martes, 17 de noviembre de 2009

El violinista ruso de Sol


El metro de Madrid es un mundo subterráneo que se mueve en paralelo al de superficie. Por sus arterias se desplazan a diario cientos de miles de personas, un millón quizás. La estación de Sol, cruce de líneas y una de las más antiguas de la red, es como el epicentro del tráfico ciudadano, por donde pasa la vida de la ciudad. La vida real, que nada tiene que ver con la que aparece a diario en la prensa.

Si te paras un rato en el vestíbulo central acabas sintiendo vértigo por el runrun incesante de personas que corren de un lado para otro, de una línea a otra, del metro a la calle, de la calle al metro. Gentes de toda edad, procedencia y condición, jóvenes, mayores, niños, mujeres, hombres, blancos, negros, mestizos. Las cien nacionalidades distintas que pueblan Madrid pasan o han pasado en algún momento por aquí.

Cada mañana, muy temprano, observo a una pareja que ha hecho suyo un rincón del pasillo que desemboca en el vestíbulo inferior. Los dos han sobrepasado hace tiempo la sesentena. Ocupan sillas plegables. Él toca el violín y ella pasa las páginas de la partitura. Hay días que observa, pienso que amorosamente, los movimientos del hombre. Otros, asiste a la interpretación con aire ausente. En ocasiones, las notas del violín suenan con una dulzura emocionante. A veces, desprenden la sensación de un cansancio incurable.

Cuando no los encuentro, me desazono. Quizá hayan elegido otro lugar o lleguen más tarde pero yo temo que les haya ocurrido algo. Algo irremediable. Que no volveré a encontrarles.

Los imagino eslavos, rusos acaso. Pienso que él perteneció a una orquesta oficial de las que tanto abundaron en los países del área de influencia soviética. La llegada del sistema capitalista acabó con aquellas estructuras culturales alimentadas con presupuestos estatales. Grandes músicos, bailarines consagrados – incluídos los del mítico Bolshoi – se quedaron sin trabajo. Literalmente en la calle.

Algunos encontraron empleo en cabarets o salas de variedades que han proliferado en la nueva Rusia, la de las grandes fortunas. Otros emigraron hacia el oeste esperando reconocimiento a su valía. Es frecuente encontrarlos en las calles de las grandes ciudades, como Madrid. Me gusta fotografiar sus actuaciones al aire libre. Muy pocos han conseguido revalidar su crédito, otros muchos talentos se han perdido en el camino.

Imagino que la pareja de la estación de Sol es uno de estos talentos perdidos. Tienen aspecto desvalido, como de precariedad irremediable. Delante de ambos, una pequeña caja invita a depositar alguna moneda. Cada mañana paso a su lado, yo también apresurada. Me gustaría preguntarles por su vida pero no me atrevo a invadir su intimidad. Me limito a sonreirles para agradecer su presencia y la hermosura de su música.

7 comentarios:

Cruela dijo...

qué post tan bonito
Te pasa como a mí siempre me da mucha pena ver a gente tan desvalidos en los pasillos del metro y no puedo imaginar que no todos son Barichnikov ....
en mi barrio se pasean una vieja con su hija que se ve tiene un retraso... ya son muy mayores ambos y nunca puedo dejar de pensar en qué pasará cuando ella faltará
Besos

La de la tiza dijo...

Cruela: no sólo es la impresión de abandono y derrota lo que me conmueve. También pienso en que hay personas para quienes la vida juega en campo contrario.
Les toca el lado equivocado en el espacio y en el tiempo y eso no hay quien lo arregle...

Parmenio dijo...

Hola, no sé quien eres, nunca había entrado en ub blog de estos, pero pienso exactamente lo mismo que tú respecto a esa pareja del violín en Sol.
Hace mucho que no los veo, desde antes de Navidad. Siempre les doy dinero, pero nunca les hablo, no sé que decir, me da vergüenza. ¿Les habrá pasado ese algo irremediable?. Yo los veía sobre las 8 de la mañana, pero ya no están. ¿Sabes algo?

La de la tiza dijo...

Parmenio: el blog es un mundo misterioso, donde es posible encuentros insospechados. Más o menos, como el metro de Madrid.
Yo veía a la pareja hacia las 8,30 y hace días que no los veo porque estoy de vacaciones. Espero encontrarlos de nuevo pero su presencia me inspira un sentimiento extraño, pienso en su fragilidad, la probable lejanía de su país, de su gente...
Como tu, no sé qué decir, me da verguenza mi condición privilegiada.

Parmenio dijo...

Gracias por contestar. Hoy tampoco estaban. Es una pena que, posiblemente, una curiosa historia de vida se pierda.
Si los vuelves a ver dímelo, por favor.
Que disfrutes las vacaciones si todavía te quedan. Un saludo.

Anónimo dijo...

Hola amigos, realmente no nos conocemos.... Pero esta maravillosa pareja nos ha conmovido de igual manera a todos nosotros.
Simplemente os escribo porque quería compartir con vosotros el que estoy escribiendo una obra de teatro que se llama "La violinista de Sol" y, sí, es la mujer de esta pareja que nos emociona por las mañanas.
Para vuestra tranquilidad, sabed que hoy mismo me he cruzado con ellos y siguen igual, atrapados en el tiempo, en su burbuja...

Anónimo dijo...

Yo los veo cada mañana, hace 20 minutos que me han vuelto a alegrar el día!me encantan!