sábado, 29 de mayo de 2010

Sesión contínua


Ahora entiendo a las modelis que se pasan la vida declarando que no quieren hablar de su intimidad. Más me valdría seguir su ejemplo. Porque todo ha sido mencionar la plazuela de mi casa y esto se está convirtiendo en un espectáculo de sesión continua como los cines de antaño.

Esta mañana, me levanto poco después de las 9, salgo a la terraza a ver qué tal había amanecido el día y me encuentro varias decenas de personas en la plaza. No es posible que hayan leído el blog y vengan a ver qué pasa, me digo.


Efectivamente, no eran lectores del blog sino lectores a secas. Aspirantes a entrar en una biblioteca que abre sus puertas a la misma plazuela y que suele estar muy concurrida cuando se aproximan los exámenes. A las 10 eran muchos más. Mira qué gente más culta tengo por vecindario, sigo diciéndome a mí misma.

Despejada esta primera invasión, mientras desayunamos mi chico y yo en la terraza vemos cómo se aproxima al lugar un artilugio con apariencia de centauro musical: mitad cañón, mitad altavoz.


En efecto, se trata de un invento que un grupo que no logro identificar pone a disposición de quien quiera hacer uso de él para que pueda decir lo que le parezca.

- A ver, usted, caballero, diga eso que lleva guardado tanto tiempo.

El caballero sigue su camino como si nada. La chica que lleva el micro se acerca a unas viejillas que toman el sol en un banco, invitándolas a hablar pero ellas se ríen y callan. Invita luego a un niño.

- ¿No quieres cantar esa canción que te sabes?


El niño, que no debe tener más de dos años, entona una letrilla incomprensible.

Mi chico y yo salimos a dar un paseo y nos encontramos de nuevo el artilugio en otro rincón del barrio.


Pasa un sucedáneo de Bob Marley con sus rastas y su gorro multicolor. Hacia él que se va la chica del micro. El Marley coge el hilo rápidamente y se marca un rap en inglés que rezuma la nostalgia de muchas generaciones de desarraigo. Habla de África, de la tristeza de quienes se ven obligados a dejar su tierra, del amor, de la paz.

Mientras hago fotos oigo a la chica del micro:

- A ver, la señora de la cámara seguro que quiere contarnos cosas.

La señora de la cámara soy, que rehuso como puedo el embite. Entonces se acerca una chica joven de apariencia andina, pide el micrófono y empieza su relato.

- Nací en Perú hace 27 años, llegué a España hace cinco para ganar un sueldo con el que ayudar a mis papás y a mis hermanos, que no tenían nada. He trabajado durante todos estos años en distintos empleos pero desde hace cinco meses no consigo encontrar trabajo. He decidido regresar a mi país. Esta es, pues, mi despedida. Gracias por haberme acogido a quienes lo hicieron. No guardo rencor a quienes me ignoraron, que fueron los más. Siempre llevaré a España en mi corazón.

Devuelve el micro sin perder la sonrisa, mientras los demás seguimos nuestro camino, tratando de disimular la congoja que nos ha dejado con sus palabras.

Comemos tranquilamente y, después de comer, nos disponemos a disfrutar de una siesta reparadora. Veo que en Teleespe ponen una peli de George Clooney y hago esfuerzos por permanecer despierta. A poco de empezar la película, empiezo a oir un rumor de tambores lejanos. El rumor va in crescendo hasta que no es posible entender nada de lo que dice la tele. Salgo a la terraza y veo que por una calle próxima aparece un grupo de seguidores de los de Calanda tocando a todo meter. Mi chico se levanta de la siesta sobresaltado.

- Pero si hoy no es viernes santo…

Como si lo fuera. La sesión dura sólo unos minutos. Menos mal.


Cuando callan los tambores, observamos que en la plazuela de marras hay dispuestas varias filas de sillas como para un espectáculo. Un grupo de gente joven prepara las conexiones para la megafonía en plan andar por casa, es decir, conectando directamente a la farola. Al poco, empiezan los ensayos. Se producen algunos acoples que amenazan dejarnos sordos de por vida.


Con el teleobjetivo alcanzo a ver que a las 18 horas habrá una “performance” de no sé quién. Nos aposentamos en la terraza con las cámaras y el ordenata dispuestos a seguir la actuación.


El grupo viene acompañado de una clá bien dotada: cámaras de fotos y de vídeo y varias decenas de seguidores. La cosa se demora y los asistentes empiezan a mirar hacia las casas próximas. Una de las fotógrafas, con un maquinón de profesional dirige el objetivo hacia nuestra balconada.

- Hasta ahí podríamos llegar, que estamos en nuestra casa. Eso es invasión de nuestra intimidad, protesto.

Mi chico baja los toldos.

- Es lo que te digo yo siempre, que no se puede ir haciendo fotos a todo el mundo, me recuerda.

Por fín, empieza la actuación. Una cancioncilla. La gente aplaude como si acabara de actuar el mismísimo Elvis Presley.

Poco a poco, van levantándose y despidiéndose. La plazoleta retoma su apariencia cotidiana. Gente que va y viene. Mi chico lee y yo pergeño estas líneas. De vez en cuando, miro hacia la plaza y recuerdo a León Felipe y aquellos versos, que tanto me gustan:

Todo el ritmo de la vida pasa
por este cristal de mi ventana ...
¡Y la muerte también pasa!
¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa ...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

6 comentarios:

Valdomicer dijo...

Creo que fue Burton el que dijo que la palabra hiere mas que la espada.
A cañonazos..¿Mata?.

Pilar dijo...

Eso es lo que se dice una habitación con vistas ¿no?
Vaya sábado que llevas en plan La ventana indiscreta.
Me quedé pesando en lo que hubiera dicho ante el cañón de palabras, tanto o tan poco.

Soy de la generación que no necesitó hacer nada para vivir en democracia, de aquellos a los que siempre nos decían, calla, tú no sabes lo duro que fué, la lucha univertitaria, los primeros años de partidos políticos, militancia activa y todo aquello, y quizás por eso no sabemos qué hacer ahora que el sistema parece funcionar tan sólo de fachada.

Casi que me vuelvo al sofá a atontarme viendo DVDs que mi plaza no dá para tanto como la tuya.
:)

Uma dijo...

Pues a mi me encantan las cosas que cantas, tengan o no tengan importancia...
Vaya ambientazo de plaza!!

Tita dijo...

¿Cantar cosas de poca importancia? Recuerdamé que no me lea nada de este señor.

Prefiero llamar a esos momentos "mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón" que cantó Machado.

Es que me parece que además de escribir bonito (como tú) dice cosas acertadas.

¡Vaya envidia de plaza! no me extraña que no mires casi la tele jajajaja

La de la tiza dijo...

Valdo: hay palabras que son, sin duda, letales. Líbrenos de ellas el destino.
Pilar: sí, una terraza muy distraida, a veces un pelín de más. Yo soy poco dada a hablar fuera del tiesto, más por timidez que por otra cosa. Al contrario que tú, pertenezco a la generación que no teníamos de nada en materia de derechos y los fuimos conquistando. He peleado y peleo, de manera especial por los de las mujeres. Pero hablar así en la calle, aquí te pillo aquí te mato, todavía me da corte.
Uma: lo de la plaza es una cosa endémica. Y gracias por tus amables cumplidos.
Tita: el verso es mucho más largo, puedes verlo en el enlace, y a mí me parece muy bonito. Sin merma de don Antonio, que es, además, uno de mis santos laicos.
Sobre la tele, aprovecho para responderte que la serie Pelotas la ponen en la 1 los lunes a las 22 horas. Me parecía un abuso responderte donde me lo preguntabas. Es una serie ligerita, de costumbres urbanas, pero soy fan total. La dirige el otro Corbacho, José. Se ve que me va la marcha, ya ves tú.

BET dijo...

Que pasada de plaza ! todos los findes espectáculos sorpresa y los puedes ver sentada cómodamente en la terraza, que privilegiada !

Me parto con el artilugio y la invitación a usarlo jajaja ...

Que buenos los versos de León Felipe y que a pelo vienen a tu post ! podrán ser cosas de poca importancia, pero hay que ver lo entretenidas e interesantes que son !

Besos !