
Hoy ha sido un día emocionalmente complicado.
El personal del metro se ha declarado en huelga y han logrado parar totalmente el tráfico del subterráneo. Estoy de acuerdo con su postura pero por esa razón he llegado tarde al trabajo. Como yo, tropecientos.
- Lo siento, lo siento, lo siento, es que no funciona el metro, me justifico ante nuestro particular Antonio Alcántara.
- Menos sentimiento y haberte levantado antes como yo, me responde el jefecillo de ordenanzas, que hoy ha debido de creerse ministro, por lo menos.
No tengo ganas de contestar porque soy de la opinión de que las balas hay que gastarlas en las piezas de caza mayor, que valgan la pena.
- Luego querremos estar todos en la fiesta, remata.
- ¿Hay fiesta hoy?, pregunto a mi compañera.
- Se referirá a la entrega de medallas, responde ésta.
En efecto, hoy se entregan las medallas que el misterio…ni concedió con ocasión del Día de la Constitución, allá por diciembre. Algunas, como la de José Antonio Labordeta, las ha impuesto el ministro a domicilio. Hoy es la entrega colectiva.
Entre los premiados, destacan en mi memoria: el Dúo Dinámico, Marcos Ana y Rosa María Mateo, por orden de aparición en mi recuerdo.
El dúo, Manolo de la Calva y Ramón Arcusa, pusieron la banda sonora de mi juventud, aunque yo no fui entonces especialmente fan de ellos. Yo seguía a los cantantes franceses y leía la revista Salut les Copains, lo más in de la época.
Al verlos de cerca te percatas de cómo pasa el tiempo para todos, y cómo se estropean los cuerpos, que diría Lina Morgan. Manolo, el bajito, ha dedicado la medalla a su mujer, muy emotiva la dedicatoria. Ramón ha recordado que empezaron a trabajar a los 12 años y durante varios más compaginaron estudio y trabajo, que aquellos eran otros tiempos y nos lo teníamos que currar desde jovencitos.
Marcos Ana es un veterano comunista de 90 años, el preso político que más tiempo estuvo en las cárceles franquistas: 23 años. Entró un crío de 19 años y salió un adulto de 42. En la cárcel se hizo hombre, si ese es un sitio donde hacerse algo. Él se hizo, además, poeta. Fue un hombre guapísimo y sigue siendo un anciano guapo.
A mí me da mucha pena cada vez que lo veo, con esa apariencia de optimista voluntarioso. No puedo evitar sentir que la guerra primero y la represión después le destrozaron la vida irremediablemente. Su discurso de agradecimiento me ha sonado a palabras obligadas, cientos de veces oídas. Seguramente era sincero.
A la Mateo la evoco vinculada a la asonada del 23-F porque ella fue quien leyó el manifiesto de defensa de la ciudadanía al término de la manifestación en Madrid. Era entonces y creo que ha sido después una periodista de la vieja escuela, de las que creen que esa es una profesión con un compromiso ético. Salió de TVE para ir a Antena 3, de donde la despidieron precisamente por esa razón y porque no era manipulable.
Ha dedicado el premio a Juan Luis Cebrián, que la llevó a TVE, a Pedro Erquicia y a Pedro V. García, con los que trabajó en Informe Semanal y en el Telediario. También a su hijo, al que tantas veces hubo de dejar para ir a trabajar, sin que nunca se quejara. ¡Ah, la misma historia de todas las madres trabajadoras, siempre luchando con la razón y el corazón!
La ceremonia ha tenido el sabor de una recompensa vital. A ellos y a los restantes galardonados, todos ellos con una larga vida profesional, se les veía emocionados, rodeados de sus familias.
Al término del acto, los periodistas y cámaras se han lanzado hacia el ministro para tirarle de la lengua sobre la sentencia del Estatuto de Cataluña. Le tienen cogido el punto, saben que don Tino tiene ojito y medio puesto allí.
Lejos del barullo, Manolo y Josito siguen atentamente las palabras. Se los ve henchidos de satisfacción, ahora que parece que tienen prórroga puesto que el presi no piensa cambiar de ministros. O si piensa, no lo dice.
Fíjate que a mi me da que la alegría va a durar poco…
Vuelvo a casa sin que la Comunidad de Madrid haya conseguido que el metro funcione.
Algunas radios echan chispas, llaman los oyentes para protestar porque no hayan respetado los servicios mínimos. También las cámaras se han echado a la calle preguntando a la gente sus experiencias sin metro.
Voy dándole vueltas a la colisión de derechos: el de huelga y el de los ciudadanos a usar el transporte público y llego a la conclusión de que la huelga es el único mecanismo que nos queda a los trabajadores para protestar ante el poder del dinero, que anda tan crecido. Vamos camino de volver a ser siervos de la gleba, pienso.
De repente, me doy de morros con un micrófono. Quien lo porta no se molesta en pedirme permiso, me pone la esponjilla casi en el paladar. Con dificultad logro leer el rótulo identificativo: COPE. Mira por dónde, me digo.
- ¿A usted también le ha destrozado la jornada la huelga de los trabajadores del metro?, pregunta el del micro, ya se ve que inocentemente.
Yo rebusco dentro de mí la cara más dulce y educada que encuentro. Adopto un tono de voz medio pijo y respondo:
- No, no, a mí me parece que andar es un ejercicio muy sano y como, lamentablemente, de ordinario llevo una vida muy sedentaria, estoy encantada de la ocasión que me han brindado estos honrados trabajadores. Aparte de que admiro mucho a quien es capaz de enfrentarse a alguien con tan pocos escrúpulos morales y políticos como doña Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, condesa consorte de Murillo y grande de España.
Mientras hablo, subo el bolso de Vuitton – legítimamente falso, pero que da el pego – para que lo vea y saco de él mis gafas Gucci – legítimamente auténticas – y le pregunto con aire inocente:
- ¿Alguna otra pregunta, joven?