lunes, 9 de noviembre de 2009

Y tú, ¿Dónde estabas?


Esa es la pregunta inevitable. ¿Dónde estabas cuando cayó el muro de Berlín? Los que dicen que veinte años no es nada, no saben de lo que hablan. Veinte años puede ser media vida o un tercio de la propia existencia.

Hace veinte años yo estaba enamorándome. Enamorándome perdiditamente como nunca creí que pudiera ocurrir fuera de la literatura. Por entonces, había tenido varios rolletes y algún novio formal. Me habían declarado amor eterno y, de lo que recuerdo, debía de haber contestado que yo también, que es lo que se contesta en estos casos. La experiencia ya me había permitido constatar que del dicho al hecho, hay un buen trecho. O sea, era una excéptica en materia amorosa. Sospechaba yo que el amor era un sentimiento literario ajeno a la vida. Una cosa, no necesariamente real, que imaginan y narran los escritores para deleite de la afición.

Lo de entonces, sin embargo, iba en serio. Estaba enamorándome, situacion de enajenación transitoria en la que un@ no es capaz de discernir con propiedad lo que sucede alrededor.

Bueno, pues a pesar de mi estado de enajenación, recuerdo nítidamente haberme percatado de que aquello iba en serio, que esta vez sí, el mundo estaba cambiando. Recuerdo también que pensé que aquellas imágenes, que tan feliz parecían hacer a todo el mundo, tenían una parte oscura.

Me acordé una vez más de Polonia y de los sindicalistas de Solidaridad, financiados con dinero de la iglesia católica y de los americanos, que siempre me han parecido unos meapilas y gente de poco fiar.

Me acordé también de un amigo de adolescencia, un chico alemán que había perdido a su hermano cuando, en compañía de otros amigos, intentó atravesar aquel muro de protección antifascista, como los comunistas llamaban al paredón que los no comunistas llamaban de la vergüenza.

Ni entonces ni ahora me gustaba Erich Honecker, el presidente de la República Democrática Alemana, y su sucesor, recién llegado al cargo, Egon Krenz, como ni entonces ni ahora me han gustado Ronald Reagan, el presidente americano que había dejado la Casa Blanca a primeros de ese año, ni su sucesor, Georg Bush Primero.

Me enteré de la apertura del muro al día siguiente de la noche en que ocurrió. Me alegré justamente por lo que tenía de apertura. Pero recuerdo que algo me chirrió por dentro. Algo parecido a una falta de sincronía, de equilibrio. Pensé en lo difícil que resulta que caigan los muros de este lado.

Ayer, coincidiendo con los fastos que conmemoran el inicio de la caida del bloque comunista, leí las declaraciones del nuevo secretario general del partido comunista español. Se llama José Luis Centella, y sostiene que “mientras haya personas que mueren de hambre o de una enfermedad tratable, hablar de comunismo será el presente y el futuro” y que “el Partido Comunista de España no tiene que avergonzarse de su heroico pasado”.

He pensado en cuántos comunistas honrados han dado su vida luchando por un mundo más justo, más libre y más equilibrado.

Cuando el muro cayó pensé que, esta vez sí, el mundo estaba cambiando y que no estaba segura de que todo fuera para mejor.

2 comentarios:

Cruela dijo...

Pues yo también recuerdo perfectamente dónde estaba y con quien... estaba en casa de mis padres lo cual me lleva a pensar que ocurrió un fin de semana... porque por aquel entonces ya me había independizado y trabajaba... mi abuela también estaba y recuerdo que miró el reportaje con recelo ya que ella que sufrió dos invasiones teutonas no estaba dispuesta a aguantar otro ejército y tenerlos separados era una buena forma de evitarlo... lo más cojonudo es que tenía por aquel entonces 80 años y que 20 años más tarde sigue con nosotros con un siglo de vida bien vivida... era como un efecto OBAMA con 20 años de antelación, depositamos en la caída del muro un montón de ilusión como una nueva era del acuario... pero 20 años después poco cambió, el enemigo se nos ha hecho islamita radical y da más miedo que un grupo del KGB tocando un polka...
qué será de nosotros dentro de otro 20?¿... da pavor pensarlo
Besos

La de la tiza dijo...

Cruela: no se me había ocurrido pensar en los 20 futuros. Pero hoy, justamente, estaba leyendo un poema de Cavafis que dice: Pues los dioses perciben los hechos futuros; los hombres, los ya ocurridos; los sabios, los que se aproximan.
Como no soy ni diosa ni sabia, me da igual. Sólo espero no estar muy deteriorada o no estar.