viernes, 13 de noviembre de 2009

Lucrecia Pérez Matos


Hay fechas que duelen. Hoy se cumplen diecisiete años de la muerte de Lucrecia Pérez Matos. Tú dirás, ¿Quién fue Lucrecia? ¿Cómo murió? Te contesto: Lucrecia fue una mujer pobre, inmigrante y negra. Y esa trinidad responde a todas las preguntas. Porque en toda su vida no fue otra cosa que una mujer, negra y pobre. Nació en la República Dominicana que no visitan los turistas y allí malvivió hasta que a los 33 años alguien le animó a emigrar a España. En Vicente Noble, su pueblo, dejó marido y una hija pequeña, que se llamaba Kenia. Vino a buscar una vida mejor para ella y para los suyos.

Trasplantada de un día para otro del subdesarrollo a la sociedad del despilfarro, tuvo dificultades de adaptación. Además, era tímida y algo apocada. Encontró trabajo como asistenta y fue despedida antes de cumplirse el mes porque no sabía poner una lavadora. Sin casa ni dinero, buscó refugió en la vieja discoteca Four Roses, al borde de la autovía N-VI, convertida entonces en un local desvencijado y en ruinas. Otros compatriotas le acompañaban. El año 1992 estaba a punto de sacar su última hoja de calendario.

España, que siempre había sido país de emigrantes, se estrenaba como país de acogida. Con los primeros inmigrantes aparecieron también las primeras expresiones de racismo. Algunas autoridades locales miraron con simpatía, cuando no ampararon, aquellos brotes racistas iniciales. Las emigrantes dominicanas se emplearon en su mayoría en la zona de Pozuelo y Aravaca, donde sus reuniones ruidosas empezaron a levantar protestas. “Hay que limpiar la zona de negros”, decían algunas pintadas en las paredes de Aravaca, sin que nadie se diera por aludido.

La impunidad dio alas a los fascistas. Y un día pasaron de las palabras a los hechos. Después de una tarde de copas, una panda de descerebrados quiso dar un escarmiento a los desharrapados del Four Roses. Iban armados, los dirigía un guardia civil. Dispararon a discreción. Mataron a Lucrecia e hirieron a un compatriota suyo.

Aquella noche, yo cenaba con un grupo de amigos. Nos preocupaban los incidentes de Aravaca y buscábamos cómo desactivar aquellas reacciones claramente xenófobas a las que el ayuntamiento, presidido por José Mª Álvarez del Manzano, se empeñaba en restar importancia. La primera versión oficial apuntaba hacia un posible ajuste de cuentas, basada en el hecho de que el herido hubiera sido policía en República Dominicana. Unos días después, fueron detenidos los autores del crimen. Eran españolitos fuera de sospecha. Siempre he pensado que en el terrible trance de ser víctima o asesino, a los españoles nos tocó el triste papel de asesinos.

Lucrecia fue la primera víctima del racismo y la insensatez de un país recién salido del subdesarrollo sin haber aprendido del todo la lección. Hos se cumplen diecisiete años de su asesinato. Murió por ser mujer, pobre y negra.