jueves, 24 de junio de 2010

Al coger el trébole

No sé los demás pero yo casi todo lo que sé lo he aprendido en los libros. Luego, la vida te ilustra pero las primeras nociones te las ofrecen los libros.

Descubrí Asturias a través de un escritor del que las nuevas generaciones no han oído hablar: Alejandro Casona.

Este autor se merece una entrada aparte y quizá otro día me anime a escribir sobre él. Hoy quiero recordar que me abrió una ventana a la magia de la noche de San Juan en su Asturias natal, región a la que me escapo siempre que puedo y en la que he tenido vivencias hermosísimas.

Aquel año, llegamos a Poo de Llanes a última hora de la tarde del 23 de junio de 1990 y nos alojamos en un hotelito familiar que nos había aconsejado un amigo. Cenamos en el mismo hotel y nos acostamos pronto.

Me despertaron unas voces que cantaban en el exterior. Mi chico dormía plácidamente y no quise despertarle. Me levanté y por la ventana vi pasar a la ronda que cantaba las canciones de San Juan.

A coger, el trébole,
el trébole, el trébole;
a coger el trébole
los mis amores van.
A coger, el trébole,
el trébole, el trébole;
a coger el trébole
la noche de San Juan.

Era un grupo de chicos jóvenes y yo deduje que estaban rondando a las mozas del pueblo. Pasaron bajo mi ventana y pude distinguir nítidamente sus caras, su expresión alegre.

Cuando volví a la cama, sin hacer ruido para no despertar a mi chico, aún se oían los sones de la cancioncilla.

—Qué quieres que te traiga,
que voy a Madrid;
qué quieres que te traiga,
que voy a Madrid.
—No quiero que me traigas,
no quiero que me traigas,
no quiero que me traigas,
que me lleves sí,
que me lleves sí.

Al despertanos, se lo conté a mi chico que me corroboró que él no había oído nada.

- Estaba tan cansado, que he debido de dormir como un tronco, se justificó.

Mientras desayunábamos lo comenté con el dueño del hotel.

- Vaya ronda animada, la que ha pasado esta noche, le dije, he estado viéndolos por la ventana.

El hombre me miró con aire socarrón.

- Ya me extraña, respondió.

- Cantaban el trébole, la cancioncilla de San Juan, añadí.

- Otra que tal baila, comentó el hombre.

Yo no entendía muy bien de qué estaba hablando. El hombre nos invitó a seguirle. Salimos al exterior y rodeamos la casona hasta asomarnos a la fachada en la que se abría nuestra ventana. El mar había cubierto las peñas que separaban el edificio de la playa y casi lamía la pared.

- El agua está bajando ya pero esta noche ha habido marea alta así que es imposible que nadie haya pasado por aquí, ni cantando ni sin cantar, explicó, salvo que lo haya hecho nadando.

- Le aseguro que los he visto claramente, aseguré por mi parte.

- Si usted lo dice, respondió el hombre, incrédulo.

- ¿Estás segura de haberlo visto? Insistió mi chico, una vez se hubo ido el hombre.

- Segurísima.

Lo estaba entonces y sigo estándolo hoy. Por muy alta que estuviera la marea, aquella noche pasó bajo mi ventana una ronda cantando.

A coger el trébole
la noche de San Juan.

Es entonces cuando me viene el recuerdo de Alejandro Casona, que escribió en La Dama del Alba, sobre “los encantos que siempre ocurren la mañana de San Juan”.

9 comentarios:

Pilar dijo...

Precioso, precioso, precioso.

Y me da lo mismo, si la marea estaba alta, baja o mediopensionista.

Tú estaas allí y sucedió.

Adoro esa canción y es curioso porque no conocí Asturias hasta hace muy poco y no he leído a ese autor (le pongo remedio este verano, si es que las editoriales tienen mejor memoria que las nuevas generaciones, claro)

Uma dijo...

que miedico no??
ay que yuyu que me has dado!

Cruela dijo...

Qué bonito...
Seguro que estaban allí y quizá te rondaban a ti también...
Besos

BET dijo...

De siempre he oido hablar de la noche de San Juan, como una noche mágica ... por algo será ...

Añado a mi lista a este autor.

Besos !

ODRY dijo...

Me alegro de no ser la única que ve cosas, que nadie cree.

Un besazo guapísima

Tita dijo...

¡Anda ya! Qué fuerte ¿no?

Impresionante. Si viniera de otra, diría que está flipada...pero siendo tú jajajaja

Bueno, que voy a decir yo que juro y perjuro que cuando tenía 6 años, Gaspar estaba sentado en el sillón de mi madre descansando un poquito la noche de reyes...con su capa roja y armiño, y su barba y melenas blancas largas largas...

Un abrazo

La de la tiza dijo...

A quienes sois escépticas os diré que, según estudios científicos, los seres humanos utilizamos una mínima parte de las capacidades que podríamos desarrollar, incluídas las sensoriales.
A todas, os aseguro que aquella noche estaba bien despierta y ví pasar la ronda. Y nada de yuyus, me pareció y me sigue pareciendo estupendo y me tiene sin cuidado quienes fueran.
Añado que no es el único caso sorprendente que me ocurre y me considero absolutamente normal. Un poco bruja, pero normal.

Tita dijo...

jajajajaja

Eres tan inteligente como interesante. Si dieras clase, me apuntaría sin dudarlo, y te escucharía desde primera fila!!!

La de la tiza dijo...

Tita, guapa, muchas gracias pero yo estoy más para recibir que para dar clases.
Besos, que me alegro mucho de verte, a tí y a tu retoño.