rápidamente.

En eso estoy pensando yo, en una reunión familiar con los padres de la Miss, pienso incluso antes de colgar el móvil. Vamos, ni loca. Poco después, llama el Heredero.

- ¿Por qué no quieres comer con nosotros?, pregunta en tono mosqueado.

- ¿Desde cuándo no quiero yo comer contigo?, me hago la tonta.

- ¿Qué tenéis que hacer tan importante para no poder venir a San Sebastián a comer con nosotros y con los padres de la Miss?, insiste él.

- Estamos en el pueblo y también tenemos compromisos, me defiendo.

- Pero podréis dejarlo un día y venir a comer con tu hijo, remacha él con la habilidad que suele.

- Pues mira, nene, decido ir por lo directo, para comer contigo vamos donde sea preciso, incluso con la Miss, si a ti te hace ilusión. Pero no sé por qué tengo que conocer a los padres de la Miss. Y menos aún comer con ellos.

- Algún día tendrás que conocerlos, responde.

- ¿Tan en serio va la cosa?, pregunto yo.

- ¿Qué pasaría si fuera en serio?, se me pone chulito.

- Pues cuando eso ocurra, me avisas, me pongo yo a tono.


Se lo cuento a mi chico que, como siempre, se pone a templar gaitas.

- Pues en Sanse se come bien, eso seguro, dice.

- ¿Comes mal cuando guiso yo?, me voy por la tremenda.

- Bueno, pues cuando decidas lo que quieres, me lo dices pero a mí no me parece mal reunirnos.

A la media hora vuelve a sonar el teléfono. Es Mamen.

- Oye, que estamos de excursión y hemos pensado que podíamos comer juntos.

- ¿Dónde?, pregunto aunque ya me sé la respuesta.

- Hemos pensado que en la Bella Easo. Y, si no fuera porque la conozco bien, su voz sonaría inocente.

- ¿Lo habéis pensado tú y cuántos más?, y también pongo voz de inocente, pero se ve que no lo suficiente.

- ¿Estás con la regla, por milagro de la ciencia?, me dice con sorna.

- A ver, cuéntame qué pasa. Me rindo.

- Me ha llamado tu heredero y dice que no quieres conocer a sus suegros in pectore y que la Miss está muy triste por esa razón. Y, escucha lo que te digo, si la Miss se pone triste tu heredero no moja, y a este paso no vamos a ser abuelas nunca y se nos va a pasar el arroz.

- Ya hago bastante con conocer a sus novias como para empezar a conocer a sus suegros, para que pasado mañana diga que él no quiere compromisos, argumento muy dignamente.

- ¡Qué perras coges, chica! Con lo que a mí me gusta conocer gente nueva. Y que sepas que tus consuegros son gente bien.

- No son mis consuegros, alego.

- Pues razón de más para que no te importe conocer a un matrimonio maduro de San Sebastián.

A media tarde del mismo viernes, después de haber hablado con el Heredero y con la Miss, que se me emociona hasta las lágrimas en el teléfono, nos ponemos en camino.
Quedamos con Mamen y Carlos en Vitoria para desde allí hacer juntos el camino. Hay bastante tráfico en la autopista. Cuando estamos llegando a Sanse, perdemos de vista el coche de nuestros amigos, que ha venido siguiéndonos. Cuando vamos a desembocar en otro enlace, hago ademán de llamarles por el móvil para ver dónde están y no perdernos. Mi chico se despista o algo así, de manera que no reacciona con la suficiente rapidez para evitar a otro coche que está haciendo el stop de incorporación. El catacrack desplaza ligeramente a la furgoneta que nos precedía.

- Cuarenta y cuatro años conduciendo y el primer golpe me lo voy a dar precisamente hoy, murmura el pobre.

Nos bajamos para el asunto de los trámites. El conductor de la furgoneta es un tipo alto con cara de susto. No encuentra la documentación. En el asiento del copiloto, un niño que dice tener diez años pero aparenta dieciocho está lívido del mismo susto. Debe ser esa la razón por la que la mujer no acierta a abrir la puerta de la furgo. El hombre encuentra por fin sus papeles. Le advierte a mi chico:

- Preste mucha atención que lo mismo no sabe escribir mi apellido, es que es vasco. Somos de Erandio.

Estoy a punto de decirle que mi chico, a pesar de lo que haya podido deducir por la embestida, es más espabilado que él y además hizo la carrera en Deusto pero me callo para no echar leña al fuego. El gran hombre vasco resulta apellidarse Torrealdea. Vasco total, sí señor.

Revisamos los coches, el nuestro no tiene nada; el suyo aparentemente tampoco pero el gran hombre se empeña en que la puerta trasera no cierra bien. Mi chico lo anota en el parte de incidencias. El adolescente dice que le duele un poco el cuello; la madre cae en la cuenta de que a ella también. El gran hombre no dice nada.

Cuando ya hemos terminado los trámites aparecen nuestros amigos.

- ¿Qué ha pasado?, pregunta Mamen.

- Que estamos en agosto, eso es lo que pasa, respondo yo. ¡Maldito Octavio César Augusto!

- Marditoz roedorez, añade mi chico tratando de quitar hierro al incidente aunque en realidad aún no se ha repuesto de la mala leche.

3 comentarios:

Pilar dijo...

Ay guapa, si el dia pasa a la historia por el golpe, ni bien ni mal.

No sea rácana y cuenta (lo que puedas) de la comida con los padres de la Miss.

Me pongo en tus zapatos (hoy no que me duelen mucho) y no sé que pasará con mis dos herederos.

Un beso,

BET dijo...

A mi me gustaba agosto cuando me íba de vacaciones con mis padres al pueblo, eso si era disfrutar de agosto !

Ahora la verdad es que cada vez me gusta menos y es que odio que nos amontonemos, para las vaciones prefiero cualquier mes del año menos este.

Entiendo a tu chico, que rábia y que incordio el papelo pufff... lo importante es que al final quedó en un susto no ? y la comida que tal ? espero que al menos la disfrutárais.

Besos !

Uma dijo...

Comparto la mala gana por Agosto...pero solo si me obligan a cogerme vacaciones...para trabajar en Madrid está genial...se conduce mejor, se trabaja menos....en fin!!
me alegro de que no fuera nada, me habia asustado!
besos