martes, 10 de enero de 2012

Subidón


Bueno, bueno, bueno, esto se anima ¡Qué subidón! Esta mañana he esperado nerviosita perdida a que se fueran los dos a trabajar y, en cuanto he oído la puerta del ascensor, he corrido al despacho y he dado al interruptor de la luz que pone en marcha a la vez el adsl y el ordenador. Et voilà, ahí estábamos.

Muchas gracias a todos mis lectores. Me siento como si hubiera ganado el premio Planeta: importante y poderosa.

Aparte de la curiosidad por ver el blog, me ha dado alegría verlos salir porque tenía ganas de volver a una vida normal. Todo lo normal que se puede tener la vida en esta casa, hay que decirlo. ¡Qué navidades me han dado! En la primera fase, convirtieron la casa en el pasillo del metro de Sol. Un jubileo intergeneracional. Los santos padres vascos, Mamen y Charly, el Heredero y la Miss, mis señoritos, la cuñada y el abuelo rural. Se les olvida que esta casa no es la Zarzuela, precisamente. En la segunda fase, en cambio, vivimos la operación abandono de hogar. ¿No habrán oído hablar mis humanos del término medio?

El 22 de diciembre, mientras los niños de San Ildefonso cantaban los números de la lotería que no nos tocan, aparecían el Heredero y la Miss. El Heredero ha cogido unos kilitos, no sé si por la tranquilidad de espíritu, por la vida recogida o como consecuencia de los tuppers que se lleva de esta casa con cocido y potajes varios. La Miss también ha cogido unos kilitos pero los tiene todos puestos en la tripa. Si la miras de espalda te crees que es la misma pero, en cuanto se da la vuelta, te topas con la barriguilla.

- Mi barriguilla cervecera, le dice el Heredero pasándole la mano con ternura.

Quién le ha visto y quién le ve a este pollo. De ser un calavera que no dejaba pasar una –una humana, quiero decir- se ha convertido en un sosaina. Con decir que cuando nos contó que iba a tener un cachorro se le humedecieron los ojos de la emoción, está todo dicho.

- Queremos que nuestro cachorro tenga abuelos jóvenes, le dijo a su madre, el muy zalamero.

Ella se puso babosilla. Y él más.

No me quedó más remedio que levantar la voz para que el momento no acabara en un valle de lágrimas.
- Chiti, bonita, que vamos a tener una niña, me dijo ella.

Mira que sabe que me molesta, pues como si nada. Chiti. Se empeña en llamarme Chiti. Soy una gata adulta, no un peluche. Pero ¿qué vas a esperar de una humana que se hace llamar “ladelatiza”?

Cuando me llama Chiti yo pongo cara de pantera asesina. Da igual. Ella insiste una y otra vez. Cualquier día la escupo.

En fin, no quiero insistir en imposibles para no caer en la melancolía. Quería señalar que cuando ella dijo lo de la niña nadie sabía aún cuál era el sexo del cachorro. Pero ella se empecinó –como suele- y empezó a contar a todo el mundo que el Heredero y la Miss iban a tener una niña.

- ¿Ya os han dicho lo que va a ser?, le preguntaban.
- Aún no, pero seguro que es niña, respondía ella.

Hasta que el día de la lotería llegaron los preñadillos con una foto que lo confirmaba. Me van a traer una niña. Lo aviso desde ya. No me hace ninguna gracia.

5 comentarios:

Valdomicer dijo...

Queridíma Poe:
Dile a Ladelatiza que la abuelidad carece de mérito. No nos hacemos abuelos, nos hacen.
Ya sabíamos que iba a ser niña, se veía venir.
Por cierto, cuando llegue, no te acerques demasiado, esos cachorros humanos acostumbran a tirar de los bigotes.
Caricias en el lomo.

Uma dijo...

¡¡¡Hola!!!
Gracias por actualizarle el Blog a Tiza y por darnos noticias de ella!!
trasmiteles mi mas sincera enhorabuena!
Besos

Pilar dijo...

Bueno, bueno, Tiza abuelita, ¿eh? Y adivina por lo que parece.

Pues aprovecha este impass antes de que todo se llene de bebé.

ODRY dijo...

Poé no te preocupes, lo mismo hasta le gustan los gatos, ja ja ja

Un besote.

La de la tiza dijo...

Valdo: en materia de abuelidad a la jefa no hay quien le diga nada. Ella está convencida que hasta ahora no ha habido nadie ha sido abuela en el mundo. Y agradeceré que no se me mencione a la cachorra. Cuando venga que sea lo que tenga que ser pero entretanto, quisiera disfrutar lo que me queda de tranquilidad.
Uma: ya ves, lo que no haga yo no lo hace nadie. No les diré nada porque prefiero que no sepan que ando por aqui. Que la envidia es muy mala.
Pilar: se ve que la miras con buenos ojos así que no diré lo que pienso.
Odry: el problema es que a mí no me gustan los niños.