martes, 13 de julio de 2010

Río España

Mi amiga Mamen es rica por su casa. Eso tiene algunas ventajas, principalmente para ella, que toda la vida ha vivido como una reina mora, pero también para sus amigas que tenemos ocasión de disfrutar de sus posesiones.

Una cosa que tienen los ricos por su casa es que el patrimonio tiende al crecimiento, raramente al contrario, salvo que se sea muy manirroto o ludópata, que no es el caso de Mamen.

Otra característica de esta variedad de ricos es que suelen traer la riqueza incrustada en el pedigree. En el caso de mi amiga, traía además un casoplón en Salinas (Asturias), herencia de un tío que se murió soltero.

Como en Madrid está haciendo calor del bueno, ella y su santo emigraron la semana pasada al casoplón asturiano. El jueves me llamó.

- Que estoy pensando que os podíais venir a ver la final del mundial, propone.

- Claro, me voy con el bonobús, total, como estáis a la vuelta de la esquina, respondo.

- Con el bonobús no, pero hay unas ofertas de vuelos low cost estupendas, insiste ella, por cuatro euros os venís a casa, te pides un moscoso y pasamos un finde juntos.

Hay dos cosas que me tengo muy observado con los ricos por su casa:

a.- que tienen un sistema numeral y monetario algo diferente al del común de los mortales, de manera que sus cuatro euros no son lo mismo que mis cuatro euros.

b.- que suelen traer el inglés incorporado de serie. Con lo que nos cuesta aprenderlo a los proletarios.

- ¿Cuántos son exactamente tus cuatro euros?, pregunto.

- No más de 30, me responde.

En resumen, que convenció a mi chico de lo bien que podíamos pasar un fin de semana sueltos junto al mar y el viernes, nada más salir del trabajo, tomamos en Barajas un avión de vuelos baratos.

En el camino, como de paso, mi chico me advierte que se ha metido en el maletín un niky rojo que tiene del año de la polca, de cuando era un poco pijo y se ponía prendas de esas con logos fisnos.

- ¿Te traes tu vestido rojo para ambientar el partido?, se interesa.

- No, es un vestido de vestir, no me lo voy a traer a la playa, le digo.

- Anda, ¿te has traido los de desnudar?, se pone gracioso.

- Lo que sí que me traigo es un libro para leer mientras dure el partido, advierto, y el que avisa no es traidor.

- No te me pongas fundamentalista, nena, me dice cariñoso.

Entonces nos enfrascamos en una discusión sobre fundamentalismos, futbol y tolerancia, que nos dura todo el vuelo. Una hora después, el avión nos deja dulcemente en Oviedo, donde alquilamos un coche y emprendemos camino de Salinas.

Como desde hace días en Madrid, las calles están festoneadas de rojo y amarillo, banderas de España por todas partes: en los balcones, en los coches, en los escaparates, en los bares, en la vestimenta de la gente. La invasión.

-¡Qué plaga, ya empalaga tanta Ejpaña!, comento, un poco, sólo un poco, para incordiar.

- Desde que el hombre es hombre, siempre ha necesitado identificarse con una representación de lo colectivo, sea un trapo, una figura o cualquier otro icono, explica mi chico en plan didáctico.

- Es lo que pasa cuando el modelo lo crea el macho. Como yo soy chica… me dispongo a razonar. Pero en ese momento, él me señala un cartel que se levanta junto a un puente. “Río España”, indica.

Así que decido rendirme. Yo soy capaz de revisar dialécticamente mis opiniones pero, como le ocurriera a Felipe II, no tengo argumentos para luchar contra los elementos y la geografía juntos. Si hasta las fuerzas tectónicas se alían con el sentimiento nacional, ¿para qué perder tiempo y energías en ir contra corriente?

- Me rindo, le digo a mi chico.

Pasamos sábado y domingo entre la playa, la mesa y la sobremesa, disfrutando del fresquito de la mar, haciendo unas risas y tiempo para la hora del partido. Hemos hecho acopio de cervezas, vino, cava, jamón, queso y tortilla de patatas.

A las 7 de la tarde, las 20 personas que nos hemos juntado estamos frente al televisor que nuestros amigos han sacado al jardín. Los chicos y algunas chicas hablan de tácticas futboleras. Hacemos una porra a un euro la apuesta.

- Uno-cero, dice mi chico.

- Dos-cero a favor de España, digo yo.

- Pues claro que a favor, puntualiza Mamen, sólo faltaba.

- Viva la libertad de pensamiento, ironizo.

- ¡Qué plasta es tu chica cuando se pone intensa!, le oigo que dice entre risas.

Empieza el encuentro. Los de Holanda reparten leña a mansalva y el árbitro hace como que no va con él. Gritos generales. Oigo que mi chico llama calzonazos a alguien y no quiero saber a quién. Las palabras van subiendo de tono, pero lo que da la tele es más bien aburrido.

Será por los nervios o porque somos de buen comer, poco a poco han ido desapareciendo las provisiones. Hay montones de botellines de cervezas en el cubo de la basura.

Termina el partido con empate a 0. Lo mismo al terminar el primer tiempo de la prórroga. Hasta que, a punto de finalizar, llega Iniesta y marca.

Entonces se produce el desiderátum. Gritos, bailes, abrazos, más gritos, más bailes, más abrazos. Y en estas que caigo en la cuenta de que yo soy una de las que gritan, que baila, que abraza a unos y a otros.

Mamen saca el cava y brindamos como en nochevieja. Yo soy español, español, español, cantamos un rato a ritmo de sirtaki y otro al paso de conga por el jardín.

Llega de la calle el sonido de las bocinas, trompetas y cánticos. Decidimos salir y unirnos al bullicio. En el paseo, es imposible dar un paso. Familias enteras con niños pequeños, jóvenes, muchos jóvenes con miles de banderas.

Y me digo que no está mal que la bandera deje de ser patrimonio exclusivo de una parte de España y pase a ser de todos. Que no está mal que se desacralice y se convierta en objeto de algazara y celebración.

Seguimos bailando y cantando por la calle hasta las dos de la mañana. El que lleva las cuentas de la porra dice que hay nueve aciertos y que no vale la pena repartir las “ganancias”. Así las cosas, uno propone que se invierta en un décimo de lotería.

Eso, dice alguien, y si nos toca, nos lo gastamos todo en pulpo.

Parece mentira, pero estos chicos en pernetas se han proclamado campeones del mundo. Los economistas que hay en el grupo empiezan a hacer cálculos de la repercusión que ese título puede tener en el incremento del Producto Interior Bruto. Mi chico dice que, si se remata bien la jugada, puede suponer una subida de hasta el 2% del PIB. o quedarse en puros fuegos de artificio. El comentario coincide con una traca de petardos.

Ya lo dijo Asterix: están locos estos romanos.

PD: Bienvenidos y gracias a Esterxtu, a Gatto999 y a Ragnarök que se han sumado a seguidores. Y disculpad, soy un poco despiste para estas cosas.

6 comentarios:

IRMA dijo...

Yo, como toda España, también vi el partido, y como 3/4 partes de España, lo vi en un bar: el del pueblo. Volviendo a casa con la emoción, el entusiasmo y todos los botes retumbando en el cuerpo, me crucé con dos parroquianos (que no habían estado ni en el visualizado ni en la celebración) tomando tan ricamente la fresca. Por decir algo, que no me aguanto callada, les dije: "¡QUÉ HEMOS GANADO!" y ellos, incólumes me respondieron "Ah ¿si? ¿tú también vas a cobrar 600.000 euros?".

Pensé:
A) Esto me pasa por ser de natural sociable
y B) cagüen-la-leche, qué bajada de guardia, con lo que soy yo pa' esto del futbol, pelín fundamentalista también (según dice el Inti, lo que me lleva a pensar que los hombres del mundo, han encontrado un filón para silenciar nuestros argumentos...).

Pero creo que ¡qué narices, a estas alturas hay que celebrarlo todo, todo, todo, sea un partido como este o la llegada de la tercera república (que oye, después de que la selección haya ganado un mundial, yo ya creo que todo es posible). Y colectivamente más, que ultimamente vamos faltos de alegrías. Creo que en este caso lo raro hubiera sido no celebrarlo...

Cruela dijo...

Es que un mundial es un mundial.... y tiene algo de irrepetible... cierto ganan algo indecente, cierto que sólo son 11 tíos con un balón pero sí consiguieron paralizar un país más que cualquier huelga de metro o de camioneros... y sentirse así de grandes sin haber hecho nada a cambio, sólo gritar y animar al final no tiene precio
así que a celebrar tocaba
Besos

Pilar dijo...

Me alegra leerte hoy y no por aquello malicioso de "ya te lo decía yo" sino porque los nervios, la alegría y sobre todo la complicidad del domingo eran algo tan sano, tan bueno, tan sencillo y tan fácil que me encanta saber que has formado parte, sería una lástima que te lo hubieras perdido.

Y sobre el número de personas que acudieron ayer a celebrarlo, hablaremos en otra ocasión, que lo merece.

Un beso,

Marpin y La Rana dijo...

Nos ha traido la marea, y nos ha gustado lo que hemos visto.
Un cordial saludo.

Marpin y La Rana.

Tita dijo...

¡Ole La Tiza, que sin darse cuenta saltó como todos los demás!

Cuanta razón tienes con la bandera, ¡vuelve a ser de todos!

Abrazos apretaos

La de la tiza dijo...

¿Habéis observado cuán frágil es la alegría en la casa del pobre?
Aqui estamos ya, el camino a la inversa, miércoles de ceniza después de domingo de gloria.
Estuvo bien mientras duró pero la realidad es obstinada y apunta inmisericorde a la vuelta a la cotidianeidad. Nuestros próceres nos sitúan de nuevo en la cruda verdad, a saber, no hay más cera que la que ard.
Marpin y La Rana, bienvenidos. Espero que nos encontremos frecuentemente.