lunes, 19 de marzo de 2012

La rebelión de las hormonas

Mi humana tiene fama de bruja. Ella lo cuenta riéndose, como que fuera una gracia. De vez en cuando se adelanta a dar alguna noticia, en parte por pura chiripa, en parte por el cálculo de probabilidades y en parte porque es mitad cotilla mitad observadora, pero ella cree que tiene poderes sobrenaturales. Los demás hacen como que se lo creen.

Mi humana lleva días diciendo que los chicos están pasando por una crisis. Mi humano dice que lo que pasa es que están cansados porque la Niña les absorbe toda la energía y ha tenido la genial idea de proponer que vengan unos días a casa para que les puedan ayudar en el cuidado de la cachorra y ellos puedan descansar.

Yo les escucho a ambos y, por esta vez, me alegro de no hablar su mismo idioma. Porque no quiero darles un disgusto, pero el asunto pinta mal. 

Parece que al Heredero y a la Miss les ha costado decidirse pero, finalmente, aceptaron pasar una semana de gorra en casa de los abuelos.

Como ya he contado, comparto habitación con la Niña. Pasando por alto otras menudencias, eso significa que soy testigo –involuntaria, pero testigo- de lo que hablan la nueva mamá y el nuevo papá. Y de lo que no hablan. De cómo se miran.

La Miss ha sufrido una mutación después del parto. Me dirán: todas las mujeres cambian después de parir. 
No, el suyo es un cambio que no tiene nada que ver con su aspecto, más sutil y más profundo. Empieza por la mirada, que recuerda a la de las gatas en puerperio; sigue por la forma de moverse, como si estuviera al acecho de que le fueran a robar, y continúa en la manera de tratar al Heredero.

En ese punto es donde primero me percaté de que la Niña había cambiado el status anterior. Antes de su llegada, la Miss era toda dulzura y las palabras que cruzaba con el Heredero rezumaban almíbar a chorros.

- Sí, cariño. Lo que tú digas, cariño. Sí, mi vida.

Ese tipo de empalago que, a fuerza de repetido, acababa por resultar natural en ella. Pero no eran solo las palabras, también la forma de mirarlo. Una manera que viene a decir: Este lo quiero para mí.

El Heredero había tenido muchas novias antes de la Miss. Era lo que mi humana llama un “picaflores”. Hoy con una, mañana con otra, sin complicaciones ni compromisos. Nunca tuvo intención de casarse y de hijos, ni pensar. Pero llegó la Miss y puso en marcha la “Operación Gota Malaya”.

Tengo que decir, a quienes no la conozcan, que la Miss no necesita de ninguna estrategia frente a un humano macho normal. Pero el Heredero no es muy normal. Así que llegó la Miss, le hizo ojitos, una chica que quita el hipo, y se le puso melosa. Lo que tú digas, cariño. Sí, cariño. Y el Heredero, gota a gota, empezó a ponerse tierno.

De ahí al matrimonio hay un trecho pero la Miss le fue subiendo poco a poco al tobogán y cuando ya estaba arriba le dio un empujoncillo. Zasss. Un bodorrio de altos vuelos en el pueblo de mi humano alfa. Aún no hace un año que se casaron y ya ven.

No sé si lo ven pero yo se lo cuento. Desde que ha nacido la Niña, la Miss ya no mira al Heredero con ojos de vaca enamorada, tampoco repite con la misma insistencia el sí cariño, lo que tú digas cariño. Ahora, la Miss mira a su Niña como la Luna debe mirar a la Tierra, con cuidado de no perder la órbita. Al Heredero le ha sacado de la órbita y le hace el caso justito, justito para que no parezca una visita.

Nada sin mi Niña, es su lema. Otro, la Niña es mía. A los demás se la deja con cuentagotas según su santa voluntad. Con mi humano también lo intenta pero él hace como que no la oye y coge a la Niña cuando quiere. Es el único que se salva. A mi humana, en cambio, la tiene a raya.

Hace unos días, el Heredero entró en la habitación sigilosamente, mientras la Niña dormía. No había llegado a la cuna cuando ya estaba la Miss encima.

- ¿Qué vas a hacer?, le preguntó en plan ordeno y mando.

- Quería ver si se había despertado, respondió él, con un tono de sumisión totalmente desconocida.

- Pues me lo dices y ya te digo yo que sí que está dormida, oigo a la Miss. 

El Heredero se calló. Quién te ha visto y quién te ve, pensé.

Estaba pensando en ese cambio tan radical cuando en un programa de cotilleo de la tele –de esos que mi humana dice que no ve- oigo que a una famosa le preguntan por su cachorro.

- Es el hombre de mi vida, ni su padre ni nadie, él es mi único amor, responde.

Mi humana, que está al quite, comenta:

- Otra a la que se le ha puesto la hormona de punta. Va a ser verdad que algunas mujeres lo único que esperan de la vida es ser madres.

Como sea eso lo que le pasa a la Miss no es nada la que nos espera.

6 comentarios:

ODRY dijo...

Como no iba a caer en sus brazos el heredero, si la miss es espectacular como mujer y como persona.

Un besito y paciencia que todo pasa.

Tita dijo...

Me pregunto que diría mi rubia (la perra de entonces) al verme. No recuerdo hacerle mucho caso al santo. Era tanta la responsabilidad percibida que supongo que te sumerges sin más consideraciones.

Uma dijo...

son fases! paciencia!

Cruela dijo...

Digamos que la Miss sabe que con la niña al heredero ya lo tiene bien atrapado así que relaja las formas pero supongo que el fondo o sea el amor por él lo sigue teniendo, y es que una recién nacido agota tanto que al final saltas a la primera
Besos

Valdomicer dijo...

Queridísima Poe:
¡No me digas que ha sido su primer día del padre y el pobre heredero se ha quedado sin su corbata!
Malo. Me temo lo peor.
Caricias en el lomo.

Poe dijo...

Odry: perdone que le diga pero ya no es para tanto.

Tita: yo creía que la responsabilidad era de los dos pero se ve que las hormonas son solo de ellas.

Uma: esa es mi esperanza, que pase la fase.

Cruela: lo dicho, que la criatura es de los dos, no solo de ella.

Valdomicer: pues, mire, se me ha pasado ese detalle. Estaré atenta y si me entero, se lo cuento. Pero, una vez más, coincido con usted, yo también me temo lo peor. Ronroneos cariñosos.