miércoles, 23 de junio de 2010

Fantasmas del solsticio


Hay quienes tienen una visión conspirativa de la existencia. Creen que los acontecimientos se conjuran para fastidiarnos. Que hay gente que no tiene otra misión que frustrar nuestras expectativas, agotar nuestras posibilidades y agotarnos a nosotros mismos.

No participo de esa teoría pero hay ocasiones en las que estoy por pasarme de bando.
Llevamos unos días en que las nubes que se han asentado encima de nuestras cabezas en forma de crisis parece que son un poco menos negras. Europa ya no nos considera sospechosos de fuleros, el superemperador Obama le dice cositas al oído a Zapatero, las empresas se quejan un poco menos, a pesar de que la función principal de las empresas parece ser la de quejarse de que los elementos no le son propicios.

Para no mencionar al jefe del misterio…ni, que le han dado prórroga cuando ya tenía la maleta a medio hacer, que sólo le lleva un cuarto de hora.

Pues en medio de tanta bonanza y sosiego de espíritu, llega Boyer y manda parar. Se planta a hacer entrevistas asegurando que hay que abaratar el despido para crear empleo. Y bajar los salarios para mejorar la productividad. Una se pregunta, pero ¿quién es este palomo para pontificar de esta guisa?


Confieso, para evitar malentendidos, que Boyer me cae mal porque tuve la fortuna de conocer a su primera mujer, Elena Arnedo, una ginecóloga con una vida profesional y una cabeza espléndida, feminista, hija de la escritora Elena Soriano. No censuro el abandono, que el amor es ciego, pero eso no impide hacer bien las cosas. Este es el que se ligó a la Preysler cuando ambos estaban casados, que los primeros sorprendidos fueron los cónyuges respectivos, al enterarse por los periódicos. Y cuando uno es desleal, es desleal, no hay que darle más vueltas.

Este pollo es el mismo que expropió Rumasa y luego la fue vendiendo a trocitos, al plom, chibiricú, chibiricá, chibiricuri, curifá. Con la casualidad de que siempre tocó a los predestinados.

El mismo que ha ido escorándose, escorándose siempre en la misma dirección hasta recaer en la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, más conocida por Faes, el alma mater que infunde los discursos de Aznar el belicoso.

Ahora resulta que es uno de los asesores del gobierno en materia económica, lo cual explicaría algunas tendencias. Pero en vez de hacerlo discretamente, que es lo que haría cualquiera con sus antecedentes, sale a la palestra como el chulito de película.

Aquí está don Juan Tenorio para quien quiera algo de él, parece decir el que fue ministro de Economía y Hacienda con Felipe González.

Simultáneamente, el gobernador del Banco de España, ese pobre hombre que se ha rebajado el salario a 11.785 euros al mes, que no sé cómo va a poder arreglarse, y que responde al nombre de Mafo Fernández Ordóñez, sale a la palestra a declamar que la reforma laboral le parece insuficiente y reclama que se reformen las pensiones que las actuales son un despilfarro, justo en el momento en que don Tino expone las cuentas de la Seg. Social en el Congreso.

Y en este revival, sale Antonio Gutiérrez, que fue secretario general de Comisiones Obreras antes de pasarse al PSOE con el tiempo justo de incorporarse a las listas al Congreso. De este mozo, a quien recuerdo en sus tiempos de trabajador en la Michelin de Valladolid, allá por el año 76, no se le conocían grandes aportaciones en su tarea parlamentaria hasta ayer, que se adelantó al proscenio a explicar que se iba a abstener en la votación de la reforma laboral, contra la intención del grupo socialista de votar favorablemente.


Que está muy bien eso de distanciarse del rebaño si se hace en el punto y hora adecuados. Por ejemplo, en el grupo parlamentario. Podía haberle recitado al portavoz Alonso:

- Mire usted, jefe, que hay cosas que un sindicalista como yo no puede tragar sin riesgo de síncope. Mi propuesta sobre la reforma es ésta otra.

Y, a continuación, haber abierto un debate político como debe ser. Alternativamente, si cree que no tenía espacio para el debate, podía haber presentado su dimisión. Pues parece que no.

Como guinda del pastel, el presidente de la Ceoé, oé, oé, don Díaz Ferrán, que se ha quitado un peso de encima al vender sus empresas y endilgar el problema a otro, y se dispone a afianzarse un poco más como gran manitú de los empresarios, es aclamado como el crisol de las virtudes empresariales y, crecidito como va, declara que ya no es tiempo de discusión y sí de terapia de choque, mientras los diputados votan la reforma laboral.

Menos mal que esta noche es la de San Juan. Voy a quemar en la terraza todos los papeles en los que salen estos fantasmas. A ver si conjuro los males que nos aquejan y convoco a los buenos espíritus a que nos sean propicios.

4 comentarios:

Pilar dijo...

Si conspiración no será, pero bien orquestada está la entrada y salida de fantasmas del armario, parece que entre todos conseguirán cargarse al césar, que aunque lo parezca no es Zapatero, sino esa absurda idea de que podemos avanzar en la creación del estado social, ese anacronismo.

En fin, a la hogera con ellos...simbólicamente, claro.

Uma dijo...

¡pues no se necesita una hoguera grande para eso ni nada! ten cuidado no te arda la casa entera!!
besos

Cruela dijo...

Aserín aserán el sorteo de San Juan si por lo menos nos toca podríamos quemar naves....
Besos

La de la tiza dijo...

Gracias por vuestra amistosa visita.
Y sí, como cada noche de San Juan, quemamos nuestros papelitos y saltamos por encima de las llamas.
Nuestra terraza es pequeña pero da mucho de sí.