domingo, 28 de noviembre de 2010

No sin mi hij@


Las ideas, como los virus, están en el ambiente y, en cuanto te descuidas, lo mismo se pone violento el virus y deja a la mitad de la plantilla en cama que la idea se pone moscona y todos hablamos de lo mismo.

Hace tiempo que tengo comprobado que hay un virus o una idea, no sé muy bien, que ataca a las madres novatas y a su entorno y que evoluciona en el síndrome “no sin mi hij@”. Lo he comprobado en personas de mi entorno y lo he corroborado leyendo algún blog de mujeres embarazadas. Hoy, abro el periódico y encuentro la columna de Elvira Lindo donde habla de esas madres dedicadas de forma absorbente a sus hijos – encimonas, las llama – más allá del cuidado amoroso y de la dedicación maternal.


Luego, entro en el blogomundo y encuentro que Pilar enhebra con el mismo hilo su post de hoy. Encimonismo, lo titula.

Como no quiero que el virus me brujulee más, este es el día de echar también mi cuarto a espadas sobre la maternidad exclusiva.


Como vivimos en un mundo mediático, donde los modelos se expanden a velocidad de vértigo a través de la prensa, la tele o internet, deduzco que esas nuevas formas de entender la maternidad han incorporado modas externas, como el “jalowin”. Y las mamás modelnas toman como ideales a Melanie Griffit – que llevó a su niña en brazos a la primera comunión –, a Madonna – que está clonándose en su hija – o a Angelina Jolie – que no sale de casa si no lleva encima algún churumbel y tras de sí al resto de su troupe -.


Pero no sólo son las mamás. Los médicos han extendido la teoría de que el niño debe mamar cuando le plazca porque para eso es el rey del mambo. Y ahí tienes a las madres concienciadas con el roro enganchado al pezón día y noche como si el concepto “organización” y el concepto “orden” fueran términos anti natura.

Debe ser que cada generación tiene su cuota de errores y se las distribuye a discreción pero lo que veo en la presente me deja un tanto confusa.

No haré ironías sobre la maternidad. Personalmente, pienso que es la experiencia más maravillosa que la vida me ha regalado. Me embaracé cuando lo creí oportuno, crié al retoño a mis pechos en la medida que dieron de sí, me embelesé viéndolo crecer, oyendo sus primeras palabras, disfruté de ese nuevo ser que iba abriéndose a la vida.

Nada de lo cual me impidió establecer un ritmo de vida, un horario de tomas y de sueño, un tiempo y un espacio para sus juegos. Nunca olvidé que el hijo, una vez roto el cordón umbilical, era un ser independiente y responsabilidad mía era que llegara a ser autónomo. Que siempre supiera que mi amor era incondicional pero que el hijo no era de mi propiedad y que la vida era suya, sólo suya.

Todas las nuevas madres que conozco dan la impresión de estar persuadidas de que ellas y sólo ellas han descubierto la maternidad; ellas las primeras en traer un hijo al mundo. Y no se te ocurra ofrecerte para echar una mano. Todo han de hacerlo ellas solitas.

Nada sin mi hij@, parecen tener por lema. El niño se convierte en su pequeño ídolo indiscutido e indiscutible. Cuando se percatan, el bebé se ha convertido en un pequeño tirano que carece de disciplina porque nadie le ha explicado que todos nos regimos por una serie de normas establecidas, que es lo que construye una sociedad.

Estamos viendo crecer una generación de niños a los que raramente se les habla de orden, de disciplina, de respeto a las normas. Y a mí esa deriva, que no es imputable exclusivamente a las madres pero que en ellas se inicia, me parece un pelín peligrosa.

No sé quién les ha vendido la moto a las mujeres jóvenes de que la maternidad es así ni tampoco tengo la fórmula para romper la inercia pero creo que deberíamos desmitificar primero y desdramatizar después la maternidad. Es un momento glorioso, sublime, pero un momento. Había vida antes y sigue habiéndola después. Los niños no vienen con instrucciones pero a los adultos se les supone el sentido común.

9 comentarios:

Valdomicer dijo...

Creo que la clave está en esa frase que dices: "Debe ser que cada generación tiene su cuota de errores y se las distribuye a discreción....".
Con toda certeza, hagamos lo que hagamos, nos hemos de equivocar en la educación de nuestros hijos.

Pilar dijo...

Que bonito cambio de plantilla.

Cruela dijo...

Mira y es tan cierto que entre yo que paría hace casi 15 y las de ahora, también veo cambios...
Lo que era el no va más antes resulta ser el error de hoy en día, como dice mi madre,"no sé cómo sobreviviste, te ponía a dormir en la tripa porque era lo mejor, no te di el pecho por los biberones eran más nutritivos y nadie me dijo que el gluten existía y que le podían tener alergia..
Lo de ser madre exclusiva no lo fui, lo de la lactancia me pareció un coñazo, nada emocionante sino agobiante, lo de dormir en su cuna y en otra habitación a los 3 meses ya estaba hecho, bueno se despertaba y protestaba eso sí, y por la mañana me la llevaba a la cama para dormir un poco más pero bueno pasaba por lo menos 5 horas seguidas en su cuna...
A esas madres la llamaba las madres "perfectas", las que llevaban la merienda a su retoño aún sabiendo que salía de la guarde merendados, las que siempre llevaban tiritas, pañuelos, pañales, toallitas de recambio.... y sólo hablaban de su retoño, yo las rehuía porque me aburrían soberanamente y porque miraban a mi E que iba asilvestrada del todo como pensando "pobrecita" y yo miraba sus niños perfectos y pensaba "Pobrecitos":.
en fin
Besos

Uma dijo...

