viernes, 22 de octubre de 2010

99.000 mejores amigos

Me pregunto estos días por qué han pasado a la historia los 100.000 Hijos de San Luis y no los 99.000 amigos del ministro. Que esos son, más o menos, los que le están surgiendo a don Vale desde que se supo su nombramiento.

El ministro tiene en su haber que es hombre de la casa donde ya ha vivido dos etapas, una como asesor y otra como secretario general de Empleo. Es natural que en ese tiempo, y dada su bonhomía, haya conocido a muchos funcionarios pero no sé si tantos como ahora se reclaman de su amistad. Va a resultar que la única que no es amiga del ministro soy yo.

Tantos amigos y tan íntimos que el pasillo de la tercera lleva dos días más concurrido que la calle Preciados, que pasa por ser la más frecuentada de Europa. Son los que pasan para saber qué hay de lo mío. Los que se hacen encontradizos con el ministro o con el alto cargo que puede repartir juego. El rito habitual del cambio de titular.

Lástima que la memoria me traiga imágenes de otros momentos aún recientes. Cuando el ahora ministro dimitió como secretario general de Empleo alegando “razones personales” en vez de sus desavenencias con el entonces titular, Caldera, y pasó a convertirse en poco menos que un apestado. Escucho los ecos de esos comentarios, tan recientes que parecen de ayer mismo, cuando don Vale, a la sazón tertuliano en la radio pública, hacía algún comentario sobre la evolución del mercado laboral y se le descalificaba como metomentodo y otros calificativos menos amables. Casualmente, algunos de quienes renegaron del Valeriano dimisionario y del Gómez comentarista son los mismos que se han convertido en algunos de sus mejores 99.000 amigos.

El ministro divide sus primeros días en actos oficiales, entrevistas a todos los medios y nuevos nombramientos. Ya tiene jefa para empleo, una antigua compañera, ahora consejera en Castilla-La Mancha. Ya tiene jefe de gabinete. Le imagino el fin de semana cuadrando el puzzle de su organigrama.

Los generales romanos, cuando volvían triunfantes a Roma, eran seguidos por un siervo que les recordaba su condición humana. Recuerda que eres un hombre, no un dios, iba repitiendo mientras los romanos – los 99.000 amigos - vitoreaban al vencedor.

Pena que se haya perdido la costumbre. Si por mí fuera, añadiría a las competencias del jefe de gabinete – o de cualquier otro cargo – las de recordarle su condición interina. Algún día habrás de cesar, habría de decirle al comenzar cada día, mientras mosconean los 99.000 amigos.

Ya puestos, por el mismo precio podría preguntarle si no tiene más corbatas, que lleva la misma desde que le nombraron, e indicarle que tampoco es Fidel (Castro) y que un discurso de 40 minutos es mucho discurso.

Esas cosas que nunca le dirán sus 99.000 mejores amigos.

6 comentarios:

Pilar dijo...

Me encanta la crónica, solo tengo que cerrar los ojos e imaginarlos subiendo y bajando.
Qué pobres, si no recuerdo mal, él también tiene memoria y dejó algún que otro buen amigo de los de verdad.
Sigue contando, es un gusto tenerte de corresponal, pero ojo con el fuego cruzado.
Un beso

La de la tiza dijo...

Pilar: el espectáculo es entretenido. Yo también espero, que no le falle la intuición de quienes son los amigos de verdad. Y sobre todo, los más eficientes.

Valdomicer dijo...

Supongo que cuando aceptó el cargo ya dio por descontado que le iba a suceder eso. No en vano los ministros se eligen entre los menos tontos del partido.
O no.

Ellyllon dijo...

Cómo me encantan estas crónicas.

Me acercan cada vez más a un mundo que desconozco totalmente. La política.

Un besico
Elly

Tita dijo...

Los romanos eran muy listos, y no deberíamos cambiar aquello que funciona o que se consideró como útil

Me refiero a lo de recordarles que son humanos, quesquehay que ver, se les pone una mirada rápido que asusta (justo antes de las ojeras, del no dormir y de perder el contacto con la realidad real, en todos los sentidos)

Me apena pensar en tantos amigos multiplicados por tantos ministros de la última hornada ¡ay!

Besos

La de la tiza dijo...

Valdo: eso espero, al menos.
Elly: gracias guapa, ¿que tal la nena?
Tita: don Vale viene de serie con la ojera puesta, eso que se ahorra.