miércoles, 8 de diciembre de 2010

Lo más importante de la vida


Vivimos en un mundo convulso y acelerado. A diario nos bombardean mil noticias de violencia, de agresiones, de individuos convertidos en bombas andantes, de catástrofes diversas. Resulta difícil ir por la vida con una sonrisa.

A veces se produce una pausa, sabemos que es breve y provisional, pero conviene disfrutarla en tanto dura. Ayer, el reciente premio Nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, nos regaló una de esas pausas. En su discurso de agradecimiento, nos ha dejado una hermosa interpretación de la literatura. Elogio de la lectura y la ficción, lo tituló.

Aprendí a leer a los cinco años, recuerda, es la cosa más importante que me ha pasado en la vida.

La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan.

De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vida tautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación. Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.

Quiero creer que el mundo es hoy un poco más rico. Así que, antes de que los teletipos se pongan a gotear malas noticias, cojo mi libro y sigo leyendo El sueño del celta, el último libro del último Nobel.

8 comentarios:

Pilar dijo...

No puedo estar más de acuerdo, el libro para las fiestas

Contando los sesenta dijo...
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Uma dijo...

Llevo un retraso de libros bestial...al final la baja no me está rentando para ese propósito! pero si que lo tengo pendiente...
Cada fragmento que leo del discurso me gusta más!
Besos

Rosa dijo...

Genial el discurso.

Yo estoy con Travesuras de la niña mala que lo tenía atrasado :)

Cruela dijo...

Lituma en los Andes fue uno de los primeros libros que leí en castellano y aunque me resultaba difícil lo devoré...
un discurso genial sí que sí
Besos

Tita dijo...

Un discurso increiblemente hermoso, y delicioso. Todo verdad.

En todo caso, creo que el mundo es más rico ya antes de que a alguien se le ocurriera ponerlo por escrito dándole el nobel. Esa riqueza ya existía ¿te das cuenta Tiza?

Nadie vino a descubrir nada. Y todo depende de nosotros, y de como miremos las cosas

Abrazos

La de la tiza dijo...

Pilar: me lo estoy leyendo y es quizá el menos "vargasllosa" de todos los que he leido. Un libro inquietante.
Uma: el escritor ha echado fuera todas sus obsesiones. A mí manera de ver se le ha ido la mano en sus fijaciones políticas pero cuando se ciñe a la literatura me parece formidable.
Rosa: pues la niña mala brujuleó por los barrios del centro de Madrid y por algunos lugares concretos que yo frecuento, como el Barbieri.
Cruela: los escritores latinos en general son difíciles para aprender castellano. Yo hubiera aconsejado a Delibes.
Tita: todo depende de nosotros pero está bien que vengan a recordárnoslo. ¿Que tal la beyba pequeña?

Tita dijo...

Gorda, lustrosa y pataleando ¡espero verla pronto el hociquillo! Eso sí, no demasiado pronto, que aún llevamos sólo 35 semanas y 3 días...

Besazos