¡Muy bueno!
Intentaré no convertirme en una mema-pava que no enseña disciplina...pero por ahora en ese sentido tengo las ideas medio claras...otra cosa es que luego te hagan sentir mal por actuar de una forma poco "convencional" para la convención actual...pero estoy cansada de niñocracias como diria Tita...¡a ver que sale!
besos

Ceci dijo...

Creo que es cuestión de épocas.
Más alla de que es cierto que existen tendencias mundiales, hay factores locales también determinantes. Acá en Argentina, los que fueron padres en los 80, o en los 90 repitieron en la educación de sus hijos ciertos patrones que tenían que ver con la salida del gobierno de facto y se demonizaron cosas y ensalsaron otras. La disciplina paso a ser sinonimo de militarizante, acentuar los derechos y no las obligaciones parecía ser la consigna. El reclamo y sentido de mérito es mas profundo, (que nuestros hijos merecen más)lo contrario suponía conformismo, complacencia, palabras odiosas y que traian a la memoria el vivir en una economía de mercado cerrado.
En fin..
Te dejo un saludo, y aprovecho para decirte que me gusta tu blog

La de la tiza dijo...

Valdo: cuando hablamos de educación y de hijos mentamos una materia muy subjetiva, evanescente. Nunca sabemos cuando erramos y cuando acertamos porque ni nosotros somos siempre los mismos ni los hijos tampoco.
Pilar: eso le dirás a todas...
Crue: lo difícil es encontrar el término medio y aplicar el sentido común, por lo poco común que es.
Uma: yo soy un poco prusiana en materia de orden pero creo que los niños, que tampoco traen manual de instrucciones, necesitan saber cómo funciona este artilugio que es la vida. Y la organización: su horario, su ritmo, su orden creo que les ayuda. Saldrá bien, ya lo verás.

La de la tiza dijo...

Ceci: también aquí hemos vivido un proceso similar. Recién salidos de la democracia, hablar de disciplina resultaba de mal tono. Así, hemos conocido una generación de criaturas que ignoran lo que es la autoridad y la organización. Por el contrario, quienes nacimos en décadas anteriores ignoramos lo que era un mínimo de libertad. Somos esa generación a la que se transfirieron las carencias de nuestros padres. Que ellos tengan lo que no tuvimos nosotros fue su lema.
Ahora el quid es que los niños han de tener muchas cosas, montones de cosas para ser felices, según estiman los papás.
Así andamos, buscando el punto justo, la piedra filosofal.
Me alegra mucho tu visita, tengo un trozo de corazón con argentinos muy queridos. Sé siempre bienvenida.

Tita dijo...

¿No sabes de donde viene? pues mira, en el resto del mundo no sé, pero en España de un tipo llamado Carlos González que pone de vuelta y media y de salvajes a todos los que no piensan como él.

Mejor te lees su libro más famoso, Bésame mucho, porque igual no soy objetiva. La verdad es que Uma hizo un excelente resumen no hace poco.

Una cosa es entender a nuestros hijos y su "naturaleza", adaptar la crianza atendiendo a nuestros antepasados los monos, y otra vivir en la anarquía horaria a todos los niveles.

Reconozco haber sido "encimona" ante la duda. Elegí pasarme a no llegar. En el fondo a los hijos nos gustan las madres pesadas y pendientes en los detalles (que no en las cuestiones importantes...aunque al final acabemos pidiendo consejo). Bueno, al menos a mí sí me gusta que mi madre se siga preocupando por mi alimentación, de la misma manera que yo me preocupo de la de mi niña, por ejemplo.

Pero ese "encimismo" bajo mi modo de ver no ha de traducirse en contemplación pura y dura del monito, que luego se cree el ombligo del mundo, amén de si hemos adaptado absolutamente todo nuestro mundo a sus necesidades, y no a la inversa, al menos en un 50%. Los padres hemos de adaptarnos al niño...para enseñarle a adaptarse al mundo. Me gusta mucho en esta línea Javier Urra, pedagogo, psicólogo y primer defensor del menor entre otros cargos. Un tipo con la cabeza sobre los hombros: amor, respeto, atención, normas, límites, valores...Los pediatras que hagan medicina, y las filosofías que las dejen a educadores, pedagogos y psicólogos que es lo suyo.

Oye, qué fashion y que chulo te ha quedado el blosss. Muy cruela empiezas tú...dos plantillas en 2 semanas ¿será la definitiva?

Tita dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.