martes, 15 de diciembre de 2009

La Miss



Ayer me telefonéo la Miss por enésima vez. ¿Estás muy ocupada?, me dijo
Bastante, respondí. Porque sigo sin tener ganas de más nuera(s), ni en singular ni en plural.

- Es que me gustaría que comiéramos juntas o, al menos, que tomáramos café. Tengo algo importante que consultarte, insistió.

- Creo que no soy la más adecuada para ese papel, me defendí, harto tengo con saber qué he de hacer yo como para saber lo que deben hacer los demás.

- Te lo agradecería mucho… y su voz sonaba en el móvil entre melosa y lastimera.

Me ablandé, cagüen la mar, por qué seré tan floja, me digo siempre. Quedamos a comer en un restaurante discreto y no caro entre el ministerio y la asociación. Se presentó puntual, menos mal. En plan Paris Hilton bis, la Miss. Con la misma desenvoltura - ¿De dónde habrá sacado la voz lastimera? – las mismas piernas kilométricas – deberían estar prohibidas en la vía pública – enfundadas en unas botas marrones que le llegaban a la mitad del muslo, separadas diez centímetros de la minifalda. Hacía frío de narices pero ella se cubría – es una forma de expresarme – con un chaquetón que pretendía ser tres cuartos pero que si me lo pusiera yo – en la hipótesis improbable de que pudiera hacerlo – no pasaría de chaquetita corta. Protegía su garganta con una bufanda color medio butano medio naranja y se cubría o se adornaba la cabeza con una boina parisina. Muy chic, sí señora.

Aún no había terminado de abrir la puerta y más de la mitad de los comensales, exactamente los machitos que a esa hora se disponían a comer o comían ya, se volvieron como con resorte hacia ella. La Miss se paró un instante. ¡Eh, chicos, ya he venido, miradme!, parecía decir. Se dirigió directamente a mi mesa, sin darme tiempo a reaccionar. Un segundo de distracción y me habría fugado. Pero no, ahí estábamos ambas. La Miss y la suegra ordenanza. Lo volví a comprobar: me saca una cabeza de altura.

Elegimos el menú sin prisa, nos trajeron los primeros platos y empezamos a comer con la misma tranquilidad, sin que ella diera muestra de la inquietud que me había parecido observar a través del teléfono.

- Pues tú dirás, resolví yo, que ya me veía confraternizando con la Miss, líbreme de tentaciones semejantes.

- Me gustaría que fuéramos amigas, empezó.

- ¿Para qué quieres que seamos amigas tú y yo?, le respondí con franqueza, ya tienes a mi heredero, debería ser suficiente con un representante de la familia.

- Yo quiero mucho a tu hijo, añadió recuperando su tono meloso.

- Pues anda que yo, contesté, por si se había creído otra cosa.

- Ya, pero yo le quiero como pareja para toda la vida.

- Pues eso a quien tienes que proponérselo es a él, a mí me da lo mismo.

- Es que ya se lo he propuesto y me parece que no está por la labor, se lamentaba.

- Algo de eso me parece haber oído, admití.

- ¿Te ha dicho algo?, preguntó, sobresaltada.

- Algo en concreto referido a ti, no. Pero le tengo oído cienes y cienes de veces que él no quiere compromisos ni cargas, que quiere andar por la vida ligero de equipaje y libre cual pajarillo volandero y cosas de parecida intensidad romántica.

- Lo mismo me dice a mí, admitió la Miss.

- Pues ya sabes a qué atenerte, no será por falta de sinceridad.

- Es que yo le quiero, repitió.

- Ya, y yo también, pero eso no me impide ver que no hay más cera que la que arde.
Lo que no me explico, le dije y me digo, es que, sabiendo del pie que cojea el pollo, insistas en montar un rollo romántico. Los tiros no van por ahí. A él le gusta tener chicas monas a su lado, y en ese punto hay que reconocer que la Miss cumple todos los parámetros de calidad; le gusta el colegueo, la cuadrilla, los amigos, la aventura, ganar dinero y, llegado el caso, un buen polvo. Probablemente, en ese orden. Todo ello sin compromisos, responsabilidades ni obligaciones. Nada de boda, nada de hijos, nada de proyectos comunes.

- Ya lo sé, reconoció la Miss, pero yo le quiero.

- Nena, te reiteras, advertí, por mi parte. El amor corresponde a un negociado diferente. Es posible que le quieras, que no digo yo que no, pero no parece que él te corresponda. Puedes insistir y a lo mejor llega un momento en que le coges en un momento tonto y te dice que si pero ¿tu quieres estar con alguien que no quiere estar contigo?

- Él si quiere estar conmigo, protestó tímidamente la Miss.

- Vale, la cuestión es saber por cuanto tiempo y en qué condiciones.

- Yo, es que le quiero mucho, machacó una vez más.

- Mira, nena, terminé por explotar, a mí no me gusta el papel de suegra pero menos aún el de madrastra así que no me hagas hacer un papelón. No vuelvas a decirme otra vez cuanto quieres a mi heredero porque me levanto y me voy. Intenta explicarme para que yo pueda entenderlo como es posible que una chica como tu, con buena formación, un buen trabajo, que ya es una bicoca en los tiempos que corren, que puedes mantener un nivel de vida de calidad, que puedes elegir lo que quieres hacer, quiere atarse a alguien que no valora tus cualidades ni te valora a ti lo suficiente. ¿Cómo es posible que con lo listas que eres no sepas que las relaciones de pareja o son en un plano de igualdad o no son? ¿Para qué quieres a un tipo que quiere seguir siendo adolescente toda la vida? Tu eres una persona adulta, libre y autosuficiente que puede elegir. Elegir es mucho más de lo que han podido hacer generaciones y generaciones de mujeres. No me fastidies con que le quieres. Si te gusta, date un buen gusto al cuerpo serrano y mándale a tomar por saco hasta que aprenda lo que vales, lo que vale una mujer libre. Y si no lo aprende, date otro gusto por lo que te has librado, pero no quieras atarte a nadie que no te valora.



- Es que yo le quiero mucho, gimotéo.

En ese mismo momento, me levanté y la dejé con sus lloriqueos, sus piernas kilométricas, sus botas musleras, su minifalta, su boina, su bufanda… y la cuenta de la comida. No puedo con tanta tontería, es superior a mis fuerzas.

Por la noche los teléfonos me obsequiaron con una sinfonía de llamadas, ora el móvil, ora el fijo, ora el Heredero, ora la Miss. No lo cogí. No pienso ponerme en una semana. Anda y que os vayan dando a los dos, pensé.

4 comentarios:

Cruela dijo...

Pues sí que es de las que tiene la lengua muy larga y la falda muy corta diría Don Joaquím pero vamos la lengua la usa para repetir lo mismo... qué quieres que te diga, esta chica es tonto y enervante hubiese hecho lo mismo... si se quiere obsesionar que vaya dando la lata a otra... por qué lo hace?¿ supongo que es de las a quien nunca dicen que no y no lo asimila...
Besos

Uma dijo...

joder con la suegra!! jeje pero bien hecho que hay que valorarse un poquito y atandose a quien no te quiere te cierras puertas!! en fin!!ya modifique mi desproporcionado error (:) besos

Tita dijo...

¡Te lo dije! Esta se olía que tu pollo quiere volar, y busca aliada ¡qué películas se monta la gente con el topicazo "ganarse a la suegra"! Me alegro del discurso que la soltaste, a ver si se hace valer ya de una vez

Me he reido un montón con su descripción, un besazo

La de la tiza dijo...

Crue, Uma, Tita, hola por triplicado.
Me puede ver a una chica con buena cabeza para casi todo que pierde el trasero cuando se empecina por conquistar a un chico que no quiere ser conquistado.
Me pongo malita al comprobar las tonterías que somos capaces de hacer las chicas cuando se nos pone la hormona de punta. A los chicos la fuerza se les va en feromonas. Ains...