lunes, 7 de febrero de 2011

Mujeres

La boda se nos echa encima y la situación se complica. ¿Le explicamos a Gigi que su amiga Mo es una compañía peligrosa? Ítem más ¿Sabe Gigi las inclinaciones de su amiga? Dejando al margen esta vía secundaria, ¿qué hacemos tanta gente preparando una boda? Abundando en la misma herida ¿Qué pintamos nosotros en una historia que debiera de ser cosa de dos?

Lo hablábamos este fin de semana y, a lo que parece, el único que tiene las ideas claras es mi chico.

- ¡Cómo os gusta comeros el coco!, nos dice a Mamen y a mí, cuando sacamos el tema. Para los chicos este puede ser un día importante o un día de fiesta o una ocasión para echarse unas risas con la familia y los amigos. Y seguro que no le dan tantas vueltas. Yo lo veo como una oportunidad para reunirnos todos y pasarlo bien, como se hacían las cosas antaño. ¿No quieren pueblo los vascos? Pues les damos pueblo…

Lo dice como si estuviéramos organizando un guateque, de manera que casi da apuro descender a los detalles.

- Esa es otra, la fiesta en el pueblo, ¿cómo vamos a organizarlo?, pregunto.

- Pues como se han organizado estas cosas de toda la vida, entre todos, tú desentiéndete de eso, trata de tranquilizarme.

Bien mirado, no sé qué es peor si tener que montar un jolgorio para 200 vecinos o dejarlo que lo monte mi chico al estilo Pancho Villa. Recuerdo entonces la propuesta de Mo de organizar el catering pero me callo, que no quiero ahondar la herida.

- Eso, dejádnoslo a nosotros que vosotras vais a estar muy ocupadas buscando trapos…, tercia Charly, a quien la providencia le ha dotado de grandes virtudes pero no del don de la oportunidad.

- Página primera del perfecto machista: las chicas a sus trapitos que es para lo único que valen, le advierte Mamen.

Mi chico se percata del traspiés rápidamente y echa un capote como puede.

- Charly quiere decir que lo primero que tenéis que hacer es mirar la ropa, que luego os queda mucha tarea por delante.

- Anda que si no es por nosotras apañada iba la boda, remacho por solidaridad.

- Bueno, los chicos haremos lo que podamos, se defiende mi chico. Charly se ha quedado mudo.

- Ya veréis al final a quién les toca apechugar, comenta Mamen: a las chicas, como siempre.

Aprovecho la hora del café – y el duermevela posterior - para hacer un repaso de nuestros efectivos: la Miss, Gigi, Mo, Mamen y Esmeralda.

La Miss es una chica moderna que ha aprovechado las oportunidades que le ha ofrecido la vida en general y los posibles de su papá en particular. Es inteligente, educada, habla idiomas, ha vivido un año en Londres, ha viajado por cuatro continentes, tiene un trabajo interesante que le gusta, ha tenido varios novios antes del Heredero y ha decidido que es con éste con quien quiere casarse, tiene su propia casa, seguramente tendrá hijos cuando lo crea oportuno. Oculta a sus padres los detalles de su vida que a ellos les costaría asimilar – creo que más por evitar roces que por cobardía – de la misma manera que lo ocultábamos las chicas de mi generación: para evitar broncas inútiles. Pero ella sabe que tiene las riendas de su vida y la maneja como estima conveniente. En cuanto a la boda, ella se pone a sí misma, no tiene intención de añadir mucho más.

Gigi es un ejemplo – malo – de una vida bajo control permanente. Luego hablan de las islamistas, pero ésta se lleva poca diferencia. Creció protegida por una familia de la alta burguesía vasca, frecuentó colegios de renombre donde le enseñaron materias perfectamente inútiles y, llegada a la edad de matrimoniar, casó con un ejemplar de su misma especie pero de la rama productiva, el tal Ignacio. Va a entrar en la sesentena sin haber entendido que le vida es una opción personal e intransferible. A ratos me entran ganas de explicarle las primeras letras del catón pero enseguida pienso ¿y si la cosa no resulta? Si fuera fácil, me digo, se las habría explicado su hija.

Observa la boda como si preparara una expedición al Amazonas, llegado el caso, reclamará la ayuda de un profesional del ramo y nos dejará colgadas de la brocha. Creo que simpatiza con Mamen y conmigo porque le mostramos un mundo que siente lejano y que le asusta y le atrae a la vez. Pero si ha llegado a su edad con esa inocencia angelical de la que da muestra no vamos a espabilarla nosotras. Milagros así no suceden a diario y ella ya tuvo su ración con el polvo glorioso de fin de año.

Mo es coetánea de Gigi pero sus vidas no pueden ser más distintas. Es una mujer ilustrada que ha sabido reorientar la formación dirigida a señoritas profesionalmente ociosas en un oficio rentable como relaciones públicas y jefa de protocolo de una institución vasca. Según parece, decidió independizarse cuando su padre pretendió arreglarle un matrimonio con un Ignacio bis. Es enérgica y resolutiva.

Su conexión con la boda es a petición de parte: le ha llamado Gigi, sea en base a su amistad o por encargo profesional. Lo mismo se anima con la cuñada o sale por pies al segundo intento.

La cuñada es un novelón andante y no es que me ciegue la pasión familiar. Ya lo he dicho y he de repetirlo para que alguien me crea: jamás ha tomado una decisión por sí misma, más allá de si se compra un vestido, unos zapatos o una pulsera. Jamás ha ganado un céntimo con su trabajo y, por ende, no tiene ni la más remota idea de lo que valen las cosas. Como le han dado miedo los avatares de su propia existencia tampoco sabe lo que significa un afecto, un beso. Ahí se termina su biografía.

Cuando estoy deslenguada – lo que procuro evitar para no herir a mi chico – digo que no quiere a nadie, ni siquiera a ella misma. Lo digo sin ánimo de herir, es verdad, se le han atrofiado los sentimientos por falta de práctica.

A Esmeralda el Heredero le importa lo justo, que es poco. Si no le importa su hermano, menos le va a importar un sobrino postizo. Pero ha encontrado en la boda una manera de entretener su existencia durante unos meses. Si durara más se cansaría pero como es poco tiempo, seguramente aguantará el tirón y será útil. Menos da una piedra.

Mamen es, lo reitero, como de la familia. Más aún, creo que es quien más está disfrutando de casar a su sobrino putativo con una chica tan mona como la Miss, de una familia medio aristócrata y forrada. No porque ella sea interesada, que no lo es en absoluto, sino porque le parece que eso es lo menos que se merece el Heredero. Como, además, no tiene hijos y yo ejerzo poco de madre omnipresente ésta es una ocasión de oro para que ella mangonee a su gusto. Es muy competente en esta materia porque tiene buen gusto y criterio y no le importa trabajar lo que sea preciso.

La miro y la recuerdo cuando ambas éramos (mucho más) jóvenes y hablábamos de este momento como una hipótesis lejana: casar al niño. Cuando terminaban los años setenta no podíamos sospechar que la sociedad iba a dar un cambio tan radical. Aquellos jóvenes de entonces hemos dado en los ejemplares que hoy nos movemos en los negocios, el periodismo, la gestión, la administración, el hogar, la nada... Hemos evolucionado como seguramente lo hicieron nuestros padres de la juventud a la madurez pero el resultado del conjunto no se parece en nada al que vivieron nuestros progenitores. La familia monolítica del aquí se hace lo que yo digo que para eso soy el padre, los chicos a estudiar y las chicas a la casa y la madre imposibilitada civil ha desaparecido. A mi modo de ver, afortunadamente.

Hoy las familias son plurales y, como siempre, las hay felices y desgraciadas, unidas y desestructuradas, sinceras e hipócritas. Un hombre que se queda impar no tiene que dar explicaciones de su sexualidad. Una mujer, tampoco. Una mujer, como un hombre, puede optar entre casarse o no, entre tener hijos biológicos o adoptarlos o no tenerlos pero podrá mantenerlos con sus propios recursos.

Los santos padres vascos son los únicos que no se han percatado del cambio y mantienen una apariencia de que todo está en orden, a la antigua usanza.

Ello me lleva a un asunto que hemos de resolver: ¿quién invita al enlace? ¿Los novios? ¿El ex y yo y los santos padres? ¿Los santos padres y mi chico y yo? Tengo que anotarlo para hablarlo con los novios.

6 comentarios:

Pilar dijo...

Hemos cambiado mucho, pero nos queda apostentarlo y vivirlo con normalidad, y no tener que pagar en plazos de sangre.

Perdona, me pierdo con reflexiones, y lo de la boda es mucho más agradable, seguro que en cuanto saques la agenda y te pongas a ello (la lista de Mamen es una guía fenomenal) lo tienes dominado.

¿Quien invita? Pues depende de lo grato que sea hablar con el padre de la criatura, porque en plan tradicional los padres de la Miss encantados, pero si no "mola" la formula el heredero y la mis en compañía de nuestras familias, seguro que no desentona con la letra inglesa que ya perdonarás que me salga la vena cursi, a mí es la que más me gusta.

En todo caso, estoy con los hombres de la casa, lo primero mirar los trapos....

Tita dijo...

Glorioso post, me alegro que los vayas haciendo un poquitillo más largos, que siempre nos quedamos a dos velas!!!

Buenísima conclusión, y cuanto dicen de los tiempos antiguos y los de ahora ¿quien invita, los papás o los novios?

¡Más, más!

Pd. Genial término (y triste) "imposibilitada civil"

Mary Limón Roe dijo...

Jopé hija. Que problema.
¿A quien sientas en la mesa presidencial, al Ex, al In, tú misma y la In de tu Ex?. O los dejas fuera.
Problema, problema problema.

La de la tiza dijo...

Pilar: en esas andamos, en lo de los trapos.
Tita: ay, nena, qué suerte la tuya haber llegado ya a las postrimerías de la "imposibilidad civil".
Mary Limón: bienvenida a esta tu casa. Verás, guapa, los problemas, problemas de verdad son de otra índole, lo admito. Pero, oye, esto un crucigrama cruzado de sudoku. Estamos en fase de resolución.
Besos.

Uma dijo...

Te has superado Tiza! me ha encantado tu post, tus descipciones, todo! he empezado a leer pensando que tenía que volver a post previos para ponerme al dia y he terminado conociendo a todos los miembros del comité!
Con respecto a la boda! ¿los novios no dicen nada? van a dejar que hagais a voluntad? y cuando es el evento?
besos

Valdomicer dijo...

Muy buena definición: "Imposibilitada civil".
Cabal el término, exacto, preciso.
¡¡¡¡Y lo veíamos como normal!!!! Nos habían educado así. Menos mal que nos estamos deseducando progresando adecuadamente